La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Llorar con Newtown

Desde el pasado viernes estamos todos sobrecogidos por la matanza que sacudió la pequeña ciudad de Newtown, que ha dejado 27 muertos, 20 de ellos niños muy pequeños. En las últimas horas se han hecho ya muchos análisis políticos y sociológicos. Todos son necesarios pero el horror vivido, como decía el gobernador de Connecticut, Dan Malloy, es una ocasión para poner en juego lo aprendido sobre el sentido de la vida y de la muerte. Malloy hablaba de poner el juego la fe. Estados Unidos llora y reza desde el viernes. Son las paradojas de un gran país donde la pregunta por el misterio de la vida no se censura. Un país, sin embargo, donde el individualismo y la desestructuración familiar han generado un tremendo desierto humano. En ese desierto, en el que muchas personas están solas y enfermas, la violencia crece en muchas conciencias sin freno. Y la libertad para comprar armas se ha convertido en un peligro creciente.

Lo más humano y lo más esencial ante una tragedia como esta es no dejar de preguntarnos cómo es posible que el mal haya aparentemente triunfado sobre la vida de unos inocentes. La respuesta no es fácil y posiblemente tardaremos en conocerla. Pero la fe sí aporta la certeza de que ese mal ha sido vencido, la seguridad de que la vida de los niños muertos no ha sido absurda, está en las manos de un amor infinitamente tierno.