La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Corea: algo más que una guerra de nervios

La tensión en la península de Corea, vestigio de la segunda guerra mundial, ha sido permanente desde el armisticio de 1953, fecha desde la cual se han desarrollado dos modelos opuestos de economía: el centralismo comunista armado hasta los dientes, con el apoyo de sus poderosos vecinos ideológicos pero que lo han condenado a una hambruna casi permanente, y el liberal-industrial del sur, que con ayuda de Estados Unidos se ha convertido en un espejo de desarrollo económico insoportable para sus vecinos norteños.

De alguna forma el poder de las armas, incluidas las atómicas, viene enfrentándose desde hace más de sesenta años al poder de la libertad y la democracia, como si nada hubiese ocurrido en el mundo, especialmente tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del comunismo como modelo de todo un bloque de naciones. Aunque de momento estamos ante un escenario de guerra de nervios, lo cierto es que por anacrónica que sea esta nueva tensión internacional, la ruptura del frágil armisticio anunciada por el Norte trae al primer plano de la actualidad la amenaza de una guerra nuclear que desbordaría las lejanas fronteras de las dos Coreas y podría provocar una crisis mundial que dejaría en mantillas la que actualmente conocemos. En manos de China, el último garante y tutor del tragicómico régimen norcoreano, está cancelar esta amenaza. Buena ocasión para que Pequín demuestre si empieza a ser un socio fiable de la comunidad internacional