La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Tasas si, vidas no?

Excmo. Sr. Ministro de Justicia / Estimado Sr. Gallardón:

Me dirijo a V.E./Vd. en su doble condición de Ministro del Gobierno de España y de persona individual, por eso encabezo así esta carta.

Con el derecho que me otorga haberle aplaudido, por este mismo medio, con ocasión de dos DECLARACIONES (lo pongo en mayúsculas para subrayar que sólo han sido eso, meras declaraciones y no acciones) anteriores suyas, me dirijo ahora a V.E./Vd. para proponerle una reflexión, si tiene V.E./Vd. tiempo.

Espero que no sea ignorada, como los mensajes que llegan a la dirección electrónica de atención al ciudadano de su partido (atencion2@pp.es) que no les agradan. Otros mensajes sí que los contestan, aunque sea mecánicamente.

Aplaudí su valentía al ANUNCIAR una reforma profunda de la injusta legislación del aborto impuesta por Zapatero. Le aplaudí, de nuevo y con mayor intensidad e ilusión, al ANUNCIAR la eliminación del supuesto de aborto eugenésico.

Después de tan contundentes DECLARACIONES, me llena de perplejidad que V.E./Vd. haya sido capaz de sacar adelante, casi “en horas veinticuatro”, su ley de tasas y no haya pensado que si hubiera empleado la misma celeridad en la modificación –no me atrevo a pedir la derogación, pues igual le da un ataque de risa a alguna ilustre Señoría- de la ley del aborto estaríamos ya salvando vidas humanas, porque ¿son humanas, verdad?

La misma perplejidad que me produce que el Tribunal Constitucional no dé prioridad al recurso contra el aborto, sabiendo que hay vidas en juego, y no sólo papeles. ¿”Bodas” si, vidas no? La misma perplejidad que me ocasiona que todo el mundo jurídico se haya lanzado, en tropel, a protestar por la “injusticia” de las tasas y siga tolerando tranquilamente la eliminación legal de vidas humanas. ¿Tasas si, vidas no?

Estamos viendo que, tanto V.E./Vd. como el Gobierno de España, cuando quieren pueden. Por favor, vidas si y ahora. Lo otro, todo lo otro, puede esperar.

Vicente Morro López