La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Cardenal Rouco señala que «de la experiencia sinodal saldrán muchos efectos y frutos espirituales, pastorales y misioneros para toda la Iglesia»

En su habitual intervención en el informativo diocesano de Cope, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló el pasado domingo del Sínodo de los Obispos que estaba a punto de concluir con una Misa, presidida por el Santo Padre, Benedicto XVI. En su intervención, el Cardenal reconoció que “los que hemos recibido la gracia de poder participar directamente en el acontecimiento sinodal, somos testigos de haber vivido una experiencia renovada de comunión jerárquica como sucesor de Pedro, cabeza del Colegio Episcopal al servicio de una apasionante tarea que incumbe a toda la Iglesia y a todos los fieles y pastores, que es la de evangelizar al hombre de este tiempo y esta hora de la historia tan crítica y tan amenazada por nuevas formas del mal -físico, moral y espiritual- y tan sedienta del bien, del verdadero y feliz bien que sólo Jesucristo puede proporcionarle”.   Cardenal Antonio Mª Rouco Varela
Respecto al mensaje que los padres sinodales han dirigido “a la opinión pública intra y extraeclesial” dijo que “refleja bien el ambiente fraterno y de gozosa vinculación con el Santo Padre, a quien corresponde acoger las propuestas sinodales y darles la expresión y la autoridad magisterial que estime oportuno”. En él, apuntó, “se ha recurrido a la evocación del encuentro de Jesús con la samaritana, relatado bella y hondamente por el evangelio de San Juan. Encontrar el pozo donde el hombre del siglo XXI pueda acceder al agua sana, pura y fresca que apague su sed, dé sentido último para su existencia personal y para el futuro y el bien del mundo y de toda la familia humana, es para ese hombre y para la sociedad actual el reto principal; un reto de vida o muerte para esa sociedad, pero también para la Iglesia, cuyo objetivo fundamental de la nueva evangelización debe marcar la dirección de sus actuaciones y las manifestaciones de su misión propia y necesaria para la salvación del hombre. Ella, en su conjunto como signo o sacramento de la unión del hombre con Dios y de los hombres entre sí en Cristo, con una responsabilidad singularísima e instransferible a sus pastores y sus obispos, y sus colaboradores sacramentalmente necesarios, los presbíteros, en unión estrecha y jerárquica con el sucesor de Pedro en esta tarea: evangelizar de nuevo al hombre de nuestro tiempo”.Reconoció que “toda la Iglesia es el sujeto activo de la evangelización. Pero los pastores, los fieles, los consagrados, los comprometidos apostólicamente son especialmente responsables”. “Muchos y variados han sido los análisis del sitio en la vida que condicionan la actual evangelización, ofrecidos por los padres sinodales venidos de todos los rincones del planeta. El influjo de lo que conocemos como secularismo, que se nota hoy poderosamente en todas las regiones, culturas y sociedades del mundo, estaba presente. Las preguntas por nuestras propias responsabilidades, dicho con otras palabras, por nuestros pecados de autosecularización, en lo más personal de nuestras vidas y en las ideas, métodos y fórmulas de nuestra acción pastoral, no han faltado. La nueva evangelización comienza con nuestra propia conversión, con la vuelta de nuestra mirada interior y de nuestro compromiso apostólico a Cristo, Señor y Salvador. Comienza desmundanizándonos”.

“De la experiencia sinodal, señaló, saldrán muchos efectos y frutos espirituales, pastorales y misioneros para toda la Iglesia, también para la Iglesia en España, y muy singularmente para la Misión Madrid. Su programa, sus caminos, su objetivo y espíritu se sienten confirmados, profundizados y enriquecidos con lo ya aprendido y vivido en la experiencia sinodal. Las intervenciones del Santo Padre han sido extraordinariamente luminosas, señalándonos la verdad honda y profunda del itinerario eclesial de la nueva evangelización para la transmisión de la fe. El mensaje de los padres sinodales puede ayudarnos a comprenderlo, a realizarlo con mayor ardor, audacia y valor apostólico, movido por un apasionado celo por la salvación del hombre y de las almas que nos han sido confiadas”.

“Invocando a nuestra Señora y Madre, la Virgen de la Almudena, hagamos nuestras las palabras finales del mensaje de los padres sinodales llenas de belleza teológica y de tierna devoción a la Madre del Hijo de Dios Jesucristo Nuestro Señor y Madre de la Iglesia. La figura de María, dice el mensaje, nos alienta en el camino. Este camino, como nos ha dicho Benedicto XVI, podrá parecer una ruta en el desierto. Sabemos que tenemos que recorrerlo llevando con nosotros lo esencial, la cercanía de Jesús, la verdad de su palabra, el pan eucarístico que nos alimenta, la fraternidad de la comunión eclesial y el impulso de la caridad”. Concluyó encomendando la Misión Madrid a la Virgen.