La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Encíclicas del Beato Juan Pablo II: Slavorum apostoli

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- “Los apóstoles de los Eslavos, santos Cirilo y Metodio, permanecen en la memoria de la Iglesia junto a la gran obra de evangelización que realizaron. Se puede afirmar más bien que su recuerdo se ha hecho particularmente vivo y actual en nuestros días”.  ELEUTERIO

Así empieza el Beato Juan Pablo II su carta Encíclica “Slavorum apostoli”, dada a la luz pública el 2 de junio de 1985, dedica a los Santos Cirilo y Metodio que evangelizaron aquellas tierras europeas. Cinco años antes, en concreto el 31 de diciembre de 1980 los había proclamado compatronos de Europa mediante la Carta Apostólica “Egregiae virtutis”.

A tenor de lo indicado por el Papa polaco en su Encíclica, “los dos santos hermanos se dedicaron a la difícil tarea de traducir los textos de la Sagrada Escritura, conocidos por ellos en griego, a la lengua de aquella estirpe eslava que se había establecido hasta los confines de su región y de su ciudad natal. Sirviéndose del conocimiento de la propia lengua griega y de la propia cultura para esta obra ardua y singular, se prefijaron el cometido de comprender y penetrar la lengua, las costumbres y tradiciones propias de los pueblos eslavos, interpretando fielmente las aspiraciones y valores humanos que en ellos subsistían y se expresaban.” (Sa, 10).

Hay un aspecto muy importante en la labor evangelizadora de Cirilo y Metodio. Frente a la situación por la que pasaba en siglo IX en el que vivieron, destacó “su modo pacífico de edificar la Iglesia, guiados por su visión de la Iglesia una, santa y universal” (Sa, 12) y “Siguiendo el mismo programa de concordia y paz, respetaron en todo momento las obligaciones de su misión, teniendo en cuenta las tradicionales prerrogativas y los derechos eclesiásticos fijados por los cánones conciliares” (Sa, 13).

La misión encomendada a los sanos eslavos la estaban cumpliendo, pues, de acuerdo a lo establecido e, incluso yendo más allá, porque “Habiendo iniciado su misión por mandato de Constantinopla, ellos buscaron, en un cierto sentido, que la misma fuese confirmada dirigiéndose a la Sede Apostólica de Roma, centro visible de la unidad de la Iglesia” (Sa 13).

Cirilo y Metodio implantaron la Iglesia de Dios allá donde fueron enviados pues “gracias a los esfuerzos misioneros de ambos Santos, los pueblos eslavos pudieron, por primera vez, tomar conciencia de su propia vocación y participar en el designio eterno de salvación del mundo. Con esto reconocían también el propio papel en favor de toda la historia de la humanidad creada por Dios Padre, redimida por el Hijo Salvador e iluminada por el Espíritu Santo” (Sa 20), dándole a la Esposa de Cristo un sentido, verdaderamente, universal.

En realidad, “La actividad apostólico-misionera de los santos Cirilo y Metodio, que se sitúa en la segunda mitad del siglo IX, puede considerarse como la primera evangelización efectiva de los eslavos” (Sa 23). Pero fue, en realidad, mucho más allá las tierras que evangelizaron los hermanos allí enviados. En realidad, “Su obra constituye una contribución eminente para la formación de las comunes raíces cristianas de Europa; raíces que, por su solidez y vitalidad, constituyen uno de los más firmes puntos de referencia del que no puede prescindir todo intento serio por recomponer de modo nuevo y actual la unidad del continente” (Sa, 25).

Cirilo y Metodio supieron conjugar, en el cumplimiento de la misión evangelizadora para la que fueron enviados desde tierras muy lejanas a la suyas propias, “amor a la comunión de la Iglesia universal tanto en Oriente como en Occidente y, dentro de ella, a la Iglesia particular que estaba naciendo en las naciones eslavas. De ellos procede, también para los cristianos y hombres de nuestro tiempo, la invitación a construir juntos la comunión” (Sa, 36). Son, por lo tanto, apóstoles del ecumenismo que, ya entonces, era necesario aunque, a lo mejor, en un sentido distinto al que ahora mismo necesita la Iglesia católica.

Además de la labor puramente misionera, en cuanto a la evangelización se refiere, “Cirilo y Metodio dieron una contribución decisiva a la construcción de Europa, no sólo en la comunión religiosa cristiana, sino también con miras a su unión civil y cultural” (Sa 27).

Y, ya para terminar, lo hacemos con un, a modo, de oración, que esta Encíclica, dirige el Beato Juan Pablo II al Padre para que nos sirva, a todos, de gozo y de estímulo:

“A Ti, pues, Dios Padre todopoderoso Dios Hijo que has redimido al mundo, Dios Espíritu Santo que eres fundamento y maestro de toda santidad, deseo encomendarte la Iglesia entera de ayer, de hoy y de mañana; la Iglesia que está en Europa y que está extendida por toda la tierra.

En tus manos pongo esta riqueza singular compuesta de tantos dones diversos, antiguos y nuevos que forman el tesoro común de tantos hijos diversos.

Toda la Iglesia te da gracias a Ti, que llamaste a las naciones eslavas a la comunión de la fe por la herencia y por la contribución dada al patrimonio universal. Te da gracias por esto, de modo particular, el Papa de origen eslavo. Que esta contribución no cese jamás de enriquecer a la Iglesia, al continente europeo y al mundo entero. Que no se debilite en Europa y en el mundo de hoy. Que no falte en la conciencia de nuestros contemporáneos. Deseamos acoger íntegramente todo aquello que, de original y válido, las naciones eslavas han dado y siguen dando al patrimonio espiritual de la Iglesia y de la humanidad. Toda la Iglesia, consciente de su riqueza común, profesa su solidaridad espiritual con ellos y reafirma su propia responsabilidad hacia el Evangelio, por la obra de salvación que es llamada a realizar también hoy en todo el mundo, hasta los confines de la tierra. Es indispensable remontarse al pasado para comprender, bajo su luz, la realidad actual y vislumbrar el mañana. La misión de la Iglesia, en efecto, está siempre orientada y encaminada con indefectible esperanza hacia el futuro.”

Amén.