La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Las crisis silenciosas

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Las crisis son inherentes a la evolución de las sociedades y van cambiando con cada tiempo histórico. Unas son bélicas; otras, políticas; otras, económicas; otras, sociales, culturales, morales, existenciales, ambientales, etc. Y cada una trae consigo su propio malestar, sus propias turbulencias, sus propios cambios.  LuisIMartinez

 

Entre crisis y crisis suele darse un período de tranquilidad, un tiempo de reflexión que no aprovechamos para analizar las causas, ni las consecuencias, ni prevenir las venideras. De ahí que cuando inesperadamente llegan, surjan las improvisaciones de última hora y las reuniones urgentes de los “gabinetes de crisis”, que muy poco pueden hacer.

 

Es sabido que nuestra existencia física discurre navegando sobre unas placas tectónicas que se deslizan, amenazadoras, sobre la corteza terrestre, aunque apenas lo percibimos. Sólo tomamos conciencia del fenómeno cuando estos gigantes chocan entre sí llegando a producir devastadores terremotos o maremotos causantes de terribles catástrofes naturales y humanitarias.

 

Las crisis económico-financieras se producen también por el deslizamiento incontrolado de otra clase de placas, las del mercado económico-financiero global. Con movimientos más  sutiles, más silenciosos y sin la espectacularidad de los tectónicos, aunque  más devastadores que éstos, su efectos son dramáticos, arrojando al paro y al hambre a millones de seres humanos.

 

Los Estados, al menos los de las “sociedades avanzadas”, suelen disponer de Institutos y Organismos dotados de los instrumentos necesarios para predecir los terremotos y otros fenómenos naturales. Pero, lamentablemente, carecen de “sismógrafos” que permitan detectar las turbulencias económico-financieras y actuar preventivamente.

 

La ciencia económica es escurridiza, no siendo fácil prever la evolución de sus  erráticos movimientos. Aún así hay economistas que poseen el don de la quirología e interpretan con lucidez las líneas de las “manos” de la economía. Pero, ¿quién les hace caso?… No, desde luego, los políticos -y menos si están en el poder- que,  demagógicamente, prefieren su silencio a un discurso inconveniente para sus fines. Tal vez piensen, en su necedad, que poniendo mordaza  a la evidencia, desaparecerá ésta.