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El cardenal Rouco recuerda que la nueva evangelización “necesita savia joven para el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo a alejados e increyentes”

roucoEl próximo domingo, 17 de marzo, la Iglesia en Madrid celebrará el Día del Seminario, este año con el lema ‘Sé de quién me he fiado’. Con este motivo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hecho pública una carta en la que explica que la jornada es “un tiempo de gracia para dirigir nuestra atención hacia esa querida institución de la Iglesia diocesana en donde se forman los sacerdotes que la servirán en los próximos años. Más de doscientos seminaristas integran en este curso nuestros Seminarios diocesanos: el Conciliar y el misionero ‘Redemptoris Mater’. Una realidad fecunda y prometedora por la que no podemos dejar de dar gracias a Dios en todo momento, y de mostrarla nuestro afecto y solicitud. El ‘Día del Seminario’ es ocasión oportuna para conocer más de cerca esa realidad, sus logros, dificultades y proyectos, y, simultáneamente, revitalizar la responsabilidad de toda la comunidad diocesana en el fomento y cuidado de las vocaciones sacerdotales”.

Los seminaristas “son jóvenes de este tiempo, hijos de nuestras familias y miembros de nuestras parroquias o movimientos, marcados por los valores y contradicciones que presenta la cultura actual que se reflejan y repercuten en el proceso educativo. La gran mayoría, al acceder al Seminario, habían iniciado o finalizado estudios superiores; algunos, incluso, habían comenzado su vida profesional. Otros procedían del Seminario Menor”. Lo peculiar de todos ellos son “sus inquietudes y deseos de dejarlo todo por el Señor para entregarle la vida: el amor de Jesucristo les ha encontrado y fascinado, les ha elegido como colaboradores para la brega misionera y, en el diálogo de gracia que es el tiempo del Seminario, les dispone para transformarlos en signos sacramentales de su presencia”. Por eso, “es justo que, al dar las gracias a Dios por todos y cada uno de nuestros seminaristas, expresemos el afecto y la solidaridad cristianos a los futuros sacerdotes con la oración confiada ante el Señor y con la generosidad de la ayuda económica, haciendo efectiva la responsabilidad de toda la Iglesia diocesana en las múltiples necesidades de la formación sacerdotal”.

En este Año de la Fe, en el que la diócesis está viviendo la Misión Madrid, “para la predicación del Evangelio en el próximo futuro es clara la necesidad e importancia de los sacerdotes: de la santidad de sus vidas, de su entrega apostólica y del número suficiente dependerá, en cierta forma, la reciedumbre en la fe y el entusiasmo del testimonio de los cristianos. A pesar de contar con bastantes seminaristas, su número resulta insuficiente para las necesidades pastorales de una diócesis tan poblada y compleja como la de Madrid. Más aún si tenemos en cuenta la escasez y el envejecimiento progresivo de tantos presbiterios de Iglesias hermanas que pueden necesitar nuestra ayuda”. La nueva evangelización “necesita savia joven en la venerable tradición del presbiterio madrileño para el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo a alejados e increyentes”.

Es necesario “potenciar la pastoral vocacional tanto al sacerdocio ministerial como a la vida consagrada”, porque “la Iglesia necesita sacerdotes que sirvan generosamente a sus hermanos en la vivencia y sostenimiento de la fe”. “¡Queridos sacerdotes! No tengáis miedo a proponer abiertamente la vida sacerdotal a los jóvenes con la alegría y el ejemplo de vuestra vida entregada al Señor”, anima a las familias cristianas a pedir al Señor “que os conceda el don de un hijo sacerdote” y a estimar “esta vocación como un verdadero camino de felicidad y de realización de la mejor humanidad en el servicio al Señor y a los hermanos”, y a los catequistas y educadores cristianos a cultivar “la dimensión vocacional de la vida cristiana, enseñando la belleza de la entrega total en el seguimiento sacerdotal de Cristo”.

Concluye invitando a celebrar este Día “con sentimientos de gratitud y de solidaridad, dando las gracias a Dios por el don de nuestros seminaristas y encomendándolos al cuidado maternal de la Virgen Inmaculada, Reina de los Apóstoles”. Y a colaborar con la oración y “con una aportación generosa a los múltiples gastos de su formación”.