La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Diócesis para Dios y para el hombre

Eleuterio Fernández Guzmán. Licenciado en Derecho.- La Iglesia diocesana tiene un día en el que recordamos, de manera especial, la labor que realiza la misma. Este año es el domingo 18 de noviembre.  

El lema de este año es “La Iglesia contribuye a crear una sociedad mejor. Ayuda a tu parroquia, ganamos todos” y nos pone sobre la mesa lo que supone para nosotros pertenecer a una de las muchas diócesis que componen la Iglesia católica.

Deberíamos preguntarnos qué celebramos cuando celebramos el Día de la Iglesia Diocesana porque es importante conocer qué debemos hacer por pertenecer a ella.

Así, en primer lugar, necesitamos saber que cada uno de nosotros, católicos, formamos parte de la Iglesia Diocesana y que, por eso mismo, es obligación grave tomar parte en aquello que desde la misma se nos demande sin cicaterías ni excusas que sólo nos alejan de nuestros hermanos en la fe.

Sostener económicamente a la Iglesia Diocesana es, también, un deber que no podemos dejar de lado ni olvidar. Sostenemos, en realidad, lo que es nuestro a lo que pertenecemos y, aunque sea por egoísmo, debemos hacerlo.

Pero tampoco podemos olvidar la labor que se hace desde la Iglesia Diocesana porque sin ella no seríamos lo que somos y, aunque los tiempos en los que nos ha tocado vivir buscan, muchas veces, alejarse la Esposa de Cristo, no por ello vamos a dar la espalda a quien se ocupa, espiritualmente, de nuestras almas.

Dice, por otra parte, el lema citado arriba que “La Iglesia ayuda a crear una sociedad mejor”. Y no es poco cierto esto porque desde que fue fundada por Jesucristo y el Hijo de Dios diera las llaves de la misma al apóstol que tanto sufrió por traicionarlo, no ha venido haciendo otra cosa que preparar el camino que nos lleva al definitivo Reino del Creador. La tal Iglesia, la católica, es, pues, el seno donde crecemos espiritualmente. Y, dentro de ella, la que lo es Diocesana, es nuestra Madre a la que no podemos olvidar ni dejar de lado porque al mundo venga bien que así lo hagamos.

Sabemos, si nos referimos a algo concreto, que nuestra Iglesia Diocesana nos propone a Jesucristo y, lo que es muy importante, al Evangelio como un instrumento espiritual que nos ayuda a vivir y a tener una existencia plena y gozosa. Pero también, que nos hace sentir personas marcadas, para bien, con una ascendencia divina y que, por lo tanto, somos hijos de Dios que viven y conviven en una determinada diócesis que debemos amar aunque, a veces, no estemos de acuerdo con los pastores que, como seres humanos, también pueden equivocarse.

Tampoco podemos dejar de lado, dentro de la labor que hace la Iglesia Diocesana, el inmenso bien que se hace desde el bautismo de nuestros hijos hasta que, cuando Dios quiere, somos llamados para acudir a su casa o, ¡ay! al Purgatorio (y esperemos que no al infierno) Allí está nuestra Diócesis y allí está quienes la conforman.

Y todo eso lo celebramos, especialmente, ahora mismo.

Debemos, pues, celebrarlo no haciendo sólo mención y recuerdo de la misma sino, siendo más concretos en lo que hacemos y, en fin, poniendo de nuestra parte todo lo que somos capaces de poner al hacer rendir los talentos que Dios nos entrega a cada uno de nosotros.

“La Iglesia contribuye a crear una sociedad mejor”. Y es bien cierto.

“Ayuda a tu parroquia. Ganamos todos”. Y es bien necesario. Y justo.