La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Cardenal Rouco alerta de que el aborto en España ha aumentado «de una forma dramática”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer una Vigilia de oración por la Vida en la Catedral de la Almudena. La celebración estuvo concelebrada por el Obispo Auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez, y el Delegado Episcopal de Familia, Fernando Simón.  roucomisa2_270x250

En su homilía, el Cardenal recordó que “celebramos la solemnidad de la Anunciación de Nuestra Señora con la intención de orar, pedir, dejarse iluminar por la palabra de Dios y dejarse fortalecer para ser testigos del Evangelio de la vida”. En este sentido, subrayó que “es providencial” este año en el que la celebración tiene lugar en tiempo de Pascua porque la anunciación “es el comienzo de una obra que tiene como fin la promoción de una vida que al final del recorrido de cada uno y de la humanidad es gozar de la vida misma de Dios”. Y es una historia que “Jesús no lo logró como algo personal o individual sino como cabeza de la humanidad”.

Para el Cardenal, con Adán viene el pecado y sin éste “no hubiera habido muerte”. “La victoria de la vida del alma y el cuerpo en unidad indestructible la ha conseguido aquel niño cuando dice sí, el sí de aquella mujer, de gran amor, insuperable, nos trae el autor de una vida que no va a tener fin”.

“En una época en que no se relaciona bien la causa de la muerte del alma y del cuerpo, no se tiene miedo a matar el cuerpo porque esas almas de los que lo hacen ya están muertas”, exclamó. “Si ha habido un siglo donde se ha matado de forma horrorosa ha sido el siglo pasado por que se había matado a Dios mismo.  Se mata al hombre en su realidad física, psíquica y espiritual… Millones de seres humanos… En esa historia comienzan a matarse a los inocentes, no se les deja nacer, se les niega la vida y mueren”, advirtió. Afirmó que “la terrible experiencia de una guerra atroz había llegado a todos los rincones del planeta” y cambiaría al hombre y las sociedades. “En los años 70 se inicia la legislación pro-abortiva, legalizadora del aborto prácticamente en todo el mundo”, también “donde se negaban las libertades más elementales” desde 1917. Y añadió: “ese curso de la vida no ha parado, en España tampoco se ha acabado”, incluso, matizó que en los últimos años ha aumentado “de una forma dramática”.

Pero, “lo peor no es tanto el hecho mismo de los casi dos millones de niños a los que no se ha dejado nacer en España entre 1985 sino que se ha perdido la conciencia de que eso es un atentando contra la muerte del alma, porque lleva consigo la muerte del hombre mismo”. Y citó a Julián Marías, para quien “la tragedia más grave de la sociedad europea del siglo XX había sido el reconocimiento social del aborto”. “No hay salidas de las crisis si no nos convertimos de ese gran pecado contra la justicia gravísima, y contra la caridad mucho más”.

El Cardenal pidió que no dejemos “de hablar ni de anunciar ese gravísimo pecado contra la vida que está sucediendo todos los días” y de “avisar también de las consecuencias que este tipo de conducta colectiva produce. Y toca ser promotores eficaces del derecho y el bien a la vida de los inocentes, los que vienen, los que viven en él”.

Dijo también que “no queda otra solución que orar” y “pedirle al Señor que nos de la luz, valentía y fuerza apostólica para ser testigos del evangelio de la vida”. “Es parte esencial de la nueva evangelización y la aceptación y comprensión del año de la fe”, afirmó y concluyó invitando a que hay conversión y “no se niegue el Evangelio de la vida y se rechace la cultura de la muerte”.