La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Polémica en Francia y Reino Unido ante las ayudas familiares

familia-hijos(1)El gobierno de François Hollande, obligado a una drástica disminución del gasto público, se está planteando cómo recortar las ayudas familiares, que hasta ahora se concedían por lo general en función del número de hijos, independientemente de los ingresos. Pero no será fácil llegar a acuerdos dentro del partido socialista, como tampoco con una oposición relativamente dividida. Desde luego, supondría una reforma radical, pues son muchos años ya, con gobiernos de distinto signo, en que la política familiar francesa ha sido de las más generosas de Europa. Era una de las razones de su alta tasa de natalidad.

Hasta ahora, buena parte de las prestaciones no tienen en cuenta la situación socioeconómica de las familias: cualquier hogar francés recibe 127 € por mes para dos niños; 290 para tres; 452 para cuatro, y 162 por cada hijo adicional. Además, esas asignaciones no están sometidas a tributación.

La propuesta de la posible reforma procede de Gerard Bapt, un diputado socialista que ha planteado, en el diario económico Les Echos (19 de marzo), dividir por dos esas ayudas a partir de los 53.000 € de ingresos para una pareja con dos hijos. Rompería un principio clásico, según el cual las “cajas” sociales aseguran contra las cargas adicionales que surgen en la vida real, cualquiera que sean las rentas de las personas.

Los subsidios familiares que en Francia han sido generalmente universales pasarían a depender de la renta familiar

Dentro del partido se insiste en el carácter personal de esa propuesta. No se olvida que Lionel Jospin tuvo que dar marcha atrás en 1998 en su proyecto de establecer un techo a las ayudas familiares. Pero, a la vez, las circunstancias actuales son muy distintas, y el gobierno necesita ahorrar 2.200 millones de euros en este campo. La posibilidad más barajada es suprimir la exención fiscal de que gozan ahora estas ayudas. Pero esta solución podría ser muy onerosa para las familias más modestas.

Otras medidas están en estudio. El ponente de la ley presupuestaria defiende una disminución del cociente familiar: el beneficio fiscal concedido por cada hijo adicional. Este beneficio supone casi doce mil millones por año para 7,5 millones de familias. El promedio es de 129 euros al mes por familia, pero alcanza 217 para el 10% de las más ricas.

Otra posibilidad, presentada por el Presidente del Tribunal de Cuentas, Didier Migaud, es la tributación de la pensión adicional concedida a los padres de más de tres hijos, que permite un aumento del 10% en la jubilación. Podría suponer unos 800 millones de euros.

Como era previsible, la oposición de UMP denuncia estos planes como un ataque contra el “pacto republicano”. Algunos miembros de UMP reprochan a los socialistas que vayan contra las clases medias y las familias y, sobre todo, que rompan el consenso de muchos años. La posición del grupo no es unánime, pero está abrumadoramente en contra.

Como recuerda en una entrevista en Le Monde el investigador Olivier Thévenon, especialista en políticas familiares, Francia es uno de los países de la OCDE que invierten más en la política familiar. Se estima que consagra del 4 al 6% del PIB, frente al 2,2% de media en otros países. A su juicio, las medidas que se barajan podrían penalizar a las parejas con dobles ingresos y llevar a las mujeres a dejar de trabajar temporalmente para cuidar de sus hijos.

En cualquier caso, según presenta la información La Croix del 19 de marzo, “la izquierda prepara a la opinión pública para una reducción de las ayudas familiares”, mientras se espera el informe del Consejo Superior de la familia, que presentará sus propuestas de reforma a comienzos de abril.

En el Reino Unido solo podrán disfrutar de la ayuda para el cuidado del hijo las familias donde ambos padres trabajen fuera de casa

Reino Unido: ¿política familiar o plan económico?
En Reino Unido, la polémica por el nuevo plan de ayudas familiares tiene unos actores y unos contenidos muy distintos. Pero parece que el motivo de descontento es el mismo.

Coincidiendo con la presentación del presupuesto de este año, el gobierno de coalición británico –formado por conservadores y liberal-demócratas– ha presentado un plan de ayudas familiares. Las ayudas se concretan en una bonificación fiscal de 1.200 libras anuales (1.406 euros) por hijo para dedicarla al cuidado del niño. Pero solo podrán solicitarlo aquellas familias en las que ambos padres trabajen fuera de casa y no ganen más de 150.000 libras anuales cada uno (175.259 euros). La iniciativa se extiende también a los padres solteros que están desempleados.

Quedan excluidas, en cambio, las familias en las que uno de los padres –normalmente las madres– se dedican al cuidado de los hijos y del hogar, bien por elección propia o por “exigencias del mercado”, y también los que, por los mismos motivos, eligen medias jornadas consideradas excesivamente breves por el gobierno para acceder a estas ayudas (menos de 16 horas semanales).

Así se llega a una paradoja que plantea Allison Pearson en The Telegraph: “El inexperto gobierno en asuntos domésticos y familiares ayuda con bonos por hijos a los padres que ganan conjuntamente hasta 300.000 libras anuales, mientras que deja en la estacada a la madre que trabaja tres días a la semana para pagar las lecciones de piano o los zapatos de su hijos. Genial, ¿no?”.

El anuncio del nuevo plan fue especialmente polémico por el desprecio al trabajo doméstico que dejaron entrever algunas declaraciones. Cuando le preguntaron al portavoz de Cameron por qué el gobierno excluía del sistema de ayudas a las madres que trabajan en casa, contestó que habían optado por centrarse en “aquellos que quieren trabajar duro y afrontar los altos costes de tener hijos”. No fue un lapsus aislado. El propio primer ministro insistió en que la coalición quería ayudar a los padres “que querían salir a trabajar”.

Este tipo de declaraciones hacen sospechar a Pearson que el plan del gobierno británico tiene bastante poco de “ayudas familiares”. “¿Qué puede entender nuestro gobierno, formado principalmente por hombres de clase alta, de los dilemas del mundo real que se producen en el cuidado de los niños? (…) Nuestra clase política está obsesionada con meter a las mujeres en el trabajo [remunerado] para hacerlas económicamente más productivas”.

En la misma línea, el columnista del Telegraph James Kirkup pide más claridad al gobierno de Cameron para que no presente como una política familiar lo que en realidad es un plan económico. “La coalición quiere más mujeres en el mercado de trabajo. (…). La gente que trabaja [fuera de casa] crea y produce cosas de valor financiero, y reciben un sueldo que gastan (por ejemplo, en cuidado de niños). Todo esto es actividad económica, y las estadísticas lo traducen en crecimiento para el PIB”.

Y concluye: “Los ministros quieren que haya más mujeres que trabajen [fuera de casa], y menos que se queden en casa cuidando de sus hijos. Pues deberían decirlo, clara y abiertamente”.