ser progresista es luchar por una legislación que prohíba el aborto. (Mons. Elías Yanes)
Durante la celebración de la solemnidad de todos los santos

El Santo Padre recuerda que “en los santos vemos la victoria del amor”

Ayer, jueves 1 de noviembre Benedicto XVI dirigió el rezo de Ángelus dedicado a la solemnidad de Todos los Santos y recordó en sus palabras que  ”la memoria de aquéllos que son llamados amigos de Dios, cuya compañía alegra los cielos”.

Su Santidad recordó que como Iglesia peregrina, celebramos con gozo la Solemnidad de Todos los Santos, la memoria de aquéllos que son llamados amigos de Dios, cuya compañía alegra los cielos.

El Papa recordó que hoy tenemos el gozo de encontrarnos en la solemnidad de Todos los Santos. “Esta fiesta nos hace reflexionar sobre el doble horizonte de la humanidad, que expresamos simbólicamente con las palabras “tierra” y “cielo”: la tierra representa el camino histórico, el cielo la eternidad, la plenitud de la vida en Dios”.

Así esta fiesta nos hace pensar en la Iglesia en su doble dimensión: la Iglesia en camino en el tiempo es aquella que celebra la fiesta sin fin, la Jerusalén celestial. Estas dos dimensiones están unidas por la realidad de la «comunión de los santos»: una realidad que comienza aquí sobre la tierra y alcanza su cumplimiento en el Cielo.

Refiriéndose a los santos explicó que en cada uno de ellos, de manera personal, se ha hecho presente Cristo, gracias a su Espíritu que obra mediante la Palabra y los Sacramentos.

En la fiesta de hoy, dijo, pregustamos la belleza de esta vida de total apertura a la mirada de amor de Dios y de los hermanos, en la que estamos seguros de alcanzar a Dios en el otro y el otro en Dios. Con esta fe llena de esperanza veneramos a todos los santos, y nos preparamos a conmemorar mañana a los fieles difuntos. En los santos vemos la victoria del amor sobre el egoísmo y sobre la muerte: vemos que seguir a Cristo lleva a la vida, a la vida eterna, y da sentido al presente, a cada instante que pasa, porque lo llena de amor, de esperanza. Sólo la fe en la vita eterna nos hace amar verdaderamente la historia y el presente, pero sin ataduras, en la libertad del peregrino, que ama la tierra porque tiene el corazón en el Cielo.

Finalmente deseó que la Virgen María nos obtenga la gracia de creer fuertemente en la vida eterna y de sentirnos en verdadera comunión con nuestros queridos difuntos.