La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

“La crisis ha generado que se piense más en la construcción de mercados que en la construcción de sociedades”

El XIV Congreso Católicos y Vida Pública ha reunido, en la mesa redonda “Solidaridad y Compromiso”, al presidente de Caritas en España, Rafael del Río Sendino, y a la presidenta en funciones de Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta, moderados por el representante en España de los Focolares, Ángel Bartol Gajate.

En la misma, del Río Sendino ha denunciado que “el interés de los mercados económicos se sobrepone ante los derechos y la dignidad de las personas”. Para el presidente de Cáritas Española la pobreza y excusión que soportan los inmigrantes es “la mayor injusticia y drama social que atraviesa la Unión Europea”. El mayor desafío que tiene el antiguo continente, en palabras del ponente, es concienciarse del verdadero problema y desechar el presente camino de “la construcción mercantil y no de la construcción de una sociedad más justa”.

Ha recodado que el objetivo principal de Cáritas es “conseguir que los más pobres se encuentren acogidos en la comunidad cristiana”. Así, la responsabilidad de los voluntarios es “compartir el pan con las personas más necesitadas y ofrecerles motivos de lucha y esperanza”, para “promover su desarrollo integral”. La base de la fe y la solidaridad están centradas en “el amor de cada cristiano y en la caridad de toda la comunidad”. Con todo ello, ha añadido, “Cáritas hace creíble el Evangelio”.

En su intervención, García Abrisqueta, ha subrayado que “la fe sin caridad no da fruto y la caridad sin fe queda a merced de la duda, dejándola vacía”. Del mismo modo, ha llamado a la sociedad a “compartir lo que tiene” ya que pese a ser conscientes de la época de crisis, “cualquier aportación es en sí misma generosa”. “Lo que da valor a la limosna es el hecho de que refleja e inspira amor”, ha añadido.

El ejercicio solidario de Manos Unidas se presentaba en sus inicios como “una aventura por un reto desproporcionado” que se refiere a la lucha contra el hambre. Para García Abrisqueta, el desafío pedía una “generosa implicación personal y es ahí donde late la respuesta de la fe”.