La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Todos tenemos un precio

Una ola de corrupción nos invade, especialmente en la vida política; que, por otra parte, debería ser un modelo de comportamiento para toda la sociedad. La crisis que padecemos es sobre todo moral.  El ambiente materialista  y relativista ha contribuido a esta degeneración,  ya que  los valores que predominan  son el dinero, el poder y el “todo vale”. La corrupción está tan extendida que se llega a afirmar que todos tenemos un precio. Y algunos recuerdan  que hasta Jesucristo fue valorado por Judas en 30 monedas de plata. Así que ante esta claudicación de no pocos, no puede sorprendernos el desconcierto reinante.

Sin duda, caben soluciones porque estamos hechos para el bien, y no podemos caer en el derrotismo. La regeneración es urgente. A parte de las medidas del Gobierno y de los partidos, pienso que los puntos clave de la regeneración social, están en la formación en valores, especialmente en la educación y en la familia, a los que hay que proteger de manera urgente. Y entre estos valores  cobran especial relevancia: inculcar un espíritu de servicio tantas veces olvidado, la relación entre la libertad y la responsabilidad, el sentido del sacrificio, la laboriosidad, la veracidad, la solidaridad,  la justicia y la transcendencia de la vida. Y es que la dignidad humana no tiene precio, tiene un valor incalculable en sí misma. ¿Quién puede valorar la sed de justicia y de verdad en el hombre, su capacidad de amar, sus deseos de felicidad?. Y por eso rechaza  todo lo que pueda ser injusticia, mentira, corrupción y odio.

En definitiva, el hombre es más de lo que piensa de sí mismo. A la verdad sobre el hombre no se puede llegar solamente con la razón.  Afirmaba  Pascal: “El corazón tiene razones que la razón ignora”.

Como sostenía Sócrates : “Si la muerte acaba con todo, sería ventajoso para los malos”. Las injusticias tan patentes en esta vida claman por una limpieza que nos deje ver la verdad.

Rafael Campoamor- Elche