La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La grandeza de la unidad

Julia MerodioPor Julia Merodio, escritora.-

En esta ocasión quiero dedicar mi artículo a una realidad totalmente desterrada de nuestra realidad: la de ser “todos uno”. Y quiero hacerlo precisamente hoy, porque es el día en que termina el octavario por la semana de la Unidad, algo que no aflora demasiado en los procesos en las noticias que vamos recibiendo pese a que es un tema apaionante..

Por lo que vemos, los que buscan cualquier forma de poder saben que no pueden depender de los demás ya que pronto o tarde los destruirían; por eso necesitan desconectar de cualquiera que no piense como ellos, que no reaccione como ellos, que no vea las cosas bajo su prisma; y, poco a poco se van encerrando en sí mismos viviendo en su propio mundo y cerrando la puerta, no sólo a las personas sino también a Dios, -más que nada- para que no se les cuestione.

Pero vemos que Jesús, al contrario que ellos, cuando nos llama a vivir en unidad no pretende que vivamos aislados para adquirir y conservar el poder, sino que estemos unidos, para engrandecernos, poniendo en común nuestros dones.

El Papa que conoce todo esto como nadie, en su viaje al Líbano en 2009, al llegar a Charfet donde se celebró un encuentro ecuménico con los representas de otras iglesias cristianas del país, dijo estas hermosas palabras: “Nuestro encuentro es un signo elocuente de nuestro deseo profundo de responder a la llamada del Señor Jesús, «que todos sean uno» (Jn 17,21). En estos tiempos inestables y proclives a la violencia, que experimenta vuestra región, es todavía más urgente que los discípulos de Cristo den un testimonio auténtico de su unidad, para que el mundo crea en su mensaje de amor, paz y reconciliación. Es un mensaje que todos los cristianos, y nosotros en particular, tenemos la misión de transmitir al mundo” Pero el Papa da un paso más al terminar con esta expresión: Jesús une a quienes creen en él y le aman, entregándoles el Espíritu de su Padre, así como el de María, su madre”

No sé si se ha divulgado suficientemente un mensaje tan relevante como tampoco sé si se presenta con la suficiente fuerza la semana de “La Unidad de los que nos confesamos cristianos”

Sin embargo, cuando el tiempo pasa y se miran las cosas con objetividad, la realidad empieza a aclararse y, vemos que entre los cristianos de diferentes confesiones hay muchos más factores de unión, que motivos de separación y así deciden unirse, ante el Señor y pedirle luz para volver a la unidad.

¿Y no pasará lo mismo en nuestro mundo? ¿Acaso no hay más factores de unión que de desunión en las realidades que se nos presentan?

Es posible que esto nos haga entender demasiadas cosas. ¿Qué es lo que intenta el mundo de hoy?: destruir la unidad y fijaos parece que no va mal encaminado. ¿Dónde está la fuerza? En la unión. ¿Qué hacer para destruirla? Disgregar, romper, fragmentar, separar… Y ahí lo tenemos. Objetivo: romper la unidad familiar, fragmentar la unidad nacional, separar a los ciudadanos de todo lo que suene a religioso, deshacer la iglesia… ¿Y esto para qué? Para crear una sociedad laicista, progresista, libre, autónoma… Una sociedad en la que cada uno sea libre para hacer “lo que le apetece”; sea libre para vivir su vida echando fuera de ella todo lo que puede estorbarle, sea mujer-marido, padre, hijos, hermanos, amistades… “quiérete a ti mismo” no vivas frustrado.

Y llegando a este punto quizá lo que más convenga sea callar y mirar. No hay nada que apuntillar, nada que demostrar, los hechos se exhiben por si mismos.

*  ¿Cuántas separaciones ha habido en el último año?

*  ¿Cuántas difamaciones se han echado en cara nuestros políticos –incluso algunas por si cuelan?

*  ¿Cuántos esfuerzos se están haciendo para ir prescindiendo de la Iglesia?

*  ¿Cuántas calumnias se han vertido sobre ella –sobre todo porque saben que la iglesia no va a pagarles con la misma moneda?

Y aquí lo tenemos. A pesar de todo, Dios, misterio de amor, unidad en tres personas, que viven dándose y amándose sigu en comunicació con el ser humano en un mundo lleno de imperfecciones.

Jesús quiere que todos seamos uno, sin elección de personas, sin separar a nadie. Él no elige a los libres de pecado sino a cada ser humano de un mundo traidor al que ha venido a redimir.

Aquí está el amor de Dios llegado al límite. El amor de Dios que pide al Padre la unidad, a pesar de estar palpando la existencia de la incomprensión, la traición, la hostilidad y el rechazo.

Cuesta asimilar que sea a unos seres así a los que ama Jesús, que por unas personas así sea por las que está dispuesto a cargar con la Cruz.

Y es por ellos por los que Jesús reza, suplica, pide… en este sermón de la Cena que Juan nos narra.

Ante estos hechos deberíamos estremecernos, caer de rodillas y decirle al Señor:

  • Aquí estoy, Señor, para que me prestes tus ojos      cuando trate de mirar al que no piensa como yo.
  • Aquí estoy para que me des fuerza para creer.
  • Aquí estoy para dejarme modelar  por Ti.
  • Aquí estoy dispuesto a vivir en unidad y fraternidad      con todos los hermanos.
  • Y sobre todo, aquí estoy, para decirte,      balbuceando y temblando, que quiero comprometerme contigo hasta el final.