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El Cardenal Rouco destaca de Benedicto XVI su “aportación en la historia de los Papas”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha comparecido esta tarde en la sede de la CEE en rueda de prensa para hablar de la renuncia del Santo Padre, conocida esta misma mañana. Tras dar lectura al comunicado de la CEE, el Cardenal Rouco respondió al gran número de periodistas asistentes. Análisis Digital ha transcrito sus palabras.  roucopapa

«Después de haber conocido esta misma mañana la renuncia de Su Santidad el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino, me apresuro a expresar al Santo Padre, en nombre propio, y de todos los obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española, nuestra más profunda gratitud por el impagable servicio prestado a la Santa Iglesia en estos intensos años de pontificado. 

Estamos afectados y como huérfanos por esta decisión que nos llena de pena, pues nos sentíamos seguros e iluminados por su riquísimo magisterio y por su cercanía paternal. Al mismo tiempo, acogemos la voluntad del Santo Padre con reverencia filial. Estamos seguros de que el Señor bendecirá el costoso paso que él acaba de dar con gracias abundantes para el nuevo Papa y para toda la Iglesia.

Pedimos a todos los fieles que encomienden al Señor la persona tan querida del Papa Benedicto XVI, que le consuele y dé fuerzas para seguir sirviendo a la Iglesia de un modo nuevo mientras la Providencia disponga. Pedimos también oraciones para que el proceso de elección del Sumo Pontífice que se abrirá a partir del próximo día 28 sea guiado e iluminado por la fuerza del Espíritu Santo. Todo, en la confianza cierta de que el Señor está siempre con su Iglesia».

Refleja de forma muy precisa los sentimientos personales de quien les habla y el pensamiento de toda la Iglesia en España.

La noticia fue ciertamente sorprendente. Un servidor ha estado en Roma la semana pasada, en la sesión plenaria de la Congregación para los Obispos y también en el encuentro plenario del Pontificio  Consejo para la Cultura y no o había indicio ninguno de que pudiera darse una noticia como esta a los pocos días de estos dos acontecimientos.

Quisiera añadir también a esta nota una especial expresión de gratitud como presidente de la CEE y como arzobispo de Madrid por la forma como el Santo Padre ha servido y ha sido pastor de la Iglesia universal en el contexto y en su aplicación al servicio a España. Tenemos que recordar que apenas un año después de su elección como Romano Pontífice presidió en Valencia el Encuentro Mundial de las Familias en 2006, realizó la visita conocida de finales del 2010, en noviembre, a Santiago de Compostela, que celebraba año santo, con la continuación de la visita a Barcelona para la consagración de la Basílica de la Sagrada Familia, y sobre todo, y de una forma muy señalada su presencia y su presidencia en la JMJ de Madrid del verano del año 2011.

Por lo que respecta a la diócesis de Madrid, quisiera recordar que en el mes julio del año 2005, a los pocos meses de haber sido elegido Papa recibía en audiencia especial a los miembros que habían formado la Asamblea del Tercer Sínodo diocesano de Madrid. Son datos que se refieren a hechos y acontecimientos muy profundamente conexos con la vida religiosa de España, con repercusión en la Iglesia universal, que hemos comentado anteriormente, relativos a sus viajes a España y que reflejan bien su forma y modo de servir a la Iglesia para España y para todas las diócesis de España.

En su visita a Santiago de Compostela en el encuentro periodistas le preguntaron por la situación de la fe en España y nos sorprendió con un juicio histórico sobre el papel de la Iglesia en España en la iglesia universal que sigue llamando la atención. Afirmó que la historia moderna de la Iglesia se abría en España con todo lo que supuso vida interna, proyección teológica, sus grandes santos, su presencia misionera en el siglo XVI, volvió a reiterar este juicio en el libro de entrevistas que le concedió a Peter Seewald  en el libro “Luz del mundo” y  encerraba ese juicio una valoración de lo que significó la Iglesia en España para el bien y el destino de la Iglesia universal muy llamativo y muy ilustrador de lo que pensaba y lo que piensa con respecto a nosotros.

