La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

“Atrapa un millón” y los animales…

Manuel Cruz.-

En uno de los concursos más vistos de la televisión, en el que se pone en juego hasta un millón de euros para quien responda a una serie de ocho preguntas, suelen aparecer con frecuencia dos temas genéricos: uno, “animales” y otro “religión”. Para animar a los participantes a la elección y, de paso, calentar el ambiente entre los espectadores, el popular presentador y actor, Carlos Sobera, se permite dos tipos de intervenciones que se repiten invariablemente en cada programa.

Por un lado, cuando aparece en la pantalla el tema “animales”, suele dirigirse al público con una interjección que pudiera parecer un insulto pero que no lo es por la empatía que establece con los asistentes, a los que se dirige diciéndoles a voz en grito: “¡¡Animales…!!” Por supuesto, nadie se molesta porque no es esa su intención. Pero cuando aparece el tema “Religión”, generalmente rechazado por los concursantes, Sobera les pregunta entre admirado y sorprendido: “¿Es que no vais a Misa los domingos?”, con lo cual vincula la cultura religiosa de quienes deben responder a las alternativas-encerrona que se le ofrecerían, con el mandamiento semanal… que por lo general no cumplen.

¿Tienen alguna relación entre sí los supuestos conocimientos de los concursantes, llamados a dar una respuesta coherente a las preguntas que se desvelan después del enunciado de los temas, en este caso tan dispares en apariencia? Obviamente, si, en la medida que la animalidad suele ir pareja a la ausencia de sabiduría… que radica precisamente en el conocimiento de Dios o, por simplificarlo, de la religión. Y por ello, en un asunto tan baladí como este concurso en el que, por demás, la respuesta acertada suele estar más relacionada con el sentido común que con los conocimientos en la materia propuesta, no puedo soslayar su vinculación a uno de los fenómenos culturales y sociales que caracterizan la crisis que padecemos: el subdesarrollo humano que ha extendido la desvinculación del hombre con la verdad de su ser. O, como decía Benedicto XVI en su cada vez más actual encíclica “Caritas in veritate”: la falta de sabiduría, de pensamiento, de reflexión, para tener una clara visión de los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales que acompañan en su vida al ser humano.

El fenómeno consiste en una auténtica paradoja: a medida que se desarrolla la ciencia y la tecnología, lo que en definitiva debiera acercarnos a la sabiduría, parece que nos alejamos del deseo de saber quiénes somos en realidad y qué objeto tiene nuestra vida. A esta paradoja se añade un hiperdeseo de bienestar que ha desarrollado, hasta límites que ya conocemos por la crisis, la ambición y la codicia de quienes se sienten más preparados para enriquecerse. El resultado es una corrupción generalizada de los hábitos sociales que están conduciendo al hombre hacia un conflicto social que se traduce, de momento, en el desapego creciente de la política y hasta de la democracia como el mejor instrumento para la convivencia.

Es evidente que las ideologías de moda, desde el liberalismo a ultranza hasta el neosocialismo basado en el relativismo que tanto ha impulsado la filosofía de género, tienen mucho que ver con ello. De esta manera, junto a la ingeniería social puesta en practica, se ha desarrollado una ingeniería financiera que se ha aprovechado al máximo de la incultura de buena parte de la sociedad, para enriquecimiento de unos pocos a costa de muchos. Ya sabemos cómo se gestó la crisis, al romperse la burbuja inmobiliaria, artificialmente inflada con las hipotecas basura, los bonos basura y las “preferentes” basura. Pero los actores no solo han sido los “gangsters” financieros -ya se les empiezan a llamar “banksters”- que lanzaron al mercado bicocas como esas participaciones “preferentes” que en España han dejado sin ahorros a decenas de miles de pensionistas, sino los que confiaron en ellos con el señuelo de los elevados intereses prometidos con engaño.

Sí, lo que se ha desarrollado al socaire del relativismo y el consiguiente alejamiento de la verdad sobre el hombre, -por favor, léanse de nuevo, si es que la han leído, la encíclica antes citada- es una deshumanización de las empresas, de los bancos y, por ende, de la política. La arrogancia, la avaricia, la codicia, se han convertido en los principales enemigos de la democracia y de la sociedad al convertir en un dogma lo que se llama en economía “maximación” de los beneficios que, por cierto, es algo común en muchas escuelas de negocios. De esta manera, el bien común se ha convertido en la víctima propiciatoria del bien particular. El hombre cada vez más lobo para el hombre…

Esta es la auténtica corrupción de lo humano, la que hace posible esa otra corrupción que estos días nos escandaliza, como ha sio la utilización probada de fondos públicos para beneficio de un partido, – presidido, oh causalidad, por uno de los pocos líderes que se llaman a si mismos democristianos- pero que tan solo es consecuencia de la primera. Que Duran Lleida dimita o no, es secundario. Antes que él debieran no dimitir, sino ir a la cárcel, cuantos han contribuido a la degradación moral y social de nuestra democracia. ¿Cómo confiar en la política, en los grandes empresarios, en los bancos, en los sindicatos, en los partidos? Vamos, hombre, empecemos por recordar quiénes somos y pongámonos todos la mano en el pecho: quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra…