La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los caminos de los Che

Miguel A espino Perigault. Analista Político Internacional (Panamá).- Quizá no resulta tan casual que el nuevo Papa,  Francisco, haya sido escogido desde “el fin del mundo”, como calificó él mismo a su lejana Argentina. También, el cardenal Jorge Bergoglio, estuvo cerca de ser  elegido    durante el anterior cónclave, cuando fue escogido  Benedicto 16.   Entonces fue el segundo más votado. ¿Una señal divina  de lo que vendría después?  MiguelAperigault

Tampoco encaja  el  escogimiento del cardenal Bergoglio   en ninguna de las muy difundidas profecías  apocalípticas previas al cónclave. Salvo, quizá, lo de proceder  “del fin del mundo”; mencionado, coincidencialmente,   como referencia geográfica, no profética. ¿O, si?

El cardenal Bergoglio ha cautivado al mundo  con  su espiritualidad,  sencillez y humildad. Su llamamiento apunta a detener y corregir la desertificación  de una tierra calcinada      por la falta de fe, la desesperanza y el odio.

El Papa anunció, desde  el primer momento,    que “empezaba un camino; un camino de fraternidad, de amor, de confianza entere nosotros”. Y nos pidió que “Recemos por nosotros,  el uno por el otro. Recemos por todo el mundo,  para que haya una gran fraternidad”.

En el mensaje del Papa Francisco resuenan   el tono cósmico de San Francisco de Asís y el  misionero de San Francisco Javier, de su querida Compañía de Jesús.

Este camino del Papa no lo reconoce ni lo  recorre el mundo que se considera  moderno, que  deambula  desorientado  por el relativismo y el  materialismo. Para  ellos, caminantes sin rumbo,       Antonio Machado, poetizó  su andar sin destino: “Caminante, son  tus huellas  el camino y nada más…no hay camino,  se hace camino al andar”.

Y, como paradigma de esa realidad negativa y desorientadora resurge de entre las sombras   un olvidado  personaje  de la historia contemporánea,  venido del fin del mundo, como el Papa; también, argentino, como el Papa,  y a quien   el filósofo existencialista J. P. Sartre calificó  “como el hombre más completo de nuestra era”: Ernesto Guevara, “El Che”.

Guevara, médico, era contemporáneo del químico y sacerdote jesuita, Jorge Mario Bergoglio, Che Jorge para sus amigos. Aquel   hacía su camino andando por casi todo el continente, incluido nuestro país. Iba, siempre,   en busca de hacer realidad sus sueños revolucionarios. Alcanzó  su plenitud como el símbolo de la triunfante revolución cubana, liderada por  Fidel Castro.

Pero el Che iba siempre solo,  siguiendo sus propias huellas y haciendo su camino al andar, porque, contrario al sacerdote Bergoglio, nunca reconoció  a Jesús, quien  sale siempre al encuentro de los caminantes para ser reconocido como     “el camino, la verdead y la vida”.

El Che Guevara murió en  l967, ejecutado en Bolivia, en donde dirigía un movimiento guerrillero. Tenía 39 años. Dos años después,   con 33  de edad, El joven  Jorge Bergoglio era ordenado sacerdote jesuita.

Pero, la imagen del Che Guevara crecía con el tiempo, para alentar los sueños revolucionarios de  jóvenes del siglo veinte y del actual. Pero, ahora como  una revolución ideológica y cultural.

Para  Álvaro Vargas Llosa, el Che era un hombre que  “estaba enamorado de su propia muerte; pero estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás”. Hizo del odio la motivación principal de su vida y de su actuar político. Estas palabras suyas sobre un revolucionario, lo  presentan: “…El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que inspira más allá de las limitaciones del ser humano, y lo convierten una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar”.

Después del fracaso de las luchas revolucionarias armadas, el Che y su legado político de odio,  nutren a la “Cultura de la Muerte”, denunciada por la iglesia, defensora de la “Cultura de la Vida”.  Es aquella el enemigo a vencer. Una confrontación entre el bien y el mal,  el odio y el amor, la mentira y la verdad.

¿Habría profetizado este choque de culturas el poeta  hindú, Rudyard Kipling,  cuando escribió:
“… no existen ni este ni oeste, ni frontera, ni raza, ni origen, cuando dos fuertes hombres se plantan frente a frente,             aunque vengan  del fin del mundo!”?
Así se han plantado, frente a la iglesia de Cristo,    las ateas fuerzas  anticristianas del mal.

El Papa Francisco nos recuerda que “Cristo ha vencido el mal de modo pleno y definitivo; pero nos corresponde  a nosotros los hombres de todos los tiempos proteger esta victoria en nuestra vida y en las realidades concretas de la historia y de la sociedad”.