La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Esperamos a Quien viene

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- «Adviento… es un tiempo litúrgico que nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia”.  

 

En la Homilía de 28 de noviembre de 2009, S.S. Benedicto XVI fijó, con total claridad, el qué del tiempo espiritual que estamos a punto de comenzar y que no es otro que el Adviento.

 

Así, según el Santo Padre, en tal tiempo se nos invita a que, en actitud de contemplación nos demos cuenta de que Dios no sólo llega sino que está.

 

Pero, en realidad, este tiempo material, apenas unas semanas, nos sirve o, al menos, nos ha de servir, para mucho. Y mucho es lo que Dios espera de su semejanza.

 

En realidad, como ya hace mucho tiempo que pasó aquel primer Adviento en el que la Santísima Virgen María esperaba, ya cercano, el nacimiento de su único hijo, es más que cierto que más de una persona, de forma equivocada, pueda pensar que es lo mismo de siempre y que poco podemos celebrar si tantas veces lo hemos, ya, celebrado.

 

Es, tal pensamiento, o mejor, manifiesta, un desconocimiento total de lo que significa, en el fondo, la venida del Hijo de Dios al mundo y lo que supone el hecho mismo de que lo esperemos, siempre aún estando entre nosotros. Se quedó, como sabemos, y aquí está, siempre que dos o más nos reunamos en su nombre.

 

Pero ahora llega. Pronto nacerá Quien fue engendrado y no creado, el Hijo amado por Dios en quien se complace y Quien, en definitiva, habrá de salvarnos.

 

Y eso, todo eso, no podemos decir que sea poco importante o que suponga, sin más, una repetición de festividades y recuerdos. Al contrario es la verdad: con el Adviento traemos al ahora mismo lo que entonces sucedió pero es un ahora mismo que es eterno porque siempre se repite con acontecimiento real, cierto y gozoso.

 

Adviento que llega, que nos trae, con personas como Isaías, Juan el Bautista o la mismísima Virgen María, aquella joven que dijo sí al Ángel Gabriel cuando, seguramente, en el cielo, se contenía la respiración, nos trae, digo, todo aquello que nos es esencial para llevar una vida espiritual digna de ser así llamada. Adviento que es digno de llamarse tiempo de espera porque se espera a Quien es el todo.

 

Esperamos y lo hacemos en la seguridad de que viene. No es una seguridad basada en mitos o en historias que nos hayan contado a lo largo de los siglos. No. Esperamos porque es más que cierto que Jesús nació de la Virgen María, que vivió, que predicó y que murió en la cruz, tras una difícil Pasión. Y, por eso mismo, esperamos que nazca de nuevo para que se renueve, en el tiempo, nuestra salvación. Así somos de egoístas los creyentes…

 

Cristo nace porque Dios quiere

salvarnos.

Cristo viene  porque el Creador

es  misericordioso y quiere a su semejanza

libre de la muerte eterna.

Cristo llega porque el Todopoderoso

siempre es fiel a lo que promete.

Cristo, el Ungido, el Mesías, viene,

¿encontrará fe en el mundo?

 

Adviento que llega, pronto, Dios estará aquí entre pañales, hecho hombre y convertido en hombre. Dios, que ama a su semejanza por encima de toda traición de la misma, se pone en manos de su Madre María. Y nosotros, que miramos lo que sabemos va a pasar con gozo y alegría, sólo podemos dar las gracias por tanto Amor y tanta capacidad de perdón de parte del Creador.

 

Esperamos a Quien viene y viene a Quien esperamos.