La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Ada Colau, la escracher montonera sin ley

magdalenadelamoMagdalena del Amo, periodista.- Confieso que cuando supe de ella me causó una impresión favorable. La vi como una especie de símbolo de la burbuja del hartazgo que al fin había explosionado y lanzaba metralla a diestro y siniestro y una onda expansiva que iba in crescendo y afectaba a cuantos vampiros sociales se cebaban con los más desgraciados o los que habían sido afectados por la maldición del desempleo, corredor de la muerte hacia el desahucio y la indigencia.

Esta mujer de hablar compulsivo y acelerado, que había irrumpido en los medios de comunicación de la noche a la mañana con propuestas bastante razonables, era la presidenta de la Plataforma de los Afectados por la Hipoteca (PAH), Ada Colau. Ella canalizaba el descontento de una masa social que pedía soluciones a un Gobierno que hacía la vista gorda mientras entregaba miles de millones a los banqueros que se iban quedando con sus casas a medio pagar. Y como esta sociedad nuestra está ávida de héroes, la calle y los platós convirtieron a esta salvadora del momento en una supernova estrella televisiva.

Empezamos a ver las camisas verdes por todas partes; y con ellas los insultos e improperios. Lo de llamar criminal a un representante de la banca en la Comisión de Economía fue solo el comienzo de una pendiente resbaladiza que conduce al caos y al despropósito. La aceptación de la Iniciativa Legislativa Parlamentaria (ILP) en el Congreso, a las pocas horas del suicidio del matrimonio de Palma de Mallorca, envalentonó aún más a estos escrachers montoneros sin ley, que se consideran con derecho de pernada e incluso con licencia para matar; y cada vez con más seguidores, pues la situación, lejos de mejorar, empeora; y lo que te rondaré, morena, por mucho que los Aliertas de turno nos quieran seducir con eso de la esperanza.

Esta es una de las caras de la moneda. La otra está grabada con el troquel de los inspiradores de estos colectivos antisistema. Son los banqueros y, sobre todo, los políticos. No es ni ético ni estético que mientras colectivos de todo pelo se lanzan a la calle en demanda de más empleo y mayor justicia social, nuestros políticos estén protagonizando las tramas de corrupción más deshonrosas de la democracia. Que un día sí y otro también salgan a la luz nuevos casos que van engrosando la lista de imputados, deja poco lugar para la esperanza y mucho para el desencanto. Los de un lado y los del otro. Gurtel, Bárcenas, EREs de Andalucía, Pokemon, Carioca, Campeón, Palau, Pujol, Método 3, asunto Corinna, Noos, el Rey, en fin, para qué seguir. Es un asco total y urge una regeneración. Pero no a través de leyes de transparencia propuestas por los mismos que protagonizan el desaguisado.

Ahora bien, que el Gobierno no despierte simpatías, o no cubra las expectativas de muchos de sus votantes, no le da derecho a la señora Colau a ir contra la ley, persiguiendo y acosando a políticos por medio del escrache, método que consiste en la marcha hacia el domicilio del perseguido –en general un criminal impune, aunque en este caso, el perseguido es la víctima— y empapelar el entorno con su foto para conseguir el oprobio público. Lo que hicieron con González Pons hace unos días es una vergüenza. Los pobres hijos del portavoz, oyendo desde dentro de casa  cómo llamaban asesino a su padre es un atentado en toda regla, contra la infancia, cuando menos. Solo falta que el Ministerio del Interior actúe y que la policía en medio de la refriega cometa alguna torpeza, incluso en defensa propia, y ya tenemos el mártir de la causa, al que la prensa laicista santificará sin dilación y saltándose el requisito de la Positio supervirtutibus.

Retiro mi simpatía a Ada Colau por su sed de protagonismo, su adicción a la adrenalina, su actitud  fundamentalista, su manipulación de datos, y por hurgar en el sistema emocional de los desahuciados y hacer aflorar su componente más primitivo y reptiliano. Así no se arreglan las cosas entre personas civilizadas. El derecho de manifestación está garantizado en la Constitución, pero los insultos, el acoso y otros tipos de violencia, sean contra políticos, instituciones o las fuerzan del orden, no deben quedar impunes.

Dicho lo cual, la clase dirigente debe recordar que los imperios empiezan a desmoronarse  por el vértice de la pirámide. El estado de corrupción de las cúpulas,  mientras aumenta el paro y la gente se queda sin medios para vivir, ha traído siempre las revoluciones, las sangrientas y las silenciosas, como también el florecimiento de estas pandas de camisas verdes que no entienden de democracia y que son utilizados, dirigidos y manipulados por los expertos en la creación del caos. “De esto, amigo Sancho, te podría contar tantos ejemplos que te cansara”, don Quijote, dixit.