La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Niños congelados y niños abortados

Francisco Rodríguez Barragán. Licenciado en Geografía, Historia y Derecho.- El hallazgo de los cadáveres de dos niños recién nacidos en el congelador de la casa, ha herido nuestra sensibilidad. De inmediato se ha puesto en marcha la maquinaria investigadora y judicial y la gente espera que la persona culpable sea castigada.  

En cambio poca gente  se escandaliza de la muerte de más de cien mil niños al año, masacrados en el seno materno, cuyos cadáveres son incinerados como residuos de quirófano de las clínicas “autorizadas para la interrupción del embarazo”

Destruir los huevos del halcón peregrino, matar una cría de lince ibérico, un lagarto o un sapo de colores, es un delito que debe ser perseguido, ya que no puede ponerse en peligro el equilibrio ecológico, ni la reproducción de las especies. Pero la especie humana, culmen de toda la creación, no goza de tantas garantías. Es más, para algunos activistas, el género humano es una especie de cáncer que le ha salido a la “madre tierra” que debe ser controlado y reducido a través de medios anticonceptivos, incluido el aborto.

Luego celebraremos el Día de los Derechos del niño, aunque millones de niños no gozarán de ninguno ya que fueron eliminados antes de nacer, ante la indiferencia de la gente, de la misma gente que se escandaliza con los niños del congelador.

La gente tiende a creer que lo que una ley autorice hay que aceptarlo como correcto. Las leyes se aprueban por mayoría de nuestros representantes, pero no podemos pensar que la democracia nos obliga a creer que la mayoría parlamentaria tenga siempre razón y  ni siquiera la mayoría de la población que vota un referéndum.

El aborto por muy legalizado que sea, es una desgracia que está destruyendo a toda Europa, cada vez más envejecida, con una tasa de natalidad tan baja que no garantiza la reposición generacional. No pasarán muchos años para que otros pueblos nos ocupen y desaparezcamos, pues nos estamos suicidando, mientras hablamos de economía.

Es curioso que la palabra “matrimonio” está desapareciendo de nuestra lengua sustituido por la palabra “pareja”, aunque se utilice extrañamente paras las uniones de personas del mismo sexo. Todos los elementos que configuraban la célula básica de la sociedad es están diluyendo, por mor de las leyes que han eliminado las hermosas palabras de esposo y esposa, por el ambiguo contrayente, las de padre y madre por progenitor uno y progenitor dos y para borrar de raíz la palabra familia, se ha eliminado la expedición del Libro de Familia. Todo lo aceptamos pasivamente.

Es necesario desmitificar los poderes de los que nos gobiernan. Los hemos elegido para que administren la cosa pública con economía, transparencia y honestidad y se responsabilicen del resultado de su gestión. Pero ¿se da algo de esto?

No lo hemos elegido, pienso yo,  para que decidan por nosotros acerca del bien y el mal, ni para que nos otorguen nuevos derechos inventados, sino para que respeten los que cada uno tenemos por ser personas libres.