La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La democracia “limitada”

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- «Puesto que en un estado libre todo hombre considerado como poseedor de un alma libre debe gobernarse a sí mismo, sería preciso que el pueblo en cuerpo desempeñara el poder legislativo. Pero como esto es imposible en los grandes estados, y como está sujeto a mil inconvenientes en los pequeños, el pueblo deberá realizar por medio de sus representantes lo que no puede hacer por sí mismo». Con esta reflexión de Montesquieu en Del espíritu de las Leyes (1748), puso el pensador francés la “primera piedra” de la democracia representativa.  LuisIMartinez

 

La democracia representativa, que ha ido tomando cuerpo en el transcurso de los años –siglos, más bien-, exigía la creación de diversas instituciones, políticas y civiles. Entre las civiles hay que destacar, a pesar de su descrédito,  el papel fundamental de los partidos políticos. Es obvio que «sólo el potencial organizativo de los partidos políticos puede evitar que la moderna democracia de masas deje de estar movida por vaivenes emocionales y sin sentido que la hagan caer en el desamparo, la desintegración y la demagogia», tal y como afirma Manuel García Pelayo.

 

Ahora bien, la democracia representativa no es sólo un sistema de distribución y organización del poder político sobre la base de la representación del titular de la soberanía, el pueblo. Ha de ser también un sistema político debidamente nutrido por una sólida y bien formada opinión pública. Y aquí es donde juegan un papel esencial no sólo los partidos políticos, sino también los medios de comunicación.

 

No siendo los mass media un poder institucional del Estado, sí detentan de hecho un poder real por cuanto ejercen un gran influjo sobre la sociedad como “creadores” de opinión pública. Opinión que se canaliza hacia el poder político a través de los votos emitidos en elecciones periódicas.

 

Sin cuestionar la necesidad de unos y otros actores en la arena política, sí hay, entre otras, dos cuestiones a reflexionar. Una: ¿Hasta qué punto los partidos políticos han creado una superestructura de poder que, alejada de la sociedad civil, se sirve principalmente a sí misma y a sus miembros? Dos: ¿En qué grado se ha formado también otra superestructura de poder que sirve en gran medida a sus propios intereses económicos y gremiales? De ser afirmativas las respuestas en uno y otro caso, y según en qué grado, ¿no sería nuestro sistema político una democracia  “limitada” en la que el ciudadano juega un papel que no va mucho más allá del de mero convidado de piedra?…