La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Tomo conciencia de que soy misionero

 Por Julia Merodio, escritora.- Ya se ha pasado el día de DOMUND. Creo que este año con mucho menos ruido de lo normal ¿cuánta gente se habrá enterado de ello? ¿Qué importancia le habrán dado? Y para nosotros, los cristianos, los que sí nos hemos enterado de su existencia ¿qué ha supuesto? ¿Nos ha llevado a comprometernos o lo hemos arreglado con algo de dinero? ¿Hemos grabado en nuestro interior, al menos, el lema de este año? Porque el lema, ciertamente, no podía ser más hermoso; por estar insertado en el año de la Fe. El lema era: “Misioneros de la Fe

Otra equivocación que nos ha podido surgir al escuchar el lema, puede  derivarse de la petición, de que seamos “misioneros dela Fe” ya que todos pensamos que, ser misioneros, es para aquellos que han decidido abandonar su tierra y su casa e irse a evangelizar a lugares lejanos.

Sin embargo, ser Misioneros dela Fees algo para todos sea cual sea nuestra realidad y nuestra situación, de ahí que quisiera recordarlo ahora que ya nos hemos planteado y vivido dicha realidad.

Ahora sabemos que lo que se nos pide a todos sin excepción es que evangelicemos. Que evangelicemos cerca y lejos, a conocidos y desconocidos, a los ávidos de Dios y a los que tratan de apartarse de Él. Se nos pide que evangelicemos a personas, estamentos, situaciones,  ambientes, jerarquías… Se nos pide ser más audaces a la hora de anunciar el evangelio y se nos pide cooperar más directamente en nuestra acción misionera.

Es una significativa petición que nos hace el Papa en este Año dela Fe. Laiglesia tiene que caminar hacía una nueva evangelización. Una evangelización que ha de insertarse en un mundo que camina intrépidamente, ansioso de llegar a lo fundamental, pero que, ciertamente, la mayoría de las veces no sabe ni a donde va, ni cómo encontrarlo.

Y, ahí es donde aparecemos nosotros, los que estamos compartiendo un estilo de vida basado en el evangelio. Por lo que, antes de pasar adelante quizá fuese prudente que nos preguntásemos:

*   ¿De verdad queremos evangelizar?

*  ¿De verdad queremos reavivar nuestro compromiso de vivir desde Dios?

*  ¿De verdad estamos dispuestos a correr los riesgos que todo ello conlleve?

La evangelización es cosa substancial al cristiano. Pero no se puede evangelizar de cualquier manera. No podemos utilizar solamente nuestra buena voluntad. No podemos ir a la gente con palabras vacías y acciones imprecisas.

Para ser evangelizadores, tendremos que pedir al Señor no sólo su gracia, sino ese Don de Ciencia que nos lleve a decir a los demás lo que Jesús les diría, resolviendo sus situaciones como Jesús las resolvería. Y eso no es fácil, se necesita estar muy cerca de Dios y haber pasado muchas horas con Él, para que nuestro modo de hacerlo se aproximase en algo al suyo.

Por eso es necesario que antes de empezar tan ardua tarea nos detengamos a reflexionar:

  • Primero.- Tomemos conciencia de que somos misioneros.

Cuando, al llegar cada año, el día del DOMUND, se nos habla de los misioneros y misioneras -a los que admiramos y ayudamos-, el mensaje nos llega como si sólo necesitasen evangelización los que viven culturas todavía subdesarrolladas; o los que no han oído hablar de Dios. Hablamos del tema como si eso no fuera con nosotros. Como sila BuenaNoticiadel evangelio hubiese sido acogida por nuestra sociedad y nuestro entorno con fuerza y solamente hubiera que llevarla a países lejanos.

Pero desgraciadamente, vemos con pena que los términos se han invertido y que, es precisamente lo más cercano a nosotros, lo que más necesita ser evangelizado.

De ahí la necesidad de que observemos:

– ¿Qué lugares, actitudes, personas… creo yo que tendrían necesidad de evangelización?

– ¿Me afectan a mí directamente?

– ¿Qué medios tengo para poder ayudarles en este sentido?

Si hay algo, realmente importante es la acogida de la llamada. Se nos pide que seamos evangelizadores, portadores de Dios, trasmisores dela Fe y colaboradores del Reino allá donde nos encontremos. Pero no será posible si no entramos en la esencia dela Fe. Pues solamente, llegando a ese fondo donde se funden las generosidades, podremos trasmitirla sin falsearla, ponerla al servicio de los demás sin condiciones y ayudar a vivirla sin fingimientos… sabiendo quela Fe, se trasmite dándola.

Por tanto, en un momento de silencio, podemos dar gracias por haber recibido, el Don dela Fe.

Es posible que, todavía nuestra fe sea pobre, pequeña titubeante… Pero, es una fe que nos hace exclamar, desde lo más profundo:

¡¡Creo en Ti, Señor!!

–         Creo que, aunque algunos no lo quieran ver, Tú caminas a nuestro lado, al lado de todos tus hijos.

–         Creo que tu Iglesia es un recinto de amor, de verdad y de amor, aunque a veces nos cueste verlo.

–         Creo en tus entrañas de misericordia, para acoger cualquier miseria humana.

–         Creo que Tú siempre nos esperas para compartir nuestras tristezas, nuestras esperanzas, nuestros problemas y nuestros gozos.

–         Creo Señor, que estás en las calles, en los rostros de los demás, en los corazones de las personas… aunque, a veces no te reconozcamos.

–         Creo que a tu lado el miedo se desvaneces, las lágrimas se secan, los reproches se silencian y el alma se inunda de felicidad.