La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
AL TOMAR POSESIÓN DE LA CATEDRAL DE ROMA

El Papa Francisco destaca la paciencia de Dios y la valentía necesaria para volver a Él “sea cual fuere el pecado cometido”

san-juan-letranEl Papa Francisco ha tomado posesión de la catedral de Roma, San Juan de Letrán, de la que es el itular como obispo de la diócesis. El templo es el primeo y más antiguo de las cuatro basílicas pontificias, junto con San Pedro, Santa María la Mayor y San Pablo extra muros. Todas ellas extraterritoriales, o sea bajo la jurisdicción del Vaticano.

Poco antes del inicio de la ceremonia, el Papa participó junto al alcalde de Roma, Gianni Alemanno, a la titulación de la ‘Plaza Juan Pablo II’ el área contigua a la basílica que contiene uno de los varios obeliscos egipcios de la capital italiana.

Cuando Francisco entró en la catedral romana con el bastón pastoral y la mitra, el coro entonó con vigor ‘Aclamad al Señor en la Tierra’, dando así inicio a la ceremonia de toma de posesión y a la sucesiva liturgia durante la cual, el cardenal Vallini, se dirigó al Pontfice diciéndole: “La santa Iglesia hoy exulta de alegría en el Señor al acoger a su obispo, el sucesor del apóstol Pedro que toma posesión de su cátedra. Este es el lugar elegido y bendecido en el cual -con fidelidad durante el correr de lo siglos- la roca sobre la cual está fundada la Iglesia confirma en la verdad de la fe a todos los hermanos”.

En la homilíade la Misa presidida por empapa, Francisco recordó la misericordia y paciencia de Dios y cómo «Jesús no abandonó al terco Tomás en su incredulidad», quien quería ver y meter su mano en la señal de los clavos y del costado. ¿Cuál es la reacción de Jesús? se preguntó el papa, y respondió: ¡La paciencia!

Y a Pedro, que tres veces renegó a Jesús, con paciencia, sin palabras, le dice: “Pedro, no tengas miedo de tu debilidad, confía en mí”. Recordó también la parábola del Padre misericordioso, que abraza al hijo pródigo con ternura, la ternura de Dios, sin una palabra de reproche. Y a Adán que después del pecado sintió vergüenza, y como Jesús quedó desnudo por nosotros, y cargó con la vergüenza de Adán.

Por ello, concluyó el papa, “la paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a Él, sea cual sea el error, sea cual sea el pecado que se haya cometido en la vida”. Y como Tomás “también nosotros podemos entrar en las llagas de Jesús, podemos tocarlo realmente; y esto ocurre cada vez que recibimos los sacramentos”. Finalmente invitó a entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: “Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre”.