La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cordial encuentro del Papa con los delegados de ortodoxos, protestantes, judíos y musulmanes

1_0_675229En un encuentro muy cordial mantenido al final de la mañana con los Delegados de las Iglesias Ortodoxas, de la Iglesias Ortodoxas Orientales y de las Comunidades eclesiales de Occidente, el Obispo de Roma les alentó a testimoniar la verdad, la bondad y la belleza de Dios, reiterando el compromiso de la Iglesia católica en la promoción de la amistad y el respeto entre los pueblos, en la unidad de los Cristianos y el diálogo con los judíos, los musulmanes, con las otras tradiciones religiosas y con los que no pertenecen a ninguna religión.

«Queridos hermanos y hermanas, dijo- ante todo agradezco de corazón lo que mi hermano Andrés nos ha dicho ¡Muchas gracias!», dijo Francisco refiriéndose al Patriarca ortodoxo ecuménico, Bartolomé I, y con particular alegría, agradeciendo a todos su participación en la celebración que marcó el inicio de su ministerio como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro:

«Ayer por la mañana, durante la Santa Misa, a través de ustedes percibí espiritualmente presentes a las comunidades que representan. En esta manifestación de fe me pareció vivir de forma aún más apremiante la oración por la unidad de todos los creyentes en Cristo y al mismo tiempo ver de alguna manera prefigurada su realización plena, que depende del plan de Dios y de nuestra colaboración leal».
En particular, el Obispo de Roma, destacó el Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI y que él anhela impulsar». Mas adelante añadió:

«Inicio mi ministerio apostólico en este año que mi venerado predecesor, el Papa Benedicto XVI, con intuición verdaderamente inspirada, proclamó para la Iglesia católica como Año de la Fe. Con esta iniciativa, que deseo proseguir y espero que sea estímulo para el camino de fe de todos, él quiso conmemorar el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo como una peregrinación hacia lo que para todo cristiano representa lo esencial: la relación personal y transformadora con Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. Precisamente en el deseo de anunciar este tesoro perennemente válido de la fe a los hombres de nuestro tiempo, se encuentra el corazón del mensaje conciliar».

Tras evocar al Beato Papa Juan XXIII, el Obispo de Roma exhortó a los queridos hermanos y hermanas en Cristo a la unidad según el ruego de nuestro Salvador en la Última Cena, que todos sean uno. Pidiendo al Padre misericordioso vivir en plenitud la fe que recibimos como don en el día de nuestro Bautismo, testimoniándola de forma libre, gozosa y valiente:

«Éste será nuestro mejor servicio a la causa de la unidad entre los cristianos, un servicio de esperanza para un mundo marcado todavía por divisiones, contrastes y rivalidades. Cuanto más fieles seremos a la voluntad de Cristo, en nuestros pensamientos, palabras y obras, más avanzaremos real y substancialmente hacia la unidad».

Con los representantes del pueblo judío y musulmán

Luego, el Obispo de Roma se dirigió a los representantes del pueblo judío, reiterando el especial vínculo espiritual que nos une: «Gracias por su presencia y confío en que, con la ayuda del Altísimo, podremos seguir provechosamente ese diálogo fraterno que el Concilio anhelaba (Nostra aetate, n. 4) y que se ha realizado efectivamente, con abundantes frutos, especialmente durante las últimas décadas». Saludando después a los queridos amigos pertenecientes a otras tradiciones religiosas, Francisco empezó por los musulmanes:

«Saludo en primer lugar, a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y misericordioso y lo invocan en la oración y a todos ustedes. Aprecio su presencia: en ella veo un signo tangible de la voluntad de crecer en el respeto mutuo y la cooperación para el bien común de la humanidad. La Iglesia católica es consciente de la importancia de la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas. Esto es lo que quiero repetir: la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas».
Francisco concluyó sus palabras con una exhortación a impulsar la colaboración y el diálogo por el bien de toda la familia humana:

«Sabemos cuánta violencia ha producido en la historia reciente el intento de eliminar a Dios y lo divino del horizonte de la humanidad y percibimos el valor de testimoniar en nuestras sociedades la originaria apertura a la trascendencia que es inherente al corazón humano. En ello sentimos cercanos también a todos esos hombres y mujeres que, aun no reconociendo que pertenecen a alguna tradición religiosa, se sienten, sin embargo, en la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza, la verdad de – esta verdad: bondad y belleza – de Dios, y que son nuestros preciosos aliados en el compromiso en favor de la defensa de la dignidad del hombre, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la salvaguardia atenta de la Creación».

 

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