La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El cardenal Rouco desea que “que el nuevo sucesor de Pedro sea un constante, valiente e incansable servidor de la verdad por excelencia»

roucocope2En su alocución dominical, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, recordó que el  hoy martes “se inicia el cónclave en el que será elegido el nuevo Obispo de Roma, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia Universal”. Explicó que “la celebración de la Santa Misa por la elección del Sumo Pontífice en la Basílica de San Pedro será el comienzo del itinerario canónico y espiritual de la elección del nuevo Sumo Pontífice, del nuevo Pedro. No podría ser de otro modo. Tratándose de un momento y un acontecimiento en el que el Señor mismo, por medio del don singular de una existencia especial del Espíritu Santo, guía y conduce a la Iglesia en las personas de los obispos que forman el colegio cardenalicio a la elección de quien pueda representarle mejor como su Vicario para la Iglesia Universal, que se constituye en y desde las iglesias particulares, como enseña el Concilio Vaticano II, es decir, como pastor de todos los pastores y de todos los fieles, una elección del Romano Pontífice no podía iniciarse de otro modo que con la celebración eucarística”.

Para el Cardenal, se trata de “una elección fuera de los planteamientos y de los estilos del mundo”. Así, “con la celebración eucarística, comienza el Cónclave ofreciéndole a Dios Padre el sacrificio de acción de gracias y de alabanza de su hijo Jesucristo resucitado”. “En esa acción de gracias, prosiguió, tenemos que incluir con fervor nuestra gratitud al Señor por haber instituido en su Iglesia el ministerio apostólico de Pedro, su primado entre los doce apóstoles, con un oficio permanente, vivo siempre a través de los siglos, en sus sucesores, los obispos de Roma. El encargo que el Señor le hizo a Pedro de confirmar la fe a sus hermanos y de apacentarlos, con un amor a Él mayor que el que pudieran profesarle los demás discípulos, a fin de que el Sí de la fe no se debilite ni se enturbie nunca en su iglesia, lo asumirá en continuidad fiel con sus predecesores en la sede de Pedro, que es su primer sucesor, el nuevo Papa, con una firmeza y una humildad semejante a la de aquel discípulo hermano de Andrés que fue llamado por el Señor para seguirle desde la primera hora de su vida pública”.

Además, “el nuevo sucesor de Pedro también tendrá que cambiar su nombre, como han hecho sus predecesores a lo largo de una historia bimilenaria”. Se trata, explicó, “de un gesto que refleja y expresa, con la viveza de la memoria evangélica de aquella valiente y fundamental confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, la aceptación por parte del nuevo Papa de ese ministerio del Primado en el testimonio y guarda de la fe en la verdad plena de Cristo; o, dicho con otras palabras, en la profesión incondicional del amor al Señor, creído y vivido en la plenitud de su verdad”.

Aseguró que “la fidelidad de los sucesores de Pedro en la verdadera, plena, pública e inalterable confesión de fe en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María, que padeció, murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos por nuestra salvación, ha sido el canto firme al amor o nota gloriosa que ha sustentado y caracterizado la historia de los papas hasta nuestros días. En los tres últimos pontificados de Pablo VI, del beato Juan Pablo II y de Benedicto XVI ha sonado con el tono personal, espiritual y pastoral a la vez inequívoco y heroico de los grandes testigos de la fe, que no se dejan doblegar, ni vacilan, incluso ante las amenazas del martirio físico, psíquico, psicológico, que viene siempre de los enemigos de la Cruz de Cristo”.

Por eso, en “vísperas del comienzo del Cónclave en el que se va a elegir un nuevo Romano Pontífice, unidos a la plegaria de toda la Iglesia, y al pedir al Señor un nuevo Papa a la medida de su corazón, habremos de inspirar nuestra oración en una intención muy principal: que el nuevo sucesor de Pedro sea como él, como Pedro –el primer testigo y maestro de la fe-, un constante, valiente e incansable servidor de la verdad, de su verdad, de la verdad por excelencia que es Cristo, nuestro Señor. Anunciándolo, enseñándolo, viviéndolo con generosidad y entrega ejemplar al frente de esa inmensa comunidad de hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo”.

“Lo necesitamos, como siempre lo necesitó la Iglesia desde el primer momento de su historia; lo necesitamos como una nueva urgencia humana, espiritual, religiosa y pastoral a la vez”, afirmó. “Vivimos en una época donde el No a Dios y a Aquel a quien ha enviado Jesucristo se ha instalado en el corazón de muchos de nosotros y, en una gran medida y con mucha fuerza, en amplios sectores de la conciencia social”. Por eso, concluyó exhortando a confiar “al Inmaculado Corazón de María, nuestra Madre del Cielo, Virgen de la Almudena, nuestra oración por los padres cardenales que habrán de elegir al nuevo Papa. Y pidamos ya, desde ahora mismo, por el nuevo Santo Padre: que el Señor le conforte en el testimonio de la verdad de Jesucristo plena, valiente, pública y luminosamente”.