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Javier Cremades dice que la Fiesta de la Familia es «una ocasión formidable de encuentro con el Señor»

E. C.- El próximo domingo 30 de diciembre la Iglesia celebra la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. Con este motivo, hemos hablado con el nuevo Delegado Episcopal para Actos Públicos, Javier Cremades, quien nos ha comentado cómo afronta esta nueva etapa y cuáles son los problemas que afectan a la familia hoy.  cremades

¿Cómo afronta esta nueva etapa como Delegado de Actos Públicos de la Diócesis de Madrid?  

Con mucha esperanza y confianza en Dios porque cuento con la bendición del Sr. Cardenal y porque en años anteriores, con Mons. Antonio Astillero, se ha trabajado mucho y bien. Además, cuento con numerosos colaboradores, con muchas mujeres y hombres, sacerdotes y laicos, de nuestra diócesis que rezan por estos trabajos y cooperan generosamente en múltiples actividades, unidos a los afanes de los pastores, con un gran dinamismo evangelizador y un fuerte sentido de comunión eclesial.

¿Cuáles cree que son las prioridades para las familias madrileñas en la sociedad actual? 

El Santo Padre y el Cardenal de Madrid las han recordado con frecuencia en sus enseñanzas. La prioridad esencial es y será siempre la identificación con Cristo, la búsqueda de la santidad por parte de cada miembro de las familias.

En concreto, las familias madrileñas, que viven en ciudad de una tradición cristiana multisecular, donde han vivido tantos santos y que ha sido regada por la sangre de tantos mártires, tienen una responsabilidad especial cara a la Iglesia entera. Han recibido mucho y se espera mucho de ellas.

Por otra parte es significativo que el Patrón de Madrid sea un padre de familia. Las familias madrileñas tienen en San Isidro y Santa María de la Cabeza, que supieron poner a Dios en el centro de sus vidas, un ejemplo no sólo para admirar sino para esforzarse por encarnar en sus vidas, afrontando los retos específicos del siglo XXI.

En este año de la fe, ¿cuáles son las bases sobre las que trabajar para los próximos meses? 

En primer lugar, la oración. Por esa razón hemos querido preparar la Fiesta de la Sagrada Familia con una vigilia ininterrumpida de adoración al Santísimo Sacramento. Él es la fuente de la fe, de la gracia, del ardor evangelizador. Sin  Él no podemos hacer nada; y con su gracia, lo podemos todo.

¿Qué les diría a las familias madrileñas con ocasión de la Fiesta de las Familias del 30 de diciembre de 2012?

Les animaría a invitar personalmente a esta Fiesta a sus amigos y conocidos alejados de la fe, en tantos casos por falta de una catequesis adecuada. No es una fiesta de autocelebración, sino una ocasión formidable para miles de personas de encuentro con el Señor. Y para eso es necesario llenarse de fe en la gracia y hablar de Dios con visión sobrenatural, alegría, espíritu positivo y entusiasmo: hay muchas personas, muchas familias que desean ese encuentro con el Señor.

Ya se han dado a conocer algunas novedades, como la carpa que se colocará en los Jardines del Descubrimiento desde el día 28 en la que habrá 40 horas de adoración, ¿se darán a conocer más detalles? 

Sí; este año habrá algunas novedades y muy variadas. En la Carpa de Adoración al Santísimo Sacramento habrá posibilidad de acudir al Sacramento de la Reconciliación, que tantas veces se llama, y con razón, el Sacramento de la Alegría, por el gozo que ese reencuentro con Dios produce en tantas almas.

¿Cómo nos invitaría a vivir el Adviento o la Navidad, la oración en familia en la Cena de Nochebuena… ?

Con un hondo espíritu cristiano: la contemplación, en los brazos de la Santísima Virgen y de San José, de un Niño-Dios que nace en pesebre debe llevarnos a vivir  estas Navidades con especial austeridad y a ejercer la caridad con los más necesitados. ¡Hay tantas familias en paro, que están bajo la amenaza del desahucio; tantas personas en soledad…! Aconsejaría leer y rezar el libro que acaba de publicar el Santo Padre sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, y sacar, tras esa lectura, decisiones de caridad sincera y entrega a los otros.

Esa generosidad –conviene recordarlo una vez más, porque así lo enseña la Iglesia- no es un “más a más”: es, para el cristiano, cumplir con sus obligaciones de justicia, como creyente y como ciudadano responsable en este momento crítico que atraviesa nuestra sociedad.