La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Creo en la familia como gran respuesta al amor de Dios

Julia Merodio, escritora.- Estamos en el Año de la Fe. Un año en el que revisaremos y renovaremos nuestra fe. Pero si todo lo que conlleva creer en Dios ya nos parece asombroso ¿qué nos parecerá el que Dios crea en nosotros?

La escena aparece plasmada en el Génesis, primer libro de la Biblia. En él se nos presenta cómo Dios, siendo Dios, cree de tal manera en el ser humano que, en una explosión de amor, decide crear la humanidad.

Para ello no duda en hacer al ser humano. Un ser salido de sus manos como su gran apuesta, su tesoro, su proyecto de amor…

Dios como Padre, necesitaba crear a un ser que fuese capaz de continuar su magnífica creación, capaz de seguir construyendo esa humanidad en la que Él había creído; un ser capaz de: crear, amar y dialogar como sólo Él sabía hacerlo.

Es entonces cuando Dios crea al hombre. Aunque es la obra más grande de su creación, al mirarlo lo ve incompleto. Un ser solitario no podría crear, ni dialogar, ni amar y lo que es peor se amaría a sí mismo como expresión de puro egoísmo.

De ahí las sorprendentes palabras que, el narrador pone en boca de Dios al contemplar su obra: “no está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera”.  Y al comprobar Dios que juntos podrían cumplir su sueño el narrador plasma la calificación que Él da diciendo: “Y vio Dios que era muy bueno. Dios, amaba tanto su creación que la situó en el “Jardín del Edén” sitio donde la plenitud de la felicidad estaba asegurada.

Pero la falta de Fe del ser humano propició la caída. Dudan de Dios y sucumben a la tentación. Llega el momento de las acusaciones. Cada uno culpa al otro, han dejado de creer en la persona que tienen al lado, para juntos dudar de Dios.

Ante nosotros aparece el primer pecado surgido de la falta de Fe, hecho invariable en el momento actual ¡cuántas separaciones surgidas por la infidelidad de los esposos! ¡Cuántos desencuentros surgidos por la falta de fe, en ellos mismos y en Dios!

Y es que, si tuviera que buscar un pilar donde se apoyase la familia éste sería la FE: Nadie puede dudar de que la familia insertada en este momento crucial de la historia, necesita una renovación honda y profunda. Por eso lo primero que tenemos que hacer es situarnos ante nuestra relación matrimonial delante de Dios, para ver cómo influyen nuestras experiencias de cada día en aquel SI que, un día ya lejano nos prometimos delante del Señor.

Todos buscamos la felicidad, todos necesitamos amar y sentirnos amados y para ello es necesario creer en el otro.

Si queremos tener una relación intima y responsable, tendremos que examinarnos de la fe; tendremos que preguntarnos una y otra vez ¿creo en mi esposo/a?

Si hay algo por lo que un montón de matrimonios se separan es por la falta de compromiso, por la falta de fidelidad.

Quizá todavía no hemos sido capaces de entenderlo. La fidelidad es la fe que cada uno tiene en el otro. La fidelidad es el SI renovado cada día.

Porque la fe es el riesgo de la confianza, y confiar en el otro es dejarse encontrar hasta en las cosas que más escondemos.

Pues sin darnos cuenta, muchas veces en la comodidad escondemos el egoísmo; en el miedo la cobardía; en la soledad la falta de ilusión.

Confiar es tener fe en que sea yo como sea el otro que me va a querer. Darme cuenta de que, cuando me llega el dolor producido por la falta de fe, en lugar de enfrentarlo busco calmantes que me lo escondan y me instalo en la indiferencia, en la crítica, en la falta de cariño… sin darme cuenta de que, eso no sólo es malo, sino que es desastroso.

Por eso os invitaría a poneros hoy –día de la familia- uno al lado del otro, miraros a los ojos y preguntaros ¿creo en ti? ¿Confío de verdad en ti?

Surgirán un montón de deficiencias, notaremos que en el aspecto de la fe hay mucho que sanar, pero buscaremos el medicamento apropiado para tanto desencanto, tanta indiferencia, tanta deslealtad… encontrando ese medicamento tan necesario que será: el Perdón.

El perdón nos llevará a descubrir lo que en el otro hay de verdad, de bondad, de belleza… y nos dará fuerza para ser capaces de decirlo.

Jesús nació, creció y aprendió todas estas generosidades en el hogar de Nazaret, vamos a pedir la gracia de que fijándonos en ese hogar de Nazaret, vayamos aprendiendo a vivir también nosotros y de manera nueva nuestra realidad.