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El arzobispo de Madrid invita a vivir la Cuaresma «con autenticidad»

roucoJMJEl Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió ayer en la Catedral de la Almudena una Eucaristía en el Miércoles de Ceniza, con la que daba comienzo la Cuaresma. Estuvo concelebrada por los Obispos Auxiliares de Madrid, Mons. César Franco y Mons. Fidel Herráez, el Nuncio de Su Santidad en Kazajistán, Mons. Maury, el recto de Palencia y los canónicos del Cabildo Catedral. 

En su homilía, el Cardenal destacó que “iniciamos un nuevo tiempo de cuaresma, bajo el signo de la fe. Unos días en que la iglesia ha recibido la noticia de que su Pastor universal, el Obispo de Roma, va a dejar su ministerio por razones de edad, de la física, dando un ejemplo de humildad y servicio al Señor extraordinarios”.

Hablando de la Cuaresma, señaló que es un tiempo para “meditar y vivir el ministerio de su Pascua, es decir, Pasión, muerte y Resurrección” y unas semanas también para la conversión. Así, subrayó que el rito de la penitencia que se esconde detrás del rito de la ceniza invita a volver “los ojos a Él, mírale, viene a tu encuentro hecho carne, uno de nosotros, asumiendo nuestra condición de pecadores”. Por ello, “abrir al don de la fe es vivirlo desde y con la fe nuestro presente y futuro. Hacer de esa vivencia la luz de nuestra vida, la razón de ser de nuestros proyectos, la forma de comprender la forma del mal en nuestro entorno y mundo.

Hizo referencia al discurso de Benedicto XVI a los parlamentarios alemanes,  donde les decía que “había que levantar los ojos a Dios” para asegurar que debemos tener una “vida de oración más intensa, participando más fervorosamente en la Eucaristía, viviendo más interiormente unidos a Él y a la Iglesia”. Sin embargo, alertó de que “hay aspectos de la vida religiosa y de fe donde se puede infiltrar el espíritu negador de la cuaresma que no reconoce a Dios y no reconoce el camino de la salvación” por lo que pidió al Señor que “nos ayude a vencer en el combate” y hacerlo con “penitencia, dominio de nosotros mismos, abstinencia, un redoblado volver al interior de nosotros mismos, con la oración más profunda, y con ese espíritu de caridad que se convierte en obras”.

Finalmente, señaló que “cuando la iglesia vive la penitencia, el tiempo cuaresmal se convierte en un elemento de transformación del hombre y del mundo, más allá de lo que notician los medios de comunicación, pero muy eficaz sobre lo que pasa en el fondo de las cosas”. Y concluyó pidiendo a la Virgen que “acompañe a la Iglesia y nos ayude a vivir esta Cuaresma con autenticidad”. “Así será nuestra cuaresma en este 2013, año de la fe y de la Misión Madrid, una Cuaresma especialmente misionera”.