La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La ignorancia de la Fe

Ernesto Juliá, en «religiondigital»

«El cristiano a menudo ni siquiera conoce el núcleo central de su propia fe católica, el Credo, dejando así espacio a un cierto sincretismo y relativismo religioso, sin claridad sobre las verdades que se han de  creer  y la realidad salvadora del cristianismo. No está muy lejos hoy el riesgo de construir, por así decirlo, una religión «hecha por uno mismo», a su imagen.»

Señalado el peligro, y un peligro patente; porque es más que riesgo, es por desgracia una realidad, Benedicto XVI invita, ya desde los primeros momentos del Año de la Fe, a «volver a Dios, al Dios de Jesucristo, debemos redescubrir el mensaje del Evangelio, hacerlo entrar en modo más profundo en nuestras conciencias y en la vida cotidiana».

Ya en semanas anteriores, el Papa  había recordado la conveniencia, la necesidad, de leer el Catecismo de la Iglesia, y otros textos que nos descubrieran un poco «la grandeza de ser cristiano». Y no ha dejado de volver sobre esta necesidad, y lo hará, sin duda, hasta su último paso sobre esta tierra.

«Incluso hoy tenemos necesidad de que el Credo sea mejor conocido, entendido y orado. Sobre todo, es importante que el Credo sea, por así decirlo «re-conocido». Conocer, en realidad podría  ser una operación tan solo intelectual, mientras «re-conocer» significa la necesidad de descubrir la profunda conexión entre la verdad que profesamos en el Credo y nuestra vida cotidiana, para que estas verdades sean real y efectivamente –como siempre fueron- luz para los pasos de nuestro vivir, y vida que vence ciertos desiertos de la vida contemporánea. En el Credo se engrana la vida moral del cristiano, que en él encuentra su fundamento y su justificación».

Benedicto XVI sabe que el verdadero mal que puede impedir el desarrollo de la «nueva evangelización» no es el mal ejemplo de la conducta poco cristiana de algunos fieles, laicos y sacerdotes, o de hechos del pasado de la historia del caminar de la Iglesia sobre la tierra, que sus enemigos vuelven periódicamente a airear.  Todo eso pasa y se desvanece.

El peligro más real e insidioso es la ignorancia. La ignorancia de la Fe, la ignorancia de la acción creadora, redentora y santificadora de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La ignorancia de la realidad  de la acción de Cristo en los Sacramentos; la ignorancia sobre la Iglesia, fundada por Cristo, etc. etc. La Ignorancia de las verdades sobre la Virgen María, Madre de Dios. La ignorancia de la Fe, en una palabra.

No debe llamar la atención, por consiguiente, su insistencia en que el pueblo cristiano recite el Credo; y crea firmemente en las verdades que en el Credo se recogen. Así, la Fe no será nunca una parte, más o menos extensa, de la cultura, y de las costumbres, que tiene la única  misión de ayudar a transcurrir los años sobre la tierra del modo más apacible y tranquilo posible.

No. La Fe en las verdades del Credo abre  siempre el horizonte del hombre a la Vida Eterna. Y sin esa perspectiva, el hombre camina a oscuras. Cristo es la Luz del mundo; la única Luz verdadera del mundo.

«Con la catequesis de este Año de la Fe, comenta  el incansable Benedicto XVI, nos gustaría fortalecer o re-encontrar la alegría de la Fe, porque sabemos que la Fe es el alma de la vida real del cristiano. La Fe en un Dios que es amor, y que se ha hecho cercano al hombre encarnándose y entregándose a sí mismo en la Cruz para salvarnos y reabrirnos las puertas del Cielo. Sólo en el Amor de Dios está la plenitud del hombre».

Y quizá para reforzar su lucha contra la ignorancia de la Fe,  ha tenido la alegría de que el premio Ratzinger de teología haya  sido concedido este año a «dos profesores universitarios, muy comprometidos con la enseñanza».

ernesto.julia@gmail.com