La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una tarea ineludible: poner al día nuestra fe

Francisco Rodríguez Barragán. Licenciado en Geografía, Historia y Derecho.- Todas las personas creen en algo, tienen fe en algo: en la vida, en su cónyuge, en sus padres, en sus amigos, en sí mismos, aunque no tengan una total evidencia ni demostración lógica de las convicciones y confianzas en las que vive y aunque algunas de sus creencias resulten fallidas. Alguien que viviera sin confiar en nada ni en nadie, se sentiría profundamente desgraciado.  franciscorodriguezbarragan

Forma parte de nuestra naturaleza confiar en los que nos rodean y tal confianza hace posible la convivencia. Sin duda que en más de una ocasión nos veremos engañados y decepcionados o engañaremos y decepcionaremos a otros. Todos quisiéramos tener una confianza absoluta en algo o en Alguien que diera firmeza a nuestra vida y colmara nuestras ansias de felicidad.

Si nos interrogamos a nosotros mismos sobre las incómodas preguntas acerca del origen de nuestro existir y el destino de nuestra vida, tendríamos que abrirnos a la transcendencia. Más allá de nuestro diario acontecer, hecho de gozos y dolores, de felicidad y sufrimiento, necesitamos un sentido para nuestra vida. Necesitamos la fe.

Preferimos la verdad a la mentira, la bondad a la maldad, el amor al odio, la belleza a la fealdad, aunque a veces optemos por la mentira, la maldad, el odio o la fealdad, si creemos que ello nos va a reportar algún placer y es que nuestra naturaleza está dañada por el mal, del que quisiéramos vernos libres.

Encontrar el verdadero sentido de nuestra vida y vernos libres del mal, podemos conseguirlo mediante la fe en Jesús, Hijo de Dios, que irrumpe en la historia y con su vida, muerte y resurrección, nos incorpora a su propia vida, nos revela al Padre que nos ama y ordena a los que le siguen que difundan la buena noticia, el evangelio, a todo el mundo.

Pero muchos de los que nos decimos cristianos no evangelizamos a nadie. Se nos puede conocer por algunas actitudes ideológicas, algunas posturas políticas, por nuestras labores asistenciales o nuestras manifestaciones exteriores de religiosidad, pero no transmitimos el entusiasmo de sentirnos perdonados y salvados por Jesús, realmente vivo y presente en su Iglesia.

Están los que combaten la idea de Dios para afirmar al hombre como único responsable de su destino, están los que no quieren saber nada de Dios para no tener que convertirse y estamos los que hacemos poco o nada por anunciar a las personas que nos rodean la buena noticia de Jesús.

Ante una creciente descristianización de nuestra sociedad, es necesaria una nueva evangelización, pero para poder evangelizar necesitamos poner al día nuestra fe.

Benedicto XVI ha convocado el año de la fe para que los cristianos adormecidos, cómodos o indiferentes, acojamos y reavivemos el don de la fe que recibimos en la Iglesia, valioso regalo de Dios que no podemos desaprovechar.

Tenemos a nuestra disposición el Catecismo de la Iglesia Católica, el magnífico legado que nos dejó Juan Pablo II, para poner manos a la obra.