La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Hoy rezaré por tí

Por Julia Merodio, escritora.- Hay dos días en el año que, todavía, tienen una relevancia destacada y son la Solemnidad de Todos Los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos. Dos festividades que la gente fusiona en una sola. ¿Será porque están muy ensambladas?

El motivo es fácil de entender. Lo esencial en la vida de los Santos es, que ellos lo dieron todo por amor. Ellos, supieron morir un poco cada día; ellos fueron dando retazos de su vida gratuitamente; supieron abrir el surco y dejar el grano en la tierra hasta que salió transformado. ¿Y qué padre o que madre; que esposo o esposa; qué hijo o hija; que sacerdote o consagrado no ha hecho lo mismo en mayor o menor medida? Por eso quiero invitaros a celebrarlo haciendo esta oración por los difuntos. Si guardamos silencio para escuchar seguramente escucharíamos, como esos que nos amaron, quieren decirnos: ¡No os engañéis!

En la vida:

  • Cuando uno alcanza lo que busca, algo termina en ese momento.
  • Cuando posee lo que ansía, algo está finalizando.
  • Y cuando sus sueños se hacen realidad, la vida le presenta una nueva alternativa.

Por eso es necesario que nos demos cuenta de que:

  • Cuando nos parece que creemos, se presenta ante nosotros una nueva duda.
  • Cuando decimos que esperamos, llega a nosotros la siguiente desesperanza.
  • Y cuando decimos que amamos, notamos que empieza a disminuir nuestra entrega.

Porque sólo Dios permanece y sólo en Dios se colman todas nuestras expectativas. Por eso, sería preciso que, en este año de la Fe, fuese una constante lo de repetir, de verdad y con valentía: Creo en la Resurrección de los muertos y en la vida eterna.

 

A VOSOTROS QUE VIVIS EN NUESTRO CORAZÓN

Ya descansáis en esas manos que, por ser tan grandes

sólo pueden ser las manos de Dios.

Ya vivís en esa ciudad carente de penas y tristezas,

que sólo puede ser la Ciudad de Dios.

 

Ya nos esperáis, en ese lugar del no-tiempo

donde el Padre os esperaba a vosotros.

Rogad; rogad por los que quedamos aquí,

por los que todavía tenemos un servicio que cumplir,

por los que no sabemos cuál será nuestro mañana

por los que todavía estamos sometidos

a esa hora incierta de la partida.

 

Mientras tanto, ¡descansad! ¡Descansad!

los que ya vivisteis y, Dios, os guió con mano providente

Sufristeis: pero ya habéis descubierto el por qué.

Llorasteis; pero el Padre salió a vuestro encuentro,

para ofreceros “un pañuelo” donde limpiar vuestras lágrimas

a la vez que os hacía sentir reconfortados y consolados.

 

Amasteis; y amontonasteis ese tesoro que nunca decrece.

Servisteis y habéis podido mostrar

vuestras manos llenas de buenas acciones,

de detalles de delicadeza repartida.

Habéis podido mostrar:

la suavidad en las palabras que no quisieron herir

y la prudencia en los silencios que fueron vuestro baluarte.

 

¡Descansad! ¡Descansad en las manos de Dios!

Porque, con:

Vuestras lágrimas y vuestro dolor.

Vuestros aciertos y vuestros fracasos.

Vuestras virtudes y vuestros errores…

Habéis sido capaces de llegar a la meta donde os esperaba Dios.

 

A TI QUE LLORAS

Quiero llegar a tu lado, estar junto a ti que lloras, para decirte que llorar es bueno, que Jesús también lloró y que si necesitas llorar ¡Llores! Las separaciones son duras y cuesta aceptarlas, por eso es lógico llorar, pero no lo hagamos con pena; ese ser, tan querido, por el que lloramos ha llegado a la plenitud y goza de la mayor felicidad.

Si contemplamos la curva de la vida observamos cómo la persona adulta va hacia las características de la niñez. Hay un momento en el que, incluso, necesita apoyos para andar, se vuelve dependiente, la comida ha de tomarla triturada, se asemeja en todo a un bebé y tiene que salir de la tierra, como salió del útero, formado para tomar nueva vida. Ya lo decía Jesús “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos” Y los que se han ido ya se hicieron como niños…

Se trata por tanto de nacer, de nacer de nuevo. Por eso, haciendo un poco de silencio podríamos preguntarnos:

  • ¿A qué tendría yo que nacer de nuevo?
    • ¿Quizá a la confianza en los demás?
    • ¿Quizá a la esperanza de que, para Dios no hay imposibles?
    • ¿Quizá al amor a todo lo que se me regala, incluida la misma vida?

 

Pero ¡Oh milagro! Cuando la persona pasa a la vida plena deja todas las deficiencias que le acompañaban para convertirse en un ser perfecto. Nunca he podido olvidar una persona que contaba en televisión como su hija con síndrome de Down al morir le desapareció la deficiencia y sus facciones quedaron perfectas. Y es que es así. Eso mismo pasará a todos los demás, los ciegos verán, los mudos hablarán, el Reino se hará realidad y todos poseeremos la tierra de la que habla el evangelio.

Qué pasa ¿todavía sigues llorando? Pero ¿a qué ahora lo haces de emoción? ¡Ay si descubriesen un móvil con el que pudiésemos hablar con los que ya gozan de la plenitud de Dios! ¡Cuántas cosas nos dirían! ¡Cómo pondrían al descubierto nuestra equivocación!

  • En este segundo momento vamos a sentir nuestro interior:
  • ¿Qué siento al escuchar estas palabras?
  • ¿Son mis sentimientos de paz?
  • ¿Voy superando ese dolor que me aflige?
  • ¿Tengo todavía endurecido el corazón?

 

Por eso, sería bueno que escuchásemos en lo profundo de nuestro ser: No perdáis vuestro precioso tiempo buscando la manera de vivir mejor, ¡vivid dándoos a los demás! Dios ha puesto en vuestras manos las herramientas necesarias para que seáis felices ¡usadlas! ¡Trabajad! ¡Cuidad todo lo que se os ha dado! Amaros, respetaos, sumad esfuerzos, nunca restéis. Que en vuestro comportamiento no haya divisiones. Que os avale un mismo pensar y un mismo sentir. Haced un hueco a Dios en vuestra vida.

No esperéis comprar la gloria ni hallarla con vuestros descubrimientos, por grandes que sean, no dejarán de ser medios para llegar. Todo está descubierto; acercaos al evangelio de Jesucristo y encontraréis la verdad plena y hasta que os encontréis de nuevo, con los que os están esperando, vivid la dicha de sentirlos, cada día, en lo más profundo de vuestro  corazón.

En este tercer momento, nuestra oración va a ser de petición:

  • Vamos a pedir al Señor, que nos aumente la fe.
  • Que nos dé la grandeza de saborear su Palabra.
  • Y que nos ayude a acogerla como María, pues sabemos que en la Palabra está la Vida.

 

PODEMOS TERMINAR CON ESTAS PALABRAS

¡Cómo quisiera, Señor, haber vivido!

¡Cómo quisiera, Señor, haber amado,

cuando lleno del polvo del camino,

en tu presencia me halle derrumbado!

 

¡Dirás, Señor, haberme conocido!

¡Me tomarás, con mimo, de la mano,

si mi traje de fiesta está hecho añicos

y mi trato, todavía, es inhumano!

 

Quizá te apiades, Señor, al verme roto

quizá te apiades, al verme avergonzado

y me digas: entra y arréglate enseguida

porque el Padre, te estaba ya esperando.