La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

¿Y qué se dice en el Sínodo?

El Sínodo de los obispos para la Nueva Evangelización está pasando, informativamente y para el público español, inadvertido. Lo que ha llegado a los medios generalistas son breves, sueltos de complemento o columnas casi de relleno. Y muy pocas síntesis de sustancia de puchero, que diría un castizo.

De contenidos sabemos por el corresponsal del diario Abc, Juan Vicente Boo, que el cardenal Rouco Varela tuvo un encuentro con periodistas españoles y que habló de los jóvenes y de la secularización. También hemos leído al cardenal Sistach, que ha escrito su carta semanal, publicada en La Vanguardia, y en la que ha sintetizado lo que se ha oído en el Sínodo: santidad y familia. «La Razón» ha publicado alguna referencia a intervenciones de los de cerca.

Quien quiera profundizar en lo dicho por los padres sinodales deberá, por tanto, recurrir a las publicaciones especializadas o los sitios web. Particularmente el del Vaticano, que, en su boletín diario del Sínodo, ha ido ofreciendo los contenidos fundamentalmente con traducciones al español nada fáciles. Da la impresión que las estructuras informativas de la Iglesia en España están muy alejadas de los extraordinarios sistemas y procesos de difusión de la información sobre el Sínodo. Información, por otra parte, que se entrega a los periodistas filtrada y condensada.

Este diseño informativo hace que las alocuciones de Benedicto XVI atraigan especialmente y se conviertan en referentes. Lo que imprime un añadido valor a lo que está ocurriendo en Roma durante este mes.

Procuremos que no se pierdan algunas de las ideas de las intervenciones de algunos españoles que han sido partícipes de este acontecimiento eclesial. Señalaría, por ejemplo, la de Jesús Higueras, párroco de Santa María de Caná, en Madrid, que ha urgido a «recuperar la «seriedad eucarística», pues con demasiada frecuencia se descuida la celebración de la Santa Misa y la Adoración eucarística, dejando al arbitrio de una supuesta creatividad litúrgica que llena de hastío a nuestros feligreses. La parroquia debe ser el espacio natural donde los fieles puedan vivir el Sacramento de la penitencia de un modo habitual».

O la de la Directora General del Instituto Secular «Cruzadas de Santa María», Lydia Jiménez González,  quien se metió a fondo con el tema de la Educación y constató, proféticamente, que «hemos visto, con dolor, cómo muchos alumnos de nuestras escuelas católicas, educados con rigor en el estudio, han llegado a ser líderes sociales enemigos de la fe y de la Iglesia. Que nuestras escuelas no sean centros de cultivo de personas muy «cultas», pero «bautizadas descreídas»».

Julián Carrón, Presidente de Comunión y Liberación, señaló que «a esta expectativa no pueden responder ni una doctrina, ni un conjunto de reglas, ni una organización, sino un acontecimiento. Como dijo don Giussani durante el Sínodo de 1987: «lo que falta no es tanto la repetición verbal o cultural del anuncio cristiano. El hombre de hoy espera, quizás inconscientemente, la experiencia de un encuentro con personas para las que Cristo es una realidad tan presente que ha cambiado su vida»».

Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, dijo que «el pueblo de Dios desea que los obispos y los sacerdotes sean maestros de santidad, justamente porque la buscan cada día, atravesando la vida sacramental y su ministerio. Deben ser hombres que rezan con fe, que aman apasionadamente el Sacramento de la Eucaristía y el Sacramento de la Confesión y los viven con piedad sincera, para enriquecerse con las gracias y poder ser, de este modo, portadores de la Buena Nueva a los demás sacerdotes y a todos los fieles».

José Francisco Serrano Oceja