La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Entregaron una medida rebosante

Julia MerodioPor Julia Merodio, escritora

Todos saben que el día 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor, la Iglesia la dedica como: Jornada Mundial de la Vida Consagrada.  Y a mí me parece que, en este momento de la historia, en el que la vida consagrada está tratada con tan poco respeto, entrar en el tema puede ser un momento de gracia y encajarla en este día un privilegio, pues ¿qué es, la realidad de la vida consagrada, sino un canto a la Vida?

Todos queremos vivir: vivir a “tope”, vivir muchos años, vivir bien. Queremos calidad de vida, presentar en nuestra vejez un aspecto intachable… y, hacemos tantos esfuerzos para lograrlo que, al final, nos damos cuenta de que con tanta inquietud nos hemos olvidado de lo esencial: de Vivir.

Y es que la vida, como leemos en: Mateo 13, es ese tesoro escondido en el campo que, el que lo encuentra, no puede dejarlo escapar.

Nuestro querido Papa, Juan Pablo II, tan cercano a todas las realidades de la Iglesia, intuyó esta situación y el día 2 de febrero del año 1997 quiso, ponerla en el candelero y para ello celebró la primera Jornada de la Vida Consagrada, el día de la Candelaria.

El Papa, inaugura la jornada, con estas asombrosas palabras:

“Esta jornada quiere ayudar a toda la Iglesia a valorar, cada vez más, el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo, de cerca; mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quieren ser, para las personas consagradas, una ocasión propicia para renovar sus propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”

La entrega es una gracia, por eso no es extraño que, en un mundo, donde todo se mide por la productividad, por el porte, por la indumentaria… no quepa la paradoja que ofrece la Vida Consagrada, de darlo todo, desde la mayor gratuidad. De ahí que sea preciso, presentar al mundo, el gran Don que supone para la Iglesia esta circunstancia.

La Vida Consagrada, como es fácil de comprobar, no es un invento humano, sino una gracia de Dios. ¿Cómo entender con nuestro criterio que, un/una joven, con una carrera universitaria terminada, con un buen puesto de trabajo, iniciando una juventud prometedora y con un físico notable… pueda dejarlo todo para ofrecer su vida a Dios?

Realmente, visto con nuestra pobre mirada, corta y miope, es imposible entenderlo, pero visto con los ojos del alma se entiende perfectamente. Y, es que lo esencial es invisible a nuestros ojos, solamente es perceptible con los “ojos” del corazón.

Pero lo que nosotros vemos a nuestro derredor, es la falta de vocaciones que sufre, la Iglesia, en el momento actual; sobre todo en los países ricos. Es una situación que nos interroga y nos cuestiona a todos, pero no es nada sorprendente.

En la sociedad del bienestar, donde intentan sacar a Dios de nuestra vida, no puede extrañarnos lo que evidenciamos. La auténtica vocación brota de un encuentro con el Señor y ciertamente, no vivimos en una época donde proliferan los encuentros.

Es verdad que se multiplican las reuniones, los mensajes, las citas… pero los encuentros… eso, ya es otra cosa. Yo creo que Dios tendrá que comprarse un móvil, un portátil, entrar en Twitter, Facebook, Tuenti, Skype y crearse un Blog. si quiere conectar con la juventud de hoy. No nos damos cuenta de que, lo que a Dios le gusta, es el encuentro personal; sin pantalla de por medio. Le gustan las miradas profundas, las palabras cálidas, los silencios prolongados… difícil cuestión para los jóvenes de nuestro entorno.

El primer fin que tiene la vida consagrada es, alabar a Dios y glorificarlo, por toda la humanidad. Ya que esta debería ser la condición de todo ser creado.

También, tiene el propósito, de enriquecer a la Comunidad Cristiana con todos sus carismas. Y, ofrecer a los demás, todos esos edificantes frutos, nacidos de una vida vacía de sí mismos y entregada a los demás.

La Vida Consagrada es, la respuesta a una llamada profunda, sentida en el corazón de la persona y acogida con generosidad. Estas personas, sorprendentes, deciden seguir su vida, caminando tras las huellas de Cristo; y, con una radicalidad, que supera nuestros torpes criterios. Lo hacen desde: La castidad, la pobreza y la obediencia.

¡Qué sería del mundo sin estas personas!. Desde mi experiencia personal, puedo hablaros de la apertura tan impresionante que muestran cuando te acercas a ellos/as.

–        La alegría los inunda.

–        Su excelente manera de escuchar y compartir.

–        Lo informados que están de las realidades de la vida.

–        Como piden a Dios cada día por todo y por todos.

–        Como gastan su vida a favor de los demás.

–        Como presentan ante el Señor las realidades concretas de nuestro mundo.

Ellos son el pulmón de la Iglesia, el aire que necesita para respirar. Es como si, a través suyo,  inspirásemos y espirásemos al Espíritu Santo, en ese aire que no se ve, pero que se necesita para que exista vida. Ellos son, junto a nosotros, parte del Cuerpo Místico de Cristo, por eso aportan su multitud de carismas. Todos conocemos diversidad de órdenes religiosas: Las hay de clausura, dedicados/as a la oración y adoración al Santísimo; a la enseñanza; al servicio de los desfavorecidos; otros/as se dedican a atender en los hospitales; hay misioneros/as que sirven en los países más pobres de la tierra… pero todos unidos en un mismo sentir y un mismo pensar: servir a Cristo. Siendo Luz para cuantos los rodean y, ofreciendo su afluencia de dones, con la fuerza del Espíritu Santo.

Otra cosa importante que nos recuerda esta jornada es que todos somos consagrados. Nos consagraron al Señor en nuestro Bautismo y nosotros nos consagramos, cada vez que repetimos esas promesas, como puede ser en el momento de rezar el Credo en la Eucaristía. Por eso tenemos que valorarla, como un toque de atención, para revisar esos compromisos hechos a Dios y los hermanos, desde nuestra realidad personal.

Pero lo importante es que se trata de entregar una medida rebosante. Se trata de darlo todo. De hacer una apuesta de verdad.

Por tanto sería bueno terminar revisando la diferencia que existe entre nuestra manera de medir y la de Dios.

Él siempre dará mucho más de lo que nosotros podemos darle, pero admira profundamente, que siendo Dios cuente con nosotros para llevar a cabo su obra.           A Él le gusta ver nuestra medida llena; le agrada nuestra generosidad, nuestro desinterés, nuestra entrega… Y ¿Quiénes mejor para darnos ejemplo que los que lo dieron todo?

Será bueno que esta semana busquemos tiempo de silencio y ejemplos de gente que lo dejó todo por Cristo. Posiblemente conozcamos a algunos personalmente, pero si no tomemos el evangelio y empecemos por los apóstoles, por María… busquemos personas de todos los tiempos, hasta llegar a nuestros días; por ejemplo nos podemos detener en Madre Teresa, gente cercana con nombres y apellidos…

Después tengamos ratos grandes de silencio y acogida, pidiendo al Señor la gracia de saber responder, nosotros, como ellos lo hicieron.