La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
CONVERSATION BETWEEN BELIEVERS AND NON-BELIEVERS

CONVERSACIONES. Capítulo XXIII: Amor y enamoramiento

ABSTRACT

Chapter XXIII: “Love and falling in love (“Amor y enamoramiento”).

Marias says love is not an act but a state, a human installation, a psychic reality that occurs due to two conditions: the sexed condition, allowing disjunction male-female, and the corporeal, is the body who introduces the person. For Marías falling in love takes place when “person I’m in love becomes my project”. Love transforms the person, producing “an ontological change in its internal”. A person is essential to share the project of life; love allows self-expression and personal authenticity. The dimension of corporeality is essential because «We fell in love with a person, who is certainly corporeal, then we love his body, precisely because it is his own”. Therefore the body is an element of dialogue between man and woman. Marías includes friendship as part of human coexistence.

 

A continuación nos adentramos en el Capítulo XXIII: Amor y enamoramiento de Julián Marías Antropología metafísica.

 

Hemos visto en el capítulo anterior como por la disyunción sexual entre varón y mujer surge una mutua proyección que origina una necesidad personal, la cual podrá convertirse en un proyecto que envolverá a todo el ser: el enamoramiento, y que supone una instalación vectorial de toda mi realidad.

El amor no es un acto, sino un estado, o como dice nuestro filósofo, una instalación humana, una realidad psíquica que acontece gracias a dos condiciones: la sexuada, que permite la disyunción varón-mujer, presentándose el hombre como enamoradizo, y la corpórea, siendo el cuerpo quien presenta a la persona. Qué es para nuestro filósofo el amor: “instalación en la vida biográfica y desde esta instalación se ejecutan actos. Unos son amorosos y otros no, pero se hacen desde la instalación amorosa”[1]. Su origen está, “lo que hace que las actitudes de orientación hacia el otro sexo adquieran un carácter amoroso, en la adivinación de que la realidad sobre la que se dirigen  es una persona”[2].

Al concepto de amor le corresponde otro, vector. Esto es así porque para Marías “La proyección hacia otra persona se encuentra con la de la otra que sale al encuentro […] Pero todavía hay más: las trayectorias de los dos, en buena proporción –no todas, ciertamente- se asocian, son conjuntas; cada una de las vidas tiene su propio argumento, pero hay un argumento de ambos, en el cual confluyen los que ahora se sienten como parciales”[3].

Qué es, por tanto, para nuestro filósofo el enamoramiento, “que la persona de la que estoy enamorado se convierte en mi proyecto”[4]. El amor hace que la persona se transforme, se produce “un cambio ontológico interno que, visto como proceso psicológico, desafía y a menudo hace añicos nos las costumbres públicas genéricas sino nuestras cristalizaciones privadas y nuestras conveniencias personales”[5].

En relación al amor y al enamoramiento plantea la siguiente pregunta: para qué necesito una persona. La necesito para que, desde ese momento, forme parte del proyecto de mi vida, “al amarla soy verdaderamente quien soy, en mi plena autenticidad, y siento que «antes» no era verdaderamente quien tenía que ser […] siente que había amado desde siempre a la mujer de la cual está ahora enamorado […] No es rigurosamente verdad que la ama desde siempre, pero sí es cierto que la ama el que siempre era, la ama ahora desde su realidad de siempre[6]. El yo se descubre en el tú, nos descubrimos en el otro haciendo que: “Una relación en la que nos sentimos íntima y recíprocamente habitados por ese alguien distinto y radicalmente único, es una relación personal que puede darse por la amistad y más intensamente por el amor […] al descubrir profundamente a una persona, nos descubrimos a nosotros mismos como tales”[7]

Esta ilusión por parte del enamorado ha llevado a considerar al amor como eterno: “el enamorado, a quien le parece estarlo «desde siempre», piensa que va a estarlo «para siempre»[8]. Y ha tenido como consecuencia considerar al amado como una cosa que poseo.

La próxima semana continuaremos adentrándonos con la exposición de la segunda parte del Capítulo XXIV: El temple de la vida.



[1] ROLDÁN, P., Hombre y humanismo en Julián Marías, Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1998, pág. 364

[2] MARÍAS, J., Mapa del mundo personal, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 128

[3] MARÍAS, J., Mapa del mundo personal, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 148

[4] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 165

[5] RALEY, H., Julián Marías: una filosofía desde dentro, Alianza Universidad, Madrid, 1997, Pág. 164

[6] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 166

[7] DE LA LLAVE CUEVAS, J., El proceso de autorrealización personal en la antropología de Julián Marías, Tesis Doctoral, Pontificia Università della Santa Croce, Roma, 2000, pág. 44

[8] MARÍAS, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pág. 166