La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
En declaraciones a la Cadena Cope

“El Santo Padre ha hecho lo que el Señor le pedía” afirma el cardenal Rouco

roucocope2En declaraciones al informativo diocesano de la Cadena COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, habló el domingo de la renuncia de Benedicto XVI, a la que calificó de “noticia sorprendente. También es única en la historia de la iglesia. De todos modos, a la luz de la fe se comprende perfectamente. El Papa, viéndose en una situación de no poder cumplir con la suficiencia de fuerzas físicas y humanas que se necesitan para asumir, realizar con fidelidad y con suficiencia el misterio de Pastor de la Iglesia universal, puede presentar la renuncia ante Dios de una forma pública y formal ante la Iglesia, como lo hizo Benedicto XVI en el Consistorio el pasado lunes, y automáticamente ésta se produce. Lo único que se necesita para que el Señor confirme esa renuncia es que lo haga libre y formalmente, como lo ha hecho”.

Reconoció que esta noticia “sorprende, pero también ofrece una perspectiva nueva en la historia de la Iglesia, no para que el Papa sea un sucesor de Pedro menos entregado que todos sus predecesores, sino para que ese gesto y esa actitud no tenga que ver con el Sí de Pedro a nuestro Señor y al Señor hasta el final”. Para el Cardenal, “al Santo Padre le han llevado los acontecimientos a tener que decirle al Señor que le ama más que éstos, como Pedro en el evangelio, pero por eso es la hora de que otro sucesor de Pedro coja el timón de la Iglesia en este tiempo tan difícil. El propio Benedicto XVI hace alusión, en la breve declaración en la que anunciaba su renuncia, a esa dificultad de los tiempos y a la dificultad de una situación histórica tan cambiante, donde las oleadas de lo que podríamos llamar el No a Dios y de un difícil Sí al hombre se suceden con tanta rapidez”.

Aseguró que “el Santo Padre ha hecho lo que el Señor le pedía. Eso es muy importante que lo sepamos, lo comprendamos y lo asimilemos, porque en la Iglesia y en la vida cristiana, todo oficio, todo servicio, o se hace con docilidad y respeto a la voluntad de Dios, o las cosas irán mal y el anuncio del Evangelio, la Nueva Evangelización, no prosperará. De forma que empezamos la Cuaresma con una invitación a la luz de ese ejemplo del Papa y de esa lección que nos ha dado de entrega a la voluntad de Dios sin condiciones. Tratemos de vivirlo y de hacerlo realidad en nuestra vida”. En Cuaresma, añadió, “proclamamos el Evangelio de la victoria de Cristo sobre las tentaciones, encaminándonos ya y con la vista puesta en ese momento de la Cruz que, naturalmente, es acogido gloriosamente por el Padre, que lo resucita de los muertos y que nos dice: aprovechad esta Cuaresma para entregaros a la voluntad del Padre, tal y como lo hizo el Señor”.

Penitencia
“La penitencia, prosiguió, es esa actitud y forma de vida que permite al hombre abrir lo más hondo de sí mismo y de lo que puede ser su tragedia, que es la de la ruptura por dentro, la del pecado, la de romper su ser más intimo con Dios, que es el que lo sostiene, le da sentido, le da vida… y que, por la penitencia, se cura: se curan heridas, se cierra ese boquete del alma y el corazón, y todo el hombre se abre a la luz del que le ama, y a la verdad del amor que le salva y le redime”. “Si el hombre queda así, curado y transformado por dentro, todo se transforma: no sólo el hombre individual, sino el hombre en su socialidad, en las grandes fórmulas y modos de vivir la plenitud de su ser, que siempre tiene que ver con otros: con su familia, con su patria, con la vida del pueblo o la ciudad donde vive… con la familia humana en general”.
“El mundo hoy, en su globalización física, mediática y casi psicológica, parece que nos está invitando mucho más que antes a pensar y a proyectar en nuestra vida la penitencia y la victoria contra el pecado y contra el mal; no sólo a los entornos más próximos donde se desarrolla nuestra existencia, sino a la familia humana en general. Desde el Vaticano II, la Gaudium et espes, y su último capítulo sobre la paz, hasta el magisterio más reciente de Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Paz, que nos propuso hacer de la humanidad una familia, se nos está hablando de ese objetivo: hacer del hombre y de su vida en este mundo un camino de fraternidad real, vivida, de amor y transformación profunda, en el que la Iglesia aparece como lo que es: la familia nueva de los hijos de Dios extendida por toda la tierra”.

Por ello, exhortó a aprovechar “este momento de tener que pedir al Señor que nos dé luz, sobre todo a los que dentro de la Iglesia tenemos la grave responsabilidad de la elección de un nuevo Romano Pontífice, para que ese Evangelio que transforma al hombre transforme la sociedad, el mundo globalizado de nuestro tiempo, y que lo vivamos con el espíritu de la Cuaresma, en el cual la lucha contra el mal y la victoria contra el pecado será posible recibiéndola del Señor y viviéndola con Él”.

Concluyó pidiendo oraciones por la Iglesia Universal, y por el nuevo Papa.