La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cardenal Rouco: «Nadie nos puede arrebatar la alegría de la Pascua»

En su alocución en el informativo diocesano de COPE, en el domingo de Resurrección, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, afirmó que “hoy es un día de gran alegría. Alegría que nadie ni nunca nos podrán arrebatar: ¡Jesucristo, el Señor, ha resucitado! Desde este primer Domingo jubiloso de la historia, todos los demás domingos de todos y de cualquier año no podrán por menos de recordarnos que la Resurrección de Jesucristo permanece viva y activa en el discurrir de la vida de cada hombre que viene a este mundo y, aún, de la entera humanidad”. “La victoria del Creador ha quedado definitiva e irreversiblemente sellada en aquel primer día de la semana judía, cuando Jesús de Nazareth, el gran −y para la comprensión mundana− el inexplicable Profeta de Galilea, crucificado ignominiosamente y sepultado, resucita de entre los muertos”.   Cardenal Antonio Mª Rouco Varela

“El Amor de Dios, siempre más grande y desbordante de misericordia, se nos da en ese Hijo Único que no considera que sea indigno del amor de Dios el rebajarse, hacerse hombre y morir en la Cruz por ese hombre que le ha abandonado, roto con él, incluso, traicionado tantas veces desde los albores mismos de su historia. La búsqueda de ese hombre perdido, que se resiste a la fe, por parte de Dios, se hace espiritualmente visible y constatable en esa historia sagrada del Pueblo de la Antigua Alianza, que en la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual se va desgranando como la historia de una ternura divina que no conoce límites. Se trata de librar al hombre del abismo del pecado y de la muerte eterna, al hombre creado por amor a imagen y semejanza de Dios. Dios se dispone a pagar el precio de la Encarnación del Hijo amado desde toda la eternidad y de su muerte ignominiosa en la Cruz: ¡su amor se ha desbordado en un inmenso torrente de misericordia! Su amor, ¡el Amor!, ha triunfado el Domingo de Resurrección”.

“Hoy ha triunfado para nosotros, los que vivimos y caminamos en esta hora y en estas circunstancias de una humanidad tan agitada y agobiada por los golpes materiales y espirituales de una crisis, a la que cuesta comprender y ver el fin y, más aún, el superarla y vencerla en su raíz”, afirmó. Y se preguntó si no nos estaremos resistiendo a creer en Dios. “La salida de nuestras crisis personales −¡pueden ser tantas y tan variadas!− y de la crisis general que nos envuelve no se logrará del todo y a fondo si no nos abrimos al anuncio de la verdad de Jesucristo Crucificado y Resucitado”, aseguró.

“Si nunca un cristiano −y menos la Iglesia− pueden dejarse escapar los frutos de gracia y de santidad de una Pascua de Resurrección −frutos y cosecha de la auténtica alegría−, menos en este tiempo de un Año de la Fe y de respuesta fiel y entregada a la llamada del papa que la convocó, Benedicto XVI, y del Papa Francisco que nos continúa alentando en su vivencia eclesial y en su configuración espiritual y pastoral como un gran compromiso y empeño misioneros. La ‘Misión-Madrid’ habrá pues de mostrarse en las próximas semanas del nuevo tiempo pascual en la forma de un gran testimonio público y privado de que Jesucristo ha resucitado, de que ha llegado la hora de la salvación y de la alegría para todos: los que están cerca y los que están lejos de nosotros”.

“Demos una parte en la victoria de Cristo Resucitado a todos nuestros hermanos de Madrid: a los alejados de Dios y de su Iglesia, a los que sufren las decepciones y las heridas del corazón y del alma, a los que padecen enfermedad, soledad, ancianidad, a los que han perdido su puesto de trabajo o no lo encuentran, a los jóvenes y a los niños, las víctimas primordiales de la crisis moral de los matrimonios y de las familias: ¡los primeros en ser sacrificados tantas veces en aras de una comodidad egoísta, a la que se disfraza de mil argumentos falaces, es decir, sin justificación verdadera! Démosles parte en nuestra gozosa y jubilosa alegría pascual, ofreciéndoles al menos un poco de ese mucho e infinito amor que nos ha sido donado para siempre, victoriosamente, el Domingo de la Resurrección del Señor”.

Concluyó manifestando su deseo de “una santa, gozosa y feliz Pascua de Resurrección para todos los madrileños”.