La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Goñi Tirapu: “Es un libro de amor, una carta dirigida a mi hijo para que vuelva”

C.G. “¿Cómo es el corazón de un asesino? ¿Cómo es un corazón capaz de seguir latiendo tranquilo después de cada asesinato? ¡Y pensar que tú has sido amigo de estos miserables, y que quizá sigas siéndolo!”.

Estas palabras desgarradoras tatúan los sentimientos de José Ramón Goñi Tirapu, quien fue gobernador civil de Guipúzcoa entre 1978 y 1990, pero que, sobre todo, es el padre de un hijo que desgasta sus años en la banda terrorista ETA.

‘Mi hijo era de ETA’ es una carta que, escrita en forma de libro, envía a su hijo etarra. Una carta que nace con el visionado del álbum fotográfico que recorre la vida del padre con su hijo, de la primera a la última de las escenas que han protagonizado juntos.

Goñi Tirapu describe, con su propio ejemplo, el problema familiar que aqueja a la sociedad vasca. Dos de sus ocho hermanos militaron en ETA y, posteriormente, se reinsertaron. El tercero no abandonó la organización, y hoy permanece huido en Francia, junto a su hijo.

La verdadera intención del autor está escrita entre los renglones de estas páginas  íntimas que, narradas entre confidencias y secretos, no buscan otra huella que la que perdió hace tantos años: “Ahora que yo pienso que ETA ha terminado, ahora que estoy convencido de que ETA no volverá a matar, necesito recuperar a mi familia. Por eso he escrito este libro. Creo que mi ejemplo va a ser muy útil no solo para mí y para mi familia, sino también para la sociedad. Limpiar el odio en toda la sociedad vasca va a costar mucho tiempo. Yo quiero empezar. Y en este sentido está escrito el libro, aunque sé que nunca veré ese final”.

José Ramón afirma haber escrito el libro para que llegue a las manos de su hijo. “Es un libro de amor. Es una carta dirigida a mi hijo para que vuelva”, afirma. Hoy, entre emocionado y confiado, cree que ha cumplido su primer propósito y la carta ha estado entre las manos de su descendiente. Quién sabe si, quizá, mañana, Goñi reciba la respuesta de su hijo pródigo para volver a creer que nunca –a pesar de las circunstancias- debe perderse la esperanza.