La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
EN LA DESPEDIDA DEL COLEGIO CARDENALICIO

Benedicto XVI promete «incondicional reverencia y obediencia» a su futuro sucesor

1_0_663816En la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, el Santo Padre Benedicto XVI saludó personalmente, esta mañana, a los miembros del Colegio Cardenalicio, en el último día de su pontificado. Al comenzar el acto, los cardenales recibiron a Benedicto XVI con un fuerte abrazo y el decano del colegio cardenalicio, el cardenal, Angelo Sodano, agradeció al Pontífice el ejemplo que ha dado en estos ocho de su Pontificado. En el entrañable encuentro el Papa, que revivió la emoción profunda y grata de su última audiencia general, en la Plaza de San Pedro, señaló que entre los presentes estaba susucesor  al que ya desde ahora, Benedicto XVI le prometió su incondicional reverencia y obediencia.

Como dije ayer ante miles de fieles que llenaban la Plaza, vuestra cercanía y colaboración han sido una gran ayuda en mi ministerio. En estos ocho años hemos vivido con fe momentos bellísimos de luz radiante, en el camino de la Iglesia, junto con momentos en los que alguna nube se ponía densa en el cielo. Hemos querido servir a Cristo y a su Iglesia con amor profundo y total que es el alma de nuestro ministerio. Hemos donado esperanza, la esperanza que nos viene de Cristo, la única que puede iluminar el camino”.

El Santo Padre hizo hincapié en la importancia de la comunión en Cristo con estas palabras: “Juntos podemos agradecer al Señor que nos ha hecho crecer en la comunión y juntos podemos rogarle para les ayude a crecer aún más en esta unidad profunda. Para que el Colegio de Cardenales sea como una orquesta en la que las diversidades – expresión de la Iglesia universal – concurran siempre a la superior y concorde armonía”.

Tras reiterar que la Iglesia no es una institución planeada sino una realidad viva, Benedicto XVVI destacó que “la Iglesia vive a lo largo del curso del tiempo en un devenir, como todo ser viviente, transformándose y, sin embargo, en su naturaleza permanece siempre la misma: su corazón es Cristo”. El Papa añadió que quería dejar un pensamiento tomado de Romano Guardini. Un pensamiento que lleva en su corazón, sobre la Iglesia y su ministerio que es para “todos la razón y pasión de nuestra vida”. “Como experimentamos ayer en la plaza, la Iglesia es un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo y vive realmente gracias a la fuerza de Dios. La Iglesia está en el mundo pero no es del mundo. Es de Dios, de Cristo y del Espíritu, lo vimos ayer”.

Y renovando su profunda gratitud al Colegio Cardenalicio, Benedicto XVI volvió a asegurar que permanecerá unido a todos en la oración, en especial en los próximos días, para que sean plenamente dóciles a la acción del Espíritu Santo en la elección del nuevo Papa y que el Señor les muestre el que Él quiere, el futuro Papa que está precisamente entre ellos, al que ya desde ahora, Benedicto XVI le promete su incondicional reverencia y obediencia:

“Permanezcamos unidos, queridos hermanos, en este misterio, en la oración, especialmente en la Eucaristía cotidiana y así sirvamos a la Iglesia y a la humanidad entera. Ésta es nuestra alegría, que nadie nos puede quitar”.

Palabras del decano del Colegio Cardenalicio a Benedicto XVI
A su vez, en nombre del Colegio Cardenalicio su decano, el cardenal Sodano, dirigió unas sentidas palabras de agradecimiento al Papa. Los prelados congregados en el Palacio Apostólico manifestaron una vez más su gratitud a Benedicto XVI por el ejemplo dado en estos ocho años de Pontificado.

“Santidad,

Con gran emoción los Padres Cardenales presentes en Roma se estrechan hoy en torno a Usted, para manifestarle una vez más su profundo afecto y para expresarle su viva gratitud por Su testimonio de abnegado servicio apostólico, por el bien de la Iglesia de Cristo y de la humanidad entera.

El pasado sábado, al final de los Ejercicios Espirituales en el Vaticano, Usted ha querido agradecer a Sus Colaboradores de la Curia Romana, con estas conmovedoras palabras: queridos amigos me gustaría daros las gracias a todos, y no sólo por esta semana, sino por estos ocho años, en que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino.

Amado y venerado Sucesor de Pedro, somos nosotros quienes debemos agradecerle por el ejemplo que nos ha dado en estos ocho años de Pontificado. El 19 de abril de 2005 Usted se insertaba en la larga cadena de Sucesores del Apóstol Pedro y hoy, 28 de febrero de 2013, Usted se dispone a dejarnos, en espera que el timón de la barca de Pedro pase a otras manos. Así se continuará aquella sucesión apostólica, que el Señor ha prometido a su Santa Iglesia, hasta cuando sobre la tierra se oirá la voz del Ángel del Apocalipsis que proclamará: «Tempus non erit amplius … consummabitur mysterium Dei» (Ap 10, 6-7) «¡Se acabó el tiempo de la espera!… Se cumplirá el misterio de Dios!». Terminará así la historia de la Iglesia, junto a la historia del mundo, con el adviento de cielos nuevos y tierra nueva.

Padre Santo, con profundo amor hemos tratado de acompañarle en Su camino, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, quienes, luego de haber caminado con Jesús por un buen trecho, se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino?” (Lc 24,32).  Sí, Padre Santo, sepa que también nuestros corazones ardían cuando caminábamos con Usted en estos últimos ocho años. Hoy una vez más queremos expresarle toda nuestra gratitud.

En coro Le repetimos una expresión típica de Su querida tierra natal: «Vergelt’s Gott», ¡que Dios se lo pague!”