La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
AL INAUGURAR LA EXPOSICION FOTOGRAFICA "AL ALTAR DE DIOS"

El Cardenal Rouco Varela afirma que «la santidad explica la vida de Juan Pablo II»

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, inauguró esta mañana, en la Casa de Vacas del Parque del Retiro, la exposición fotográfica “Al Altar de Dios”, en homenaje al Beato Juan Pablo II. Lo hizo en el transcurso de un acto en el que estuvo acompañado por la alcaldesa de Madrid, Dña. Ana Botella, y el comisario de la muestra, Andrea Lazzari.
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En su intervención, el Cardenal explicó que “cuando se proyectó la presentación de esta exposición, estábamos preparando la Misión Madrid, dentro del marco del Año de la Fe convocado por Benedicto XVI, como expresión agradecida y a la vez fecunda de la Jornada Mundial de la Juventud del verano del año 2011”. “En esos días de agosto, los jóvenes del mundo fueron testigos extraordinarios de la fe”, una vivencia que “llegó al corazón de la ciudad de Madrid, que vive y siente la Iglesia como el hogar espiritual donde han crecido sus familias -los abuelos, los padres, los jóvenes, los niños…- y desde el cual queremos proyectar e iluminar el futuro”.Dijo que el lema de la muestra, ‘Al altar de Dios’, era muy apropiado por “la proximidad del proyecto al día de la beatificación de Juan Pablo II, de la cual se va a cumplir pronto un año”.Del Beato Juan Pablo II destacó “su atractivo humano, la cercanía a los niños, a los pobres, a los enfermos… Su personalidad humana, sencilla, tierna, sacrificada, sin miedo, valiente, al borde del martirio”. A su juicio, Juan Pablo II era y vivía así “porque buscaba la santidad. Era un santo. Y eso es lo que la Iglesia busca: la santidad, que el Evangelio dé frutos de santidad para el hombre en el mundo”.

Explicó que la exposición se inauguraba en Miércoles de Ceniza, coincidiendo con el inicio de la Cuaresma, un tiempo litúrgico “en el que la Iglesia vive la necesidad de convertirse, de dar un paso siempre nuevo en el camino de la santidad”. “La santidad, además, es una categoría de comprensión del hombre, que se traza y se piensa desde Dios, pero que está llena de humanidad; mejor dicho, hace que el hombre llegue a su plenitud”. “No hay santo que no haya aparecido en su historia como una personalidad humanamente extraordinaria. Cuando la Iglesia vive la santidad a fondo, como proyecto de vida, como camino a realizar, como contenido del Evangelio y de la evangelización, como algo que se entiende a fondo desde la fe, labra y es sembradora de una humanidad excepcional. La santidad explica esta exposición, y explica la vida de Juan Pablo II”.

También hizo alusión a la renuncia de Benedicto XVI, afirmando que “en sus palabras, pronunciadas en latín -muy sentidas, muy sencillas, muy verdaderas- se refleja la vida de un Pastor de la Iglesia, de un Sucesor de Pedro, que ha vivido su ministerio y que quiere vivir su presente y su futuro desde esa finalidad o desde esa aspiración de ser fiel al Señor hasta la muerte, siendo santo”. “Juan Pablo II lo vivió hasta el momento último de su vida terrena. Él lo ha vivido hasta el momento último en que sus fuerzas físicas, según confiesa, no le permiten seguir siendo el servidor que la Iglesia necesita”, añadió. Y se preguntó: “¿En qué se unen ambos pontificados? ¿En qué categoría de interpretación de lo humano, a la luz de la fe, coinciden los dos?”, afirmando que “en eso que se llama santidad, y que esta exposición quiere poner de relieve, sobre todo en el fondo de su intención, a través de las fotografías que nos traen de nuevo a la memoria a Juan Pablo II”.

Por último, hizo referencia a las palabras de Juan Pablo II en su despedida de España, en 2003, cuando nos pidió que “no abandonásemos nuestras raíces más hondas del ser personal e histórico de los españoles, nos animó a que ese testimonio de una fe más que milenaria, vivida en la plenitud católica en Cristo, lo aportásemos al presente y al futuro de Europa, y recordó de nuevo una expresión que él acuñó desde los primeros contactos suyos con España: que éramos la tierra de Maria. Y Madrid es la tierra de la Almudena”. Y concluyó pidiendo a la Patrona que ayude a los madrileños “a renovar su fe”.