La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Contra la cultura de la consternación

Luis Ignacio Martínez Franco. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.- Afirma el teólogo Klaus Berger en su obra “Jesús” que vivimos en una «cultura de la consternación», donde, por lo general, ante situaciones de catástrofes o crisis humanitarias que requieren una respuesta activa, abierta a la colaboración, nos preguntamos a veces con cierta perplejidad: «¿Qué podemos hacer? Y luego todo termina en la consternada constatación de que, por desgracia, bien poco es lo que podemos hacer.»  

 

Esta actitud me recuerda la de un amigo que al tratar el tema, aunque consternado, siempre concluye exclamando: ¡Indudablemente algo hay que hacer! Expresa así el buen deseo de contribuir a cambiar el estado de cosas, pero al no precisar el qué, ni el cómo, ni el cuándo, ni qué papel personal jugar aquí y ahora, termina desviando su mirada del problema y entrando, con el ánimo abatido, en un callejón sin salida. Es cierto; generalmente vivimos instalados en la «consternación», volcados hacia el interior, hacia nosotros mismos, lo que nos inmoviliza, impidiéndonos ir más allá.

 

Sin embargo -continúa diciendo el teólogo-, «Jesús impide toda orientación hacia uno mismo y dirige la mirada de su gente hacia fuera, hacia el entorno, hacia las personas que sufren, que esperan respuesta, que pasan hambre. El propio Jesús responde con un milagro asombroso y abrumador: con cinco panes y dos peces da de comer a más de cinco mil personas que lo escuchaban.»

 

La Federación Española de Bancos de Alimentos, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2012, junto con las entidades y voluntarios que colaboran en la distribución de alimentos, constituyen un magnífico ejemplo de actitud  volcada hacia fuera, hacia el otro, hacia el necesitado. Venciendo la pasividad que impone la «cultura de la consternación», desarrolla una ejemplar labor humanitaria en la entrega de alimentos a las personas y familias que se hallan en una situación de desprotección y necesidad. Se trata, por consiguiente, de un galardón muy merecido.

 

Concluyo este artículo tomando prestadas unas hermosas palabras del Cardenal Carlos Amigo Vallejo de las que son merecedores todos los hombres y mujeres que colaboran en esta preciosa labor de buenos samaritanos: «Promotores de la justicia, de la caridad, de la comprensión, del apoyo a toda obra buena, dispuestos a ser cireneos de los agobiados por el peso de las cruces. Que las cruces pesen un poco menos en los hombros de los que las padecen. Es imposible desterrarlas, pero siempre será posible hacérselas un poco más llevaderas.»