La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Concluyó el Sínodo, una brújula segura para el Año de la Fe

Ha concluído el Sínodo de los Obispos, convocado por el Papa en el pórtico del Año de la Fe para impulsar la nueva evangelización. Los padres sinodales han puesto en común sus experiencias con el objetivo de encontrar nuevos modos para la transmisión de la fe. Sus contextos son muy diversos pero la situación no es hoy sencilla para la Iglesia en ningún continente: desde la persecución abierta en muchos países, a la fuerte seculzarización en Europa. A esto hay que añadir el alejamiento de Dios de muchos bautizados y la crisis que amenaza de una forma u otra a las familias, las transmisoras por excelencia de la fe. Visto así, el diagnóstico parece sombrío, pero el Mensaje al Pueblo de Dios que lanzan los obispos es todo menos pesimista.

Se reconoce, como decía el Papa, que ha aumentado la “desertificación espiritual”, pero esa misma experiencia de desierto y vacío hace que muchas personas busquen hoy intensamente a Dios, a veces incluso de forma inconsciente, y no pocas veces de manera errática y tortuosa. La misión de la Iglesia es dar a respuesta a ese deseo de vida plena que hay en toda persona, pero eso sólo será posible con cristianos creíbles y comunidades vivas, que irradien al mundo la belleza y la alegría de la fe. Por eso, advierten los obispos, «no se trata de inventar nuevas estrategias». El reto, en primer lugar, es la conversión de los propios cristianos.