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Meditación sobre la Liturgia en los ejercicios espirituales del Papa

La Liturgia es un mirada a Dios y otra dirigida a los hermanos, dice el cardenal Ravasi

1_0_652004Con la participación de Benedicto XVI y de sus colaboradores de la Curia Romana, prosiguen los ejercicios espirituales de Cuaresma, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico Vaticano, cuyas meditaciones están a cargo del presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Cardenal Gianfranco Ravasi.

El purpurado hizo hincapié, este lunes por la tarde, en la gran epifanía de Dios en la liturgia, con las dos dimensiones, la horizontal y la vertical, que se intensifican en el Templo, como ‘tienda del encuentro’. Tras dedicar su meditación matutina a la revelación de Dios en la Palabra y como Creador, el Cardenal Ravasi reiteró la acción litúrgica profunda e intensa del encuentro con Dios y los hermanos:

«Si miramos bien, nuestra liturgia es una mirada ininterrumpida hacia lo Alto, lo trascendente, el misterio – hacia Dios y Cristo – y hacia su Palabra. Pero es también una mirada dirigida a los hermanos. Pensemos en cuántas veces nos saludamos en la liturgia».

A propósito del amor a los hermanos y la conversión de los corazones para cruzar el umbral que conduce a la comunión con el Señor y para no correr el riesgo de quedarse en un mero rito exterior, recordó el cardenal Ravasi: «Para lograr la Comunión con Dios – un solo Pan y un solo Cáliz – y ser un solo Cuerpo, debe haber comunión entre nosotros».

La experiencia de encuentro en Dios y con Dios –agregó- crea solidez, tan necesaria en una sociedad como la nuestra, definida a menudo una sociedad líquida, es decir con una moralidad que parece no conocer normas objetivas, sino opciones espontáneas e instintivas. Señaló asimismo el Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, a propósito de la Palabra y la revelación de Dios: «La Palabra es como primera gran epifanía, cantada por el Salterio y que yo descubro rezando. En mí no resuenan sólo mis palabras, sino que también la Palabra de Dios resuena en mí»