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El Cardenal Rouco: “Que los Reyes Magos hayan traído a todos el don de la alegría de la Navidad renovado”

El pasado domingo, 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló de esta fiesta en el informativo diocesano de Cope, manifestando su deseo de “que los Reyes Magos hayan traído a todos el don de la alegría de la Navidad renovado”. Para el Cardenal, esta festividad “en la tradición popular es muy hermosa, en España y también en otros países de Europa. Los niños se ven con el Niño Jesús de Belén acompañados por esos tres Magos de Oriente que, primero, lo reconocen como el Mesías prometido y le llevan dones, reconociendo en él la persona por la que viene la salvación en esa forma que llega al corazón del hombre, y en otras formas, como el amor de Dios que se hace caridad y el amor del hombre que se hace teologal. Los niños pueden aprender mucho de esa lección: de ese dejarse acompañar por los Magos, que los llevan hasta la cuna del niño, y de ese momento de los dones presentados al Señor, como una especie de invitación. Hacer participes a todos los niños de ese gran don del Hijo de Dios hecho Carne por nosotros, de la Palabra hecha Carne por nosotros, de esa Palabra que es Vida, Amor, salvación para el hombre”.  rouco_varela

Y manifestó su deseo de “que los Reyes hayan traído a todos el don de la alegría de la Navidad renovado. Dice la tradición patrística, y una gran tradición de la devoción cristiana, que el oro representaba ese reconocimiento del Niño Jesús como Rey, que el incienso era el reconocimiento como el Hijo de Dios, Salvador del hombre, y que la mirra era como el reconocimiento de que Él nos va recibir a través del misterio de su pasión. Que esos dones de la fe que reconoce que Dios reina, que puede reinar en tu corazón y en tu vida, que Dios te va a llevar por un camino de amor, sean un regalo para todos en esta fiesta”.

Además, en su intervención el Cardenal hizo un balance de esta Navidad, señalando a su juicio que se ha vivido este tiempo, “en la vida de la Iglesia en Madrid y en otros lugares de España y de Europa” con “un profundo acento familiar. De por sí, la Navidad es una fiesta litúrgica que lleva consigo un acento muy hondo desde el punto de vista de su vivencia en familia, tanto en relación con el ir juntos a la famosa Misa del Gallo como con el hecho de la reunión familiar, donde todavía la familia mantiene un mínimo de unidad entre las generaciones. De por sí, la Navidad es una fiesta muy familiar. Y litúrgicamente, terminando la octava de la Navidad, la Iglesia nos pone delante el modelo de la Sagrada Familia, que es donde nace el Señor y donde después crece, madura, se desarrolla –como dice San Lucas- ‘en estatura, en edad, en gracia y en sabiduría delante de Dios y de los hombres’. Por eso, se puede decir que esta Navidad del año 2012 ha sido una Navidad muy familiar, vivida en torno al gran misterio de la Sagrada Familia y en torno al Evangelio de la Familia, a lo que supone la verdad y el valor de la familia para el hombre en general, en todos los tiempos, y de una manera especialmente urgente y grave para el hombre y la sociedad de estos días”.

En relación a la fiesta de las Familias vivida en Madrid los días 28 y 29 de diciembre en los Jardines del Descubrimiento, junto a la Plaza de Colón, dijo que en “esos días predominaron, como era de esperar, las familias madrileñas. Las familias que han venido de otras partes y de países europeos llegaron el día anterior, y algunos se sumaron a las 40 horas de oración ininterrumpida. Estuvo muy interesante subrayar el valor de esa preparación espiritual, que implica abrir el corazón a la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, precedida de la vivencia de esa presencia del encuentro con él en el sacramento de la Penitencia. Toda gran celebración litúrgica, si no va precedida de una profunda preparación espiritual interior, termina siendo un fenómeno más o menos bello desde el punto de vista de la estética de la celebración –en el mejor de los casos- o festivo, desde el punto de vista de un cierto buen ánimo o tono que pueda dominar la asamblea…Pero, en cualquier caso, siempre algo muy superficial, que se queda reducido a una representación poco menos que teatral…”.

“Por eso, la gran celebración del Día de la Familia precisaba en estos momentos, mucho, de esa preparación espiritual de fondo vivida directamente por muchas familias de Madrid. Muchos padres, madres, niños y abuelos pasaron por delante del Santísimo Sacramento. Esto supuso para el fruto pastoral de la celebración de la festividad de la Sagrada Familia como una lección en relación con la pastoral familiar y con la pastoral en general. Toda acción pastoral que comienza y termina en un activismo más o menos ligero no da frutos de conversión ni de fe. En este año de la Fe, la piedra de toque de toda conversión personal y de toda fecundidad pastoral sí ha dado el sí de la fe, se ha avanzado en el convencimiento y la vivencia profunda del sí de la fe”, aseguró.