La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cambiar al PSOE… para que siga siendo el PSOE de siempre

Cuando me disponía a escribir alguna reflexión sobre los “valores” socialistas, esos por los que claman los críticos del señor Rubalcaba, leo entusiasmado que el propio señor Rubalcaba ha dejado esta frase para la historia: “Hay que cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE”. Hala. Y para que podamos dormir tranquilos, el secretario general de la cosa remacha que ese PSOE que quiere seguir siéndolo, es el partido que “siempre” -¿hasta donde se remonta ese siempre?- ha sido un elemento vertebrador y un poderoso instrumento en defensa de la libertad, la justicia y la igualdad. O sea, los “valores” que dice haber defendido “siempre” aunque le ha faltado añadir otros que algunos recuerdan con orgullo socialista, es decir, el progreso y la solidaridad. Ja.

Con eso ya tenemos al PSOE que quiere ser el PSOE. Pero, me pregunto ¿qué ha sido hasta ahora para que haya que cambiarlo? Habría que convenir que el señor Rubalcaba acaso se refiere al PSOE que dirigió su antecesor en el cargo, es decir, el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, del que fue su brazo derecho en el Gobierno antes de ser su sucesor como secretario general. ¿No era ese el mismo PSOE que ahora quiere cambiar el señor Rubalcaba para que vuelva a ser el PSOE de siempre?

Nos habría dejado mucho más tranquilos si lo hubiese especificado para así disponer de una referencia. Pero, claro, en ese caso, tendría que haber hecho una crítica al PSOE que ahora hay que cambiar y eso no cabe en los “valores” del neosocialismo de hoy. Pero vayamos a esos otros valores permanentes que durante ocho años ha tenido la oportunidad de asentar ese PSOE que, con tanto entusiasmo apoyó al señor Zapatero apenas empezó a gobernar para que el país progresara, no sin antes dejar bien sentado que el progreso, la justicia, la libertad, la igualdad, son valores sociales que suscribe todo el mundo, incluido el denostado Partido Popular.

Pero me encuentro con un primer problema: ¿es que esos valores no los suscribe cualquier ciudadano con sentido común? ¿No los defiende, acaso, el Partido Popular que hoy nos gobierna con la acerada oposición del PSOE que quiere volver a ser el PSOE? Un toquecito de sentido común me conduce a una conclusión muy simple: el quid de la cuestión no reside en esos valores sino en la interpretación que los socialistas, como Rubalcaba, dan a esas palabras tan bonitas, tan democráticas y tan cívicas.

Hablemos, por ejemplo, de libertad. ¿Qué significa libertad para el PSOE? No valen definiciones académicas; lo que cuenta es el uso que el PSOE ha hecho de ese valor cívico y moral cuando ha gobernado. Olvidemos los tiempos de la república; eso no vale aunque el “siempre” resulta bastante sospechoso, sobre todo cuando se escuchan discursos como los que suele pronunciar un tal Tomás Gómez, profesor -oh, calamidad!- de no sé qué cosa y líder socialista madrileño.

Vayamos a los tiempos del tandem Zapatero-Rubalcaba. La libertad socialista ha consistido en libertad para que una mayoría parlamentaria quite la libertad a los padres a elegir la educación que deseen para sus hijos; la libertad socialista ha consistido en restringir la libertad religiosa para que los católicos no ocupen cargos públicos; la libertad socialista ha consistido en negar al Partido Popular, entonces en la oposición, toda oportunidad de defender sus posiciones en los medios de comunicación públicos -¿se acuerdan de los pactos del Tinell?-; la libertad socialista ha consistido en anular las leyes de la naturaleza humana y en buscar nuevos derechos para burlarse de los derechos humanos; la libertad socialista ha consistido en restringir la libertad de conciencia y la libertad de educación… ¿Seguimos?

Vayamos por el progreso. ¿Qué es el progreso en la ideología socialista, la de siempre? El progreso es permitir el aborto como signo de liberación de la mujer, considerado un bien superior al derecho a la vida; progreso es el derecho a elegir sexo más allá de lo que haya dispuesto la naturaleza; progreso es endeudarse para mantener el Estado del Bienestar sin preocuparse de que los préstamos hay que pagarlos; progreso es, es definitiva, destruir todos los principios que han hecho posible la convivencia a lo largo de los siglos, en especial la estabilidad familiar, para establecer otros basados en las leyes votadas por mayoría como único fuente de moral pública…

¿Y qué pasa con la igualdad, la justicia, la solidaridad? Pues, según. La igualdad, por ejemplo, ha permitido que mujeres como Leire Pajin o Bibiana Aido hayan sido ministras de cuota o que los malos estudiantes finalicen sus estudios con notas similares a los que se han esforzado por alcanzar la excelencia, esa funesta manía de los que estudian y que, en el fondo, son unos fascistas; la justicia no es más que instrumento al servicio de la política, que ya lo dijo el señor Guerra para enterrar definitivamente a Montesquieu y, con él, esa estupidez burguesa de la separación de poderes… ¿Y la solidaridad? Hombre, no  tiene más que ver lo bien que se lo han pasado los beneficiaros de los Eres artificiales en Andalucía o los dirigentes de los empresas públicas fundadas para ayudar a los amiguetes, las subvenciones a los sindicatos afines para que no creasen problemas…

Como síntesis diría que ese PSOE que quiere cambiar el señor Rubalcaba para que siga siendo el PSOE de siempre, se ha concentrado hasta ahora en matar a Dios para ocupar su lugar.  Si es eso lo que quiere cambiar el señor Rubalcaba, habría que empezar por bajarse del pedestal y decirle a los ciudadanos que se equivocaron al pensar que Dios no existe o que la vida no merece todo el respeto del mundo; que la igualdad es para que todo el mundo tenga las mismas oportunidades; que la libertad no es posible sin responsabilidad; que la justicia es independiente de los vaivenes políticos; que la solidaridad es incompatible con la corrupción y con las deudas sin pagar; que no se puede negociar con la Constitución como moneda de cambio; que el primer factor de progreso es la familia… Comprendo que si Rubalcaba quiere cambiar todo esto, el PSOE dejaría de ser el PSOE de siempre. Pero acaso es eso lo que desea buena parte de su electorado: que se un partido responsable, solidario, justo, liberal, español y, sobre todo, amigo de la verdad. Porque ya está bien de mentiras y de rufianes.