La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Lo de Rato y Güemes, ni ético ni estético.

magdalenadelamo Magdalena del Amo, periodista.- En fundidos encadenados desfilan ante mí las imágenes del mundo, de esta realidad fría de enero. Sin fronteras ni distancias ni tiempo vagan las ideas que sutilmente permean esta sociedad relativista y simplona, que se afana en parecer, olvidando el ser de su más genuina esencia. ¡Es la economía, estúpido!, acuñó aquel frívolo James Carville, asesor del demócrata Clinton. Nosotros sí que somos estúpidos, seducidos por el pagano dios Mammon, erigido en motor y totem de nuestras vidas, y a quien tributamos lo mejor de nuestra existencia.

Merkel, De Guindos, Montoro, la prima de riesgo, las agencias de calificación y los mercados copan parte de la información diaria; el resto se rellena con deporte, asuntos morbosos de accidentes y desgracias varias, además del desfile de Victoria Secret, que en esta época decadente se ha convertido en noticia de telediario de las tres. Todo sea con el fin de alimentar el estrato emocional del espectador pasivo. Menos mal que en medio de todo, los afectados por las preferentes y las subordinadas pueden dejar oír sus reivindicaciones.

Los asuntos de corrupción política e institucional también tienen su espacio asegurado, cosa que contribuye no solo al pésimo concepto que la ciudadanía tiene sobre sus gobernantes, sino a la pérdida de confianza en ellos e incluso al encanallamiento social. Para colmo la Monarquía ha puesto al sol sus miserias de sesiones de caza, faltas y negocios turbios. Y a pesar de los perdones y las estrategias para recuperar la buena imagen perdida, una vez abierta la caja de Pandora, a ver quien la cierra. Y esta sociedad nuestra, cuyo alimento cultural es la televisión, y por tanto, tan amante del chisme y el linchamiento, quiere ver a Urdangarín en la cárcel y a la Infanta imputada.

En días pasados asistimos con estupefacción al nombramiento de Rodrigo Rato como consejero asesor de Telefónica, con una asignación millonaria aunque “sin cargo de responsabilidad”. La operación no es ni ética ni estética si recordamos que fue él quien privatizó la empresa estatal, y que además está imputado por varios delitos en su paso por Bankia.

Este fin de semana el protagonismo lo llevó el exconsejero de Sanidad de la comunidad de Madrid, Juan José Güemes, designado también consejero de uno de los laboratorios que gestionan los análisis de seis grandes hospitales madrileños que él había privatizado. Cierto que es legal puesto que ya ha transcurrido el tiempo que la ley estipula, pero no es estético, máxime cuando las mareas blancas invaden las calles de la capital de España contra las privatizaciones. No quiero dejar la oportunidad de recordar que la esposa del exconsejero es la polémica diputada de PP, Andrea Fabra, que recibió de Bankia un crédito por importe de 1.200.000 euros, hija del no menos polémico y peculiar presidente del PP de Castellón al que le tocó la lotería en nueve ocasiones por lo menos, y que se hizo famosa por el exabrupto “que se jodan”, desde la propia bancada del Congreso, dirigido a los parados, cuando Rajoy les recortó la prestación por desempleo. Si es que ya lo dice el refrán: “Dios los cría y ellos se juntan”.

En el mundo relativista de hoy, los avances de Patarroyo en su investigación sobre la vacuna contra la malaria, las últimas iniciativas y logros de Misioneros del Mundo o el discurso de quien abogue por una vida ordenada y plena no son merecedores de un titular destacado. Eso sí, siempre habrá un lugar de honor para el lanzamiento de propuestas alentadoras del nuevo paradigma, coadyuvantes de la nueva sociedad convertida al laicismo radical, una religión en toda regla con sus santones, dogmas y ritos. La ideología totalitaria denominada “feminismo de género”, nada tiene que ver con la equiparación de los derechos entre hombres y mujeres, y sí mucho con la destrucción de los valores. Y, como le decía don Quijote a Sancho, “de esto te podría contar tantos ejemplos que te cansara”. Pero esto será otro día.