La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Pero ¿de qué corrupción me hablas, amigo?

Manuel Cruz.- ¿Me hablas de corrupción porque unos políticos han desviado el dinero público para llenar los bolsillos de los amigos, otros para amueblar las sedes de sus partidos, otros para comprar voluntades, otros para mantener el tren de vida de su ”nobleza” de papel, y otros para vete tu a saber…?

¿Y qué me dices de esos millones de españoles que ha aceptado la peor de las corrupciones humanas como es la de quitar la vida a los seres más indefensos del mundo, los niños a los que se ha impedido nacer matándolos en el seno de la madre? ¿Y qué me dices de esos jueces que absuelven a un matador de seres humanos –si, seres humanos- a pesar de que lo hacía con el apoyo de certificados falsos, firmados a ciegas, para acomodarse a la ley nefanda de 2010?

Vamos, hombre, vamos. La corrupción empieza en la conciencia no en la cartera. ¿Me puedes decir qué puede esperarse de una sociedad que practica el adulterio como un deporte, impide masivamente las consecuencias de sus reacciones sexuales y cuando la píldora o el preservativo fallan, acude a las clínicas abortistas para quitarse de en medio el engorro que le pesa?  ¿Pues sabes lo que te digo? Que esa sociedad, al margen de que muchos la están pasándolas canutas con el paro, las hipotecas y sus créditos imposibles de pagar, no tiene derecho alguno a escandalizarse porque unos políticos se hayan dejado corromper por los corruptores oportunistas, que también quieren vivir por todo lo alto.

Que no, hombre, que no: es mucho peor la corrupción de quien mira para otro lado cuando se mata a un niño en el seno de su madre, o aplaude la decisión de todo un tribunal de absolver a un criminal, que la de unos chorizos que quieren vivir sin penurias a costa de lo que sea, incluidos los dineros públicos. ¿Y que me dices de esos diputados que se llaman a sí mismos cristianos, -acuérdate del expresidente de las Cortes, José Bono, hombre- que en su día apoyaron la nefanda ley del aborto con el pretexto de que así contribuirían a disminuir el número de “interrupciones voluntarias del embarazo” a sabiendas de que, muy al contrario, iba a aumentarlas como así ha ocurrido? ¿O es que los doctores Morines que andan sueltos por todo el país practicando abortos no piensan también en acumular dinero a costa de la sangre de los inocentes y al amparo de una ley a todas luces injusta?

Claro que la corrupción de los políticos es inaceptable. Claro que todos ellos deben dimitir y empezar a sufrir las penurias de los parados; claro que deben devolver el dinero robado y claro también que deben ir algunos a la cárcel. Pero antes de eso hay que emplear la lejía de la decencia para limpiar las conciencias de los grandes corruptores de la sociedad, los que legislan contra las leyes naturales, los que adulteran, matan, engañan y mienten; los que se pasan por el arco del triunfo la moral, la ética y la estética… Sobre todo ¿qué me dices de esos políticos que promulgan leyes contra la naturaleza humana y que son capaces hasta de inventarse el género para darle gusto al cuerpo?

Te lo vuelvo a decir: si hay corrupción en la vida pública es porque antes hay corrupción en la vida privada. ¿Qué son los políticos sino representantes de una sociedad corrompida de la que sobresalen para que los demás los sirvan en lugar de servir a los demás? No me hables de política; háblame de personas, de conciencias de alquiler, de malvados sin corazón y, después, sí, indígnate con toda la razón, llora si quieres y, sobre todo, reza para que los primeros en cambiar seamos cada uno de nosotros…