La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los cambios que necesitamos

Francisco Rodríguez Barragán. Licenciado en Geografía, Historia y Derecho.- Como la situación en que nos movemos nos resulta cada vez más insoportable, hay un imperioso deseo de cambio, que expresamos a pie de mostrador en cualquier bar, donde exponemos las medidas que, según cada uno, se debían de tomar para arreglar esto. También podemos verlo en las redes sociales con los mensajes que allí se vuelcan llenos de rabia, de razones sincopadas y de faltas de ortografía y en las calles de nuestras ciudades en forma de protestas contra esto o aquello, coreando eslóganes insultantes e interrumpiendo el tráfico.  franciscorodriguezbarragan

Todos andamos señalando lo que otros  ─el gobierno, los bancos, los sindicatos, los partidos o la patronal─ tienen que cambiar, pero quizás no haya muchos que se planteen a sí mismos lo que deben cambiar en sus vidas.

El tiempo de Cuaresma que ha comenzado, nos dice la Iglesia que es tiempo de conversión, de cambio, de reflexión, de penitencia, de poner al día nuestra fe. Los que se confiesan creyentes, en muchos casos, cuando hablan de la fe se refieren a verdades más o menos aceptadas y compartidas, pero con escasa influencia en su vida de cada día. Otros reducen la fe cristiana a costumbres, ritos, obligaciones puntuales, quizás una ética o una ideología.

Benedicto XVI en su mensaje para esta Cuaresma nos dice que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida.

El gran acontecimiento que puede cambiar nuestra vida es creer en Jesucristo, que se hizo hombre como nosotros y nos aseguró que Dios, más grande que todo el universo que Él mismo creó, nos ama y se preocupa de nosotros. No somos para Dios una especie más a la que trata de salvar como si fuera un ecologista. Nos ama con amor de Padre y nos conoce a cada uno por su nombre.

La fe es un don de Dios que el hombre puede acoger o rechazar, si lo acoge y entra en relación amorosa con Dios, amarlo no es un mandamiento sino una respuesta libre y agradecida, que nos abre a amar todo lo que Dios ama, es decir, a todos los hombres y a cada uno de ellos.

La fe nos lleva al amor al prójimo, a la caridad, que es mucho más que dar algo de lo que nos sobra. La caridad nos urge a padecer con todos los que padecen, a sufrir con todos los que sufren, a alegrarnos con todos los que se alegran, a llorar con todos los que lloran.

Este es el gran cambio que el mundo, y España, necesitan: que nos convirtamos de nuestros pecados de soberbia, de codicia, de lascivia, de egoísmo, y pongamos todo nuestro empeño en terminar con la injusticia, la opresión, la falsedad, la corrupción, que todos padecemos pero que también causamos.

No vale señalar el mal en los demás si nosotros no nos disponemos a erradicarlo de nosotros mismos. Lo mismo que Dios es misericordioso con nosotros, nosotros tenemos que tener misericordia de los demás. Esto es mucho más que ética, mucho más que filantropía.

Si decimos que tenemos fe y no buscamos activamente el bien del prójimo somos unos  embusteros, pero si pensamos que podemos superar el mal con nuestras propias fuerzas, que no necesitamos a Dios y que todo es cuestión de medidas políticas para mantener el estado de bienestar, estamos equivocados.