La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Manuel Pizarro: “Sólo con un cambio de comportamiento radical podemos alcanzar la salida de la crisis”

La Catedral de Santa María La Real de la Almudena acogió ayer en la Catedral de la Almudena el Pregón de Semana Santa, que este año corrió a cargo de Manuel Pizarro. El acto estuvo presidido por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela.  manuelpizarro

 

Manuel Pizarro en su pregón recordó que la Pasión y Muerte que culmina con la Resurrección “es lo que celebramos en Semana Santa” y que se trata de “un hecho sociológico” pero también un “hecho tradicional”, en definitiva, “una valiente tradición colectiva, en la que se incardina la transmisión de la fe”. Y evocó a sus orígenes en Teruel, donde la Semana Santa forma parte de “nuestras vidas”.

Sobre la crisis que padecemos dijo que todas las preguntas “las vive Cristo en ese tiempo fuerte de la Semana Santa” pues “en la vida de Jesús de Nazaret es el período que le pone a prueba, se le acusa, se le procesa y se le crucifica”. “En un escenario de crisis generalizada con pérdida de valores, con fusión entre el bien y el mal y miles de personas sufriendo las consecuencias: parados, desahuciados, emigrantes forzosos… vivimos también tiempos fuertes, tiempos recios, como decía santa Teresa de Jesús, y nos acordamos de nuevo de Dios. En la abundancia nos habíamos olvidado de Él, nos habíamos acostumbrado a tirar las migajas a Lázaro, nos habíamos acostumbrado, como ha escrito el Papa Francisco al sufrimiento del prójimo, a mirar al otro lado. Ahora tiempo de necesitar a Dios”. Y es que “nuestra fe nos recuerda que todo en la vida es camino y sacrificio, superación de las tentaciones y distinguir entre el bien y el mal”.

“Hoy el hombre contemporáneo se ha alejado de la transcendencia y ha vuelto a creerse el rey de la creación”. A su juicio, dinero, fama o poder son “tentaciones rabiosamente modernas y que resumen los tres pecados de soberbia cometidos por la sociedad occidental”.

También se refirió a que “desde comedores sociales o centros de ayuda a los más desvalidos nos recuerdan que, aun cuando parece dormir, Dios está ahí. Como Cáritas, esa organización ejemplar con la que muchos de vosotros estáis comprometidos y que es genuina depositaria de la esencia del cristianismo, de amor y desvelo por el prójimo más necesitado, no sólo de bienes sino a la vez del bien de Dios”.

“Ahora caminamos por la senda crisis escarpada de la crisis económica. Las crisis aparecen cíclicamente. Ya estaban en el viejo como en el nuevo Testamento. Y en tantos episodios de la historia colectiva e individual de los hombres”. En este sentido, apuntó que “en la crisis actual que estamos viviendo aquí y ahora. Nos sentimos perdidos. En los tiempos fuertes debemos no sentirmos perdidos. En los tiempos fuertes que han seguido a una bonanza que creímos inacabable, debemos desandar los caminos de la adoración del becerro de oro, que nos han llevado por los territorios de la soberbia, el abuso, la pereza, la indolencia, la injusticia…” Y se preguntó: “¿Cómo va a haber beneficio si tantas cosas se han hecho mal? Cuando las cosas no se hacen como se debe, no hay beneficio posible”.

Consideró que “ahora, como en la Semana Santa, toca penitencia, sacrificio, purificación. Sólo con un cambio de comportamiento radical podemos alcanzar la salida de la crisis”. Así, aseguró que “sin penitencia, sin sacrificio, sin purificación, no hay salida”.

En cuanto a las causas, apuntó que “es una crisis causada por todos. Cuando hay una sociedad relativista, cuando hay una sociedad sin valores, las causas de la crisis se sitúan en un mal comportamiento de toda la sociedad”. Y añadió que para reencontrarnos, “los cristianos tenemos la suerte de tener el Evangelio y su aplicación a los problemas de hoy a través de la Doctrina social de la Iglesia”.

También se refirió a las autoridades “que no han ejercido su función y han olvidado su obligación de controlar para garantizar la justicia”, de financieros y empresarios que “han primado la búsqueda del beneficio por encima de todo”. Por tanto, “cuando gobiernos, banqueros, accionistas, auditores, empresas de rating y consumidores fallan, es que hay una sociedad enferma, sin valores, sin compromiso” y, para superarlo, “necesitamos construir sobre roca para asentar nuestras conductas en los buenos principios de siempre”.

Hizo alusión a los documentos de la Doctrina de la Iglesia, a la encíclica Populorum Progressio, de Pablo VI, a la Centesimus Annus, de Juan Pablo II, y a la Caritas in veritate de Benedicto XVI, que “plasman el compromiso y la preocupación de la Iglesia por el mundo contemporáneo y el funcionamiento de las instituciones, y la actitud que se espera del cristiano”.

Finalmente, dijo que “los graves problemas del hombre en el mundo actual van a tener respuesta en una renovación espiritual”. Y concluyó subrayando que con la llegada del Papa Francisco “iniciamos un tiempo de renovada esperanza”.