La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La Virgen Maria, primer templo de Dios

Por Julia Merodio, escritora.- Siempre sorprende ver la conjunción que presentan determinados acontecimientos que, a simple vista, parecen tan diferentes. Es lo que observamos en las dos festividades que se funden el día 9 de noviembre, Festividad en Madrid, de su patrona, la Virgen de la Almudena y la Dedicación de la Basílica de Letrán.

Así, por un lado, vemos la Fiesta de la Almudena, cuya tradición nos dice que el 9 de noviembre del año 1085, en la muralla de la Puertade la Vegaapareció una imagen de la Virgenque los cristianos habían ocultado en tiempos de persecución y que Madrid, con singular devoción la nombró Patrona. Mientras, por otro, se conmemora la dedicación de la Basílicade Letrán, hecho que ocurrió el 9 de noviembre del año 324, cuando el Papa Silvestre, la dedicó al Salvador; cuya imagen, dada a conocer a los fieles después de las persecuciones, fue un acontecimiento de gran relevancia. Y, es precisamente esta coincidencia, la que me ha llevado a buscar el parangón entre las dos festividades

 

Primero.- Veremos a María como, el Primer templo de Dios, ¡y qué templo! Ella fue la primera en albergarlo en su seno. Por lo que, desde ese momento, nadie puede quedar excluido de ser piedra viva de tan magnífico Templo ya que todos somos hijos de la Virgen, sin importar la advocación por la que lleguemos a Ella.

Después, observaremos la suntuosidad que tiene el templo, del Salvador, para albergar al mismo Dios. Veremos su fortaleza, su suntuosidad, su esmerada construcción… Pero sin olvidar lo que alberga cada persona en su interior pues ello nos llevará a acercarnos al Señor de la vida, desprendidos, abiertos, libres… siendo como Él quiso que fuésemos al crearnos: Templos del Espíritu Santo.

Es por tanto, por lo que no podríamos celebrar la firmeza de la Basílica de Letrán sin hacerlo al unísono el hecho de que, en el silencio más absoluto y sin ninguna suntuosidad, se hubiera puesto la primera piedra, al edificio de nuestra Redención. Porque fue en el preciso momento de la Anunciación, donde descubrimos que somos piedras vivas y entramos a formar parte del Templo del Espíritu.

Sabemos que, María era una muchacha de corta edad cuando Dios le pide permiso para tomar, en su seno, carne mortal. Por lo que, Ella pasaría a ser, el Templo que Dios había elegido para que reposase en su seno, el Hijo de Dios ¡Imposible que esto cupiese en cabeza humana! María, no era una persona relevante, solamente contaba con su gran fe, su profunda esperanza y la gracia de Dios. María, no estaba hecha de piedras firmes, como la Basílica de Letrán; su cuerpo era frágil, estaba hecho con la misma carne que el nuestro: con los mismos interrogantes, las mismas dudas y los mismos riesgos. Ella no tenía una naturaleza especial, sencillamente era: “La esclava del Señor”

Sin embargo, había aceptado, la misión más difícil de la historia de la humanidad y, para ello, no le han dado ni un libro de instrucciones, ni las primeras pautas de comportamiento. Simplemente contaba, con aquella pregunta de: ¿Cómo será esto? Y aquella respuesta sorprendente de: “Todo es posible para Dios”. Pocas palabras para tranquilizarla; sin embargo ella, no pone condiciones, ni pide seguridades; con su fe al descubierto y su alma llena de confianza en el Señor, firma un cheque en blanco; del cuál sólo conoce al depositario, pero ella sabe que puede fiarse de Él y se fía. Acababa de ponerse la primera piedra del Templo. La Piedra Angular, que tantos arquitectos desecharían, pero que ella sabía bien, de su autenticidad.

El Cuerpo de Cristo acababa de instalarse en su seno. El Sagrario de la Basílica había sido estrenado, aunque no hubiera dedicaciones ni aplausos. Todos ignoraban lo sucedido, solamente ella tenía la certeza de haber sido inundada por el Señor.

La Basílica de San Juan de Letrán, en Roma es un edificio fuerte. Su construcción fue esmerada y, seguro, se elegirían piedras seleccionadas para su construcción. En ella, cada piedra cumple su función y es necesaria para dar consistencia al edificio, incluso esas que no tienen ninguna belleza, porque están escondidas y no se ven; o aquellas que parecen innecesarias a los ojos de los inexpertos, pero que son fundamentales para su solidez.

La Basílica está dedicada al Salvador y su descripción parece tomada, en la lectura de S. Pablo, en la que nos habla: del “Templo del Cuerpo de Cristo” Cuerpo Místico integrado por muchos miembros. Gran lección, que nos invita a revisarnos, personalmente, como miembros pertenecientes al Cuerpo Místico de Cristo: La Iglesia.

La Basílica, además, es casa de oración. En ella Cristo espera a cada apersona que llega para suplicar, alabar, pedir perdón, dar gracias… Estoy segura, que la inmensa mayoría de los peregrinos, que visitan la ciudad van a contemplar, también, su suntuosidad, ya que su esbeltez nos muestra, como cada piedra tiene su misión y, como nosotros, dentro del Cuerpo de Cristo, tenemos la nuestra.

Me parece asombrosa la Visión profética de Ezequiel 47, 1 – 2; 8 – 9; 12. El profeta, con su descripción, nos está mostrando como mana el agua de la vida, por medio de la Palabra y los sacramentos, así como brotó el agua por el costado de Cristo en la Cruz. La sangre y el agua símbolos del Bautismo y la Eucaristía, sacramentos que forman la Iglesia.

No menos significativo es el Salmo 45 que nos dice: “El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada”

Nos pararemos, también, a observar la solidez de la Basílica, sin que nada pueda hacerla tambalearse; para darnos cuenta de, cómo ha de semejarse a ella nuestra solidez como cristianos: Piedras vivas de la Iglesia de Jesucristo.

Eso mismo hace la Madre, desde su profunda humildad. Allí está en cada Basílica, en cada Templo, en cada Ermita… esperando a sus hijos para acompañarlos en su oración, para acoger sus ruegos, sus alabanzas, sus equivocaciones, su gratitud… Allí está la Madre, a nuestro lado, para enseñarnos a decirle al Señor:

Aquí estamos Señor, para dejarnos hacer por Ti, para que nos hagas como Tu quieres que seamos..

Aquí estamos, Señor, porque tenemos hambre de Ti; hambre de tu misericordia, tu acogida y tu bondad.

·           Crea en nosotros un corazón capaz de darse.

·           Crea en nosotros esa palabra oportuna de consuelo y aceptación.

·           Crea en nosotros ese empuje que ayude a los que están tristes y cansados.

·           Crea en nosotros esa dulzura que trasmita, aunque sea de manera opaca las, dulzuras de tu corazón.

Porque queremos, Señor, ser como María: Piedras Vivas que sostengan el edificio que Tú soñaste al crearnos. Un edificio capaz de acoger a los demás, de servirlos, de protegerlos…  Un edificio capaz de resplandecer en su belleza interior; un edificio capaz de ser signo y sacramente, donde los demás, puedan ver que Tú habitas.