 

Turno de preguntas

– Qué destacaría del Pontificado de Benedicto XVI

En estos casi ocho años de ministerio del Sucesor de Pedro de Benedicto XVI hay un aspecto de su ministerio extraordinariamente valioso o singularmente llamativo que es el ejercicio de su magisterio de una forma muy habitual, muy fluida, muy rica en contenido y muy intensa en la reiteración y actualización de ese ejercicio magisterial, que es propio del Papa, que es el Maestro y responsable del magisterio, primer oficio de maestro de la fe en la Iglesia. Sus dos encíclicas son conocidas: Deus Caritas est (Dios es Amor), Spe Salvis, y la tercera, referida a la crisis que estamos padeciendo, del año 2009, Caritas in Veritate (La Caridad en la Verdad), las dos exhortaciones postsidonales sobre el Sacramentum Caritatis y la otra sobre la Palabra de Dios, Verbum Dei. Sus grandes documentos de su magisterio han enriquecido de forma intelectualmente muy valiosa, espiritualmente muy fina y pastoralmente muy clarividente el magisterio pontificio del siglo XX y comienzos del siglo XXI.

Y luego, la forma tan trasparente, tan cristalina de ofrecer las grandes verdades de la fe y la gran visión cristiana del hombre y del mundo sobre los más distintos escenarios y los más públicos, dando documentos internos de la vida de la Iglesia como su relación con las organizaciones y las realidades culturales y sociales del mundo. Son una aportación probablemente única en la historia de los Papas y no fácilmente superable por ningún otro en el futuro.

-Dudas sobre cómo queda el Papa retirado.

Desde el punto de vista teológico y canónico no hay ningún aspecto que pueda provocar dudas especiales. La situación de un papa que ha presentado dimisión, nadie tiene que aceptársela, no hay autoridad superior que tenga que aceptársela. El Código de Derecho Canónico prevee en el artículo 232, párrafo segundo, la forma de presentación de renuncia del Papa a su oficio, basta con que lo haga libremente y lo exprese formalmente de modo público y verificable desde el punto de vista social o eclesial, como ha sido esta mañana al hacerlo en el consistorio ordinario del colegio cardenalicio para que la renuncia sea efectiva. Después, se queda como obispo, el sacramento del orden no lo pierde nunca, en el organismo vivo y estructural de la Iglesia. Será obispo de Roma, que es Papa, por la misma fuerza del obispo de Roma, que es sucesor de la cabeza del colegio apostólico y, por lo tanto, del sucesor del cabeza de los sucesores de los apóstoles. Desde ese punto de vista, en ese aspecto de su oficio, cesa.

-Situación novedosa.

Hay un precedente, Celestino V, a comienzos del siglo XIV. Los tiempos cambian, los ritmos de vida de las personas y de las sociedades y el ritmo de vida de la Iglesia, que es vida también de personas, de hombres, de realidades humanas, aunque la Iglesia misma no haya nacido de la voluntad de los hombres y de la iniciativa social, sociológica y jurídica de un grupo humano, pero se compone, se configura y se traba y se entrelaza con biografías y con vidas de personas. Como esos acontecimientos previos en una sociedad en la que, desde el punto de vista del número de habitantes del orbe –el número de la Iglesia católica ha crecido mucho-. La Iglesia es católica no sólo en el sentido de que en su misión hay una aspiración de catolicidad. Es una realidad sociológicamente, geográficamente y humanamente universal. El cúmulo de labor y trabajo que eso supone para el Obispo de Roma, el Sucesor de Pedro, el Papa, el Pastor visible de la Iglesia universal, es mucho mayor que en siglos pasados.

También hay que darse cuenta que un Papa, hasta prácticamente Pío XII apenas salía de sus despachos, de su capilla privada… A partir de Pío XII y sobre todo de Juan Pablo II, el Papa no solo gobierna en sentido clásico de la expresión, desde un despacho sino que se hace testigo directo de la predicación, del anuncio del Evangelio y no solo en la ciudad de Roma sino en todo el mundo. No sólo es el testigo predicador de la palabra, sino que además, preside las grandes celebraciones litúrgicas de la Iglesia. El cúmulo de labor y trabajo, que pesa hoy sobre el Sucesor de Pedro a partir de la experiencia de los papas del siglo XX, sobre todo, de Pío XII que introduce las audiencias públicas en su vida y en su ministerio, aunque todavía no era el que presidía las grandes celebraciones litúrgicas.  A partir de Pablo VI, que inicia esa apertura de la forma y el modo de ejercer ese ministerio, y sobre todo, con Juan Pablo II, la verdad es que es muy duro. Sus ocho años de Pontificado han significado para Benedicto XVI viajes a Australia, a Cuba y México, a Brasil, varios viajes a Europa con días intensos de actuaciones públicas, de encuentros con comunidades, grupos, con comunidades parroquiales de la ciudad, visitas a las diócesis de Italia… Realmente es un récord. Él comenzó su pontificado con 78 años. Se puede hacer una comparación con la tarea y esfuerzo de una personalidad de la vida pública en cualquiera de los ámbitos en que se desarrolla nacional e internacional y comparar su trabajo y empeño a esa edad con Benedicto XVI en los últimos ocho años que han transcurrido hasta hoy, que ha anunciado que va a renunciar.

-Decisión en la renuncia además de las cualidades físicas propias de su edad.

Contestar a preguntas sobre realidades que uno no conoce es muy difícil. Hay que atenerse a las palabras que él ha expresado y ha dicho. Desde el punto de vista de la observación objetiva e incluso vivida con mucha sobriedad de sentimientos es lo que hay que decir.

-Qué Papa necesita la Iglesia para tiempos como hoy

En la historia de los Papas nunca se dan saltos llamativos. La historia de los papas del siglo XX es muy rectilínea. Esa apertura personal y ejercida personalmente a los ámbitos de vida pastoral a los que me refería antes se van desgranando progresivamente a lo largo del siglo XX. Eso fue in crescendo. El beato Juan XXIII, que visita Loreto. Pablo VI hace los grandes viajes continentales, las audiencias hay que trasladarlas al aula Pablo VI. Y Juan Pablo I fue un mes de pontificado pero iba en la misma línea, acentuando la sencillez en la forma de tratar y ejercer el modo de la enseñanza de la fe y la doctrina de la fe, muy catequético. Recuerdo la primera audiencia de Juan Pablo I, una catequesis con unos niños. Y Juan Pablo II, en la que esos rasgos de ejercicio del pontificado ya muy abiertos por Pablo VI los desborda con una personalidad como la suya humana y espiritualmente excepcional. Benedicto XVI también lo ha continuado, poniendo un acento mayor, como es muy explicable por su personalidad humana e intelectual y también por lo que había hecho toda su vida. Se concentró en el ejercicio del magisterio, de una forma muy cercana, muy transparente, literariamente, incluso, muy luminosa y muy cercana a los problemas del hombre y de la sociedad de este tiempo con mucho feeling con los jóvenes. Al comienzo de su Pontificado los cardenales nos preguntábamos cómo iba a hacer en los grandes acontecimientos, cómo iba a mover los brazos… Le ha salido perfectamente.

-Predilección por España y renuncia coherente con su Pontificado

Los alemanes tienen fama a veces de que son fríos, muy cuadrados pero no lo son, tienen un gran corazón. El romanticismo literario y musical de la Alemania del siglo XIX y XX  es excepcional. El Papa era hijo de ese pueblo y a la hora de manifestar sentimientos tampoco era un retórico, muy sobrio, muy sencillo y muy cordial. En España se sentía muy bien, la conocía de antes en los años de cardenal. En Madrid estuvo en el año 2000 en un congreso sobre la Encíclica Fe y Razón y seguía con mucho interés lo que pasaba en España. Es coherente con lo que cree y lo que tiene que hacer. La tarea sigue siendo enorme, él no puede volver a una forma de ejercer el ministerio del Papa como antes de León XIII, no puede ser, estamos en el siglo XXI.

-Qué Papa necesita la Iglesia

La Iglesia necesita al Papa que el Señor le va a dar. Ese es el Papa que necesita la Iglesia. Lo que sí es claro es que no va ser cuya figura va a estar en contra de lo esencial y fundamental del ejercicio del ministerio del Sucesor de Pedro. Conectará viva, orgánica y funcionalmente con los pontificados anteriores. Nunca hay saltos en el vacío en la historia del pontificado, incluso, hasta en los nombres, Pablo VI se distancia a la hora de elegir nombre de Juan XXIII , luego viene un Papa que se llama Juan Pablo I, otro que se llama Juan Pablo II, expresando uno y otro la intención de continuar el estilo, modos de ejercicio del ministerio de esos dos Papas anteriores. Dio un giro Benedicto XVI bastante llamativo pero muy explicable porque conectó con otro Papa, Benedicto XV, por motivos y razones muy explicables, primero, porque conectaba con la tradición benedictina que cultivaba tanto y que se centraba en un principio de concepción de la vida cristiana y de la Iglesia, y de alguien que ha sido consagrado obispo de Roma, que es “nada se puede preferir a Cristo, nada hay que pueda ser propuesto y prepuesto a Cristo”. También, hizo alusión a papel de Benedicto XV en la pacificación del mundo tras la primera guerra mundial en los años durísimos entre el 14 y el 18.

-Interpretación que existen en medios de comunicación sobre la regeneración de la Iglesia católica.

El Papa ha cumplido con su deber según lo ha entendió delante de Dios. Los planes de los hombres, incluso del hombre que es vicario de Cristo según la doctrina, cómo lo percibe, lo ve y lo conoce en su verdad de la fe de la Iglesia. No es imprescindible para el presente y el futuro de la Iglesia. Lo que es imprescindible es que haya Papa, no éste o aquél o uno determinado. El que le suceda ya acometerá las tareas presentes y están pendientes, los grandes objetivos que hay uno que comunica o conecta los tres grandes pontificados, incluido el de él, que ha vivido la Iglesia después del Concilio Vaticano II. Se puede comenzar con el beato Juan XXIII, es la gran tarea de la evangelización, una situación de novedad, de evolución y desarrollo de la humanidad, con unas características que han afectado profundamente al sí de la fe, experiencia de la fe y recepción de todo lo que supone la verdad y la vida nacida del Evangelio y de un modo especial, atendiendo a aquellas áreas culturales del mundo de raíces cristianas. Ese objetivo ha unido a los pontificados que se han sucedido desde Juan XXIII y marcan lo que podrían llamarse el ámbito de preocupación y de renovación permanente de la Iglesia. En medio está el Concilio Vaticano II. Sin el Concilio, tampoco se explican ni se entienden estos tres pontificados.

Por lo que respecta a la irradiación espiritual y moral de la experiencia y de la vida de la Iglesia y de la sociedad en este campo de la crisis económica con unos elementos morales que se dan en España, me remito a su encíclica la Caritas in Veritate. No son estos males de la actualidad de hoy en España, de ayer mismo, vienen de lejos. Creo que a la hora de abordarlos pastoralmente y sobre todo desde el punto de vista de la orientación moral y doctrinal hay que observarlos, verlos y juzgarlos con la serenidad que la doctrina de la fe permite y como el Papa lo ha hecho brillante y luminosamente en la encíclica y he reiterado en tonos menores y contextos  todos los menos en contextos de las audiencias generales de los miércoles y en otras intervenciones suyas.