La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Santo Padre recuerda que «los derechos y los deberes dependen primariamente de la ley moral natural»

Con alegría Benedicto XVI recibió ayer a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz, encabezados por su Presidente, el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, a quien agradeció las palabras que le dirigió al inicio de este encuentro, junto a los demás miembros del dicasterio.

En su alocución, el Papa destacó que realizan su Asamblea en este Año de la fe, tras el Sínodo de los Obispos dedicado a la nueva evangelización, así como al quincuagésimo aniversario del Concilio Ecuménico Vaticano II y – dentro de pocos meses – del aniversario de la Encíclica Pacem in terris del beato Papa Juan XXIII, contexto que de por sí ofrece múltiples estímulos.

Y añadió que de la antropología integral, que deriva de la Revelación y del ejercicio de la razón natural, dependen la fundación y el significado de los derechos y de los deberes humanos, como nos ha recordado el Beato Juan XXIII precisamente en la encíclica Pacem in terris (Cf. n. 9).

En efecto, dijo el Papa “los derechos y los deberes no tienen como único y exclusivo fundamento la conciencia social de los pueblos, sino que dependen primariamente de la ley moral natural, inscrita por Dios en la conciencia de toda persona y, por tanto, en última instancia de la verdad sobre el hombre y sobre la sociedad.

El Papa también afirmó que el hombre de hoy es considerado en clave prevalentemente biológica o como “capital humano”, “recurso”, parte de un engranaje productivo y financiero que los domina. De ahí que si por una parte, se sigue a proclamado la dignidad de la persona, otra, nuevas ideologías – como la hedonista y egoísta de los derechos sexuales y reproductivos o la de un capitalismo financiero desordenado que prevarica sobre la política desestructurado la economía real – contribuyen a considerar al trabajador dependiente y su trabajo como bienes “menores” y a minar los fundamentos naturales de la sociedad, especialmente la familia.

Después de recordar que el beato Papa Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris ha motivado el empeño por la construcción de una comunidad mundial, con una correspondiente autoridad a partir del amor, y del amor por el bien común de la familia humana.

Antes de impartirles su bendición apostólica, Su Santidad concluyó agradeciendo al Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz porque junto a las demás instituciones pontificase, se ha prefijado profundizar las orientaciones ofrecidas en su encíclica Caritas in veritate. Y se despidió con el deseo de que la Virgen María, quien con fe y amor ha acogido en sí al Salvador para darlo al mundo, nos guíe en el anuncio y en el testimonio de la Doctrina social de la Iglesia, para hacer más eficaz la nueva evangelización